Publicado originalmente el 28/08/2026
Redacción Canal Abierto | Nicanor Loreti vuelve al territorio del género con su nueva película Lu & Pau. Con Jazmín Stuart y Lorena Vega dándole cuerpo a los nombres que bautizan la película, la historia transcurre en un pueblo de Misiones, donde dos amigas de toda la vida necesitan reunir treinta mil dólares en tiempo récord para liberar a Jessi, la hermana de Pau, detenida por un robo y a punto de ser condenada a quince años de prisión. La solución que encuentran es tan descabellada como simple: asaltar tres financieras en un solo día y sobornar al fiscal. A partir de ahí, una cadena de decisiones poco inteligentes, situaciones absurdas y un vínculo fraternal que se tensa sin romperse.
El origen del proyecto fue modesto. Loreti había escrito la historia como un cortometraje que contenía solamente una escena. Pero durante el encierro de la pandemia tuvo tiempo para expandirla. Y, en diálogo con Canal Abierto, el director contó que “siempre me gustó mucho y lo fui mejorando y mejorando. En un principio lo había escrito como un cortometraje, que era solamente la escena del auto, y después fui abriendo la trama y pensando que podía ser en alguna ciudad o en algún pueblo del interior. Y surgió en la época del COVID, en el encierro. Ahí tuve mucho tiempo para escribir”.
La idea de tres amigas que tienen una relación de casi hermandad fue el punto de partida. Loreti reconoce que le interesan las historias de vínculos fuertes, de sangre o de amistad, que se meten en problemas. Esa constante, que ya se podía rastrear en su ópera prima Diablo, vuelve a aparecer aquí con una variación: el lazo que une a las protagonistas no es exclusivamente sanguíneo sino que se construye desde la infancia compartida.
“Me gustan mucho las historias sobre personajes que son parte de una familia o que tienen un vínculo de sangre o de amistad muy fuerte y se meten en problemas. En base a eso la fui desarrollando”, manifiesta el realziador.
La decisión de que las protagonistas sean mujeres no respondió, según el director, a una intención política explícita, sino a un mecanismo creativo que toma del libro de Stephen King, que utiliza como «Biblia» durante el proceso de escritura. “Realmente no es algo que haya pensado tan conscientemente. Un poco sí me pasaba que tengo como ‘Biblia’ mientras escribo el libro de Stephen King, que da un montón de consejos sobre escritura y te coachea con anécdotas. Una de las reglas que dice es: si es una historia clásica que se contó muchas veces, probá cambiar el sexo de los protagonistas o transformarlos en otra cosa”, revela Loreti
Y agrega que “me gustan mucho las buddy movies, entonces se me ocurrió que podía hacer una al estilo Diablo, pero más de chicas. Obviamente esta película tiene más corazón y es menos oscura, menos negra. Pero hay algo en común: familia, personajes que se meten en un crimen sin quererlo, uno más descarrilado que el otro. Usé ese axioma, di vuelta a los personajes y los transformé en mujeres. Y desde ahí empezó a crecer.
Sobre el lugar que ocupa la delincuencia en la trama, Loreti sostiene que la película no es una historia de crímenes, sino una historia de amistad. El robo es apenas un detonante. El director explica que la película se mueve en un registro que combina comedia, cuento de hadas y absurdo, y que incluso el final juega con la ambigüedad: “Hay un lugar donde la película, siendo una comedia y siendo en un punto un cuento de hadas y una historia bastante absurda, incluso el final mismo o gran parte de lo que cuenta tironear mucho el verosímil. Termina siendo más una historia de amistad y de sacrificio de unos personajes donde incluso vos podés tomar el final como que, sin spoilear, lo que pasó fue más trágico de lo que estás viendo”.
El director señala que le interesa crear personajes femeninos que se meten en problemas, una línea que ya había explorado en Kryptonita. “En ese lugar a mí me gusta crear personajes femeninos. Lo he hecho en otras películas, tanto en villanas como protagonistas, y también en esta, súper laburándolo con Leo Oyola y demás. En Kryptonita también me gustan los personajes femeninos fuertes, sobre todo los que se meten en problemas y terminan tomando el camino del crimen como una solución a los problemas de la vida cotidiana. El mayor problema: no hay plata y hay que conseguirla”, se explaya Loreti.
Pero en Lu & Pau el enfoque es más lúdico. Loreti aclara que no intenta bajar línea sino contar una historia de amistad y de amor fraternal, y que el contexto delictivo es apenas el marco. Y apunta que “más allá de que está contando temas con cierta profundidad —familia, amistad, gente que decide tomar el camino del crimen porque es la única salida—, todo está visto desde un lado luminoso y desde un verosímil que no trata de bajar línea, sino de contar una historia de amistad y de amor entre estas mujeres, de amor fraternal”.
“La delincuencia termina siendo más un detonante en la historia que una película de crimen. Para mí es casi una historia de amistad, y es lo que mueve a la película: la química y la amistad entre ellas”, acota.
La elección de Misiones como escenario también tiene su razón. Loreti quería un lugar del interior con personalidad, y la propuesta del productor Pepe Salvio de filmar en Puerto Esperanza terminó de cerrar el cuadro.
El director cuenta cómo fue el proceso de búsqueda: «En un momento empecé a pensar que la película tenía que transcurrir en algún lugar del interior que tenga personalidad. Hay mucho cine argentino muy bueno hecho en Misiones. Además, muchas personas del equipo técnico y de producción que trabajaron en Lu & Pau son de allá, y son súper talentosos.»
Y agrega que «lo he dicho muchas veces: fui muy afortunado con el equipo técnico con el que trabajé, y fue uno de los mejores rodajes de mi vida, sino el mejor. No quiero generar celos a otros equipos con los que trabajé porque ha habido gente espectacular, pero fue un rodaje hermosísimo”
Sobre la elección concreta de la locación, el cineasta recuerda que “cuando empecé a buscar qué ciudad o qué pueblo podía ser, hablando con Pepe Salvio, el productor, me propuso filmar en Puerto Esperanza. Cuando vi fotos de las locaciones y viajé para el scouting, flasheé y me pareció que sí, que era perfecto”.
El director defiende la decisión de no mostrar los paisajes postales de la provincia. En un gesto que va contra la expectativa turística, Loreti optó por un registro más terrenal. “Si ven la película, aunque mucha gente dijo que tenía que lucirse más Misiones, para mí justamente se está mostrando otro lado: no unos planos aéreos de las Cataratas, sino algo más terrenal y más íntimo”, explica Loreti.
Lu & Pau se inscribe en el formato de buddy movie, pero con una sensibilidad propia. Aborda temas como el juego —presentado como un nuevo flagelo—, la corrupción de la Justicia y la policía y el consumo de cocaína por parte de uno de los personajes, aunque lo hace con un tono que evita el juicio moral y apuesta por el humor. La película se sostiene, sobre todo, en el trabajo de sus protagonistas y en la química entre ellas, que permite transitar tanto la comedia como los momentos más tensos.
En un cine argentino que suele mirar con desconfianza el género, Loreti vuelve a apostar por una narrativa de acción con personajes atravesados por conflictos cotidianos. Lu & Pau no busca ser un manifiesto ni una lección de moral, sino contar una historia de amistad que usa el robo como excusa y el humor como herramienta. El resultado es una película que, más allá de sus aciertos y limitaciones, reafirma una línea de trabajo que el director viene desarrollando desde sus primeros largometrajes: la de un cine de género que no renuncia a los personajes ni a los vínculos humanos.

