Publicada el 5 de agosto de 2026
Por Inés Hayes | Bajo la dirección colectiva de Claudia Puga, Marcela Chiesa, Johana Fuertes y Lola Rodríguez, los sábados 8 y 15 de agosto podrá verse la obra teatral Pelotas en el Espacio Cultural del Sur (Avenida Caseros 1750, CABA). La historia pone en la cancha la dificultad de ser mujer en un ambiente masculinizado pero también la búsqueda del deseo y la creación colectiva. Canal Abierto habló con Claudia Puga, la dramaturga de la puesta, que también dirige y actúa.
¿Cómo nace la chispa que da origen a Pelotas, viniendo vos de un entorno completamente ajeno al fútbol?
-Nace desde la extrañeza absoluta. Yo crecí en un matriarcado: mi madre, mi abuela y yo. En mi casa cero fútbol. De chica me llamaba poderosamente la atención ese rito doméstico tan particular que hoy veo en mi hijo y su padre cuando preparan todo, la radio y la televisión sincronizadas porque uno iba desfasado del otro, y el clima familiar que oscilaba según cómo le fuera a River. Pero lo que más me intrigaba era escuchar a los futbolistas hablar de “suerte” cuando se entrenan todos los días. Esa veta esotérica en algo tan determinante. Veía contradicciones enormes en una pasión que no se racionaliza. Al final, la obra está inspirada en mi hijo, que de muy pequeño sólo quería pelota y plaza. De hecho, el subtítulo a pie de página es “Cinc dones, un premi, la pilota” —en valenciano, porque él nació en Valencia—, que significa “cinco mujeres, un premio, la pelota”.
El proyecto tuvo una transformación importante en su estructura. Empezó pensando en hombres y terminó en un universo de mujeres. ¿Cómo fue ese tránsito?
-Sí, la escribí originalmente en 2015 para cinco personajes masculinos. Años después, decidí adaptarla para mujeres. Hoy son cuatro actrices en escena y una ausente. Al hacer ese traslado, la obra empezó a respirar otros temas inevitables: apareció de lleno la violencia de género, la mirada punzante del pueblo —todo sucede en Villa Launa, categoría senior— y las contradicciones de este grupo entrenando para un torneo en condiciones irreales, en un espacio cerrado. Ellas no dominan la pelota, pero están convencidas de que sí. Y ahí hay algo hermoso: quizás la pasión confunde, pero también te empuja a ir sin saber. Y van.
¿Qué diferencias estructurales y culturales afloran en la obra respecto al fútbol femenino real?
-Están todas las asimetrías sobre la mesa: la diferencia económica, la falta total de apoyo, un recorrido histórico mucho más reciente y el prejuicio de que todavía no se lo toma en serio como a otros deportes. A la mujer le cuesta horrores que la tomen en serio en su propio deseo; paradójicamente, si es para asistir al otro, sí se la valida.
Pero cuando la protagonista es ella, se complica. Sin embargo, en la obra no buscamos dar un mensaje bajando línea, sino señalar situaciones: desde esta problemática hasta la violencia que sufre una compañera, pasando por estrategias de juego armadas a través de los signos del zodíaco o cómo la capitana ejerce y gestiona el poder sobre el resto.
A nivel escénico, lidiar con un elemento tan dinámico como una pelota sin ser jugadoras debió ser un desafío técnico enorme.
-Fue un proceso largo y de dirección colectiva. Ninguna de nosotras sabía manejar una pelota. ¿Qué hicimos? Esa dificultad de la actriz la transformamos en una característica del personaje, resolviendo cómo usar la pelota escénicamente en espacios muy reducidos. Además, el humor impregna y galopa en toda la obra. Tiene una recepción hermosa porque el juego que despliegan las actrices vuelve al espectador un cómplice inmediato.
Esa complicidad seguro se nutre de la diversidad de orígenes artísticos del equipo, ¿no?
-Totalmente. Nosotras venimos de mundos muy diferentes: una hace clown, otra comedia musical, otra títeres y teatro de objetos, y yo provengo de la dramaturgia, la performance y la actuación. Amalgamamos todos esos saberes buscando la verdad en esta cabalgata en conjunto que es Pelotas.

