Redacción Canal Abierto | Tras una nota publicada por La Nación, la comunidad cinematográfica encendió la alarma: la Fundación de Investigaciones Latinoamericanas (FIEL) -contratada por el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, para asesoramiento-, sugirió la eliminación de varios impuestos entre los cuales está la tasa del 10% a las entradas de cine que financia el Fondo de Fomento Cinematográfico.

A raíz de la publicación, comenzaron a circular comunicados de rechazo provenientes de distintas asociaciones del sector. Uno de ellos fue el firmado por la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina -que presiden el productor Axel Kuschevatsky y el cineasta Juan José Campanella-, y la Cámara Argentina de la Industria Cinematográfica (CAIC), entre otras. El mismo sostiene que “la eventual eliminación de este gravamen tendría un impacto negativo enorme en el sector sin compensación alguna en los fondos públicos ni el bolsillo de los contribuyentes”.

El Fondo de Fomento Cinematográfico, cuya administración está a cargo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), se sostiene por el impuesto que FIEL pretende recortar y grava con el 10% el precio básico de las entradas, del alquiler de películas en video y su reproducción en distintas páginas web. En la actualidad, este impuesto representa un 30% de los ingresos del Fondo, que se complementa con ingresos provenientes del Ente Nacional de Comunicaciones.

“La producción tiene un problema: hay un montón de gente que no puede producir. Ya pasaba antes, y con los cambios que se realizaron en el régimen de fomento el problema se agrava, porque los nuevos requisitos priorizan a las grandes productoras. Es cierto que abrieron más concursos, que ahora se fomenta el desarrollo de guion, pero si no tenés capacidad de producción y competís con los que tienen antecedentes, es una competencia desleal. Si encima reducís la torta presupuestaria un 30%, los nuevos realizadores directamente no tienen chance”, explica Nicolás Vetromile, delegado de ATE en el Incaa.

 

Las tres patas del problema

Si bien Dujovne y su par en Cultura, Pablo Avelluto, aclararon que “el INCAA mantendrá sus fuentes de financiamiento” y que van a “seguir apoyando la actividad audiovisual en el marco de la Ley del Cine”, en el sector no están tranquilos y agregan que la problemática de la industria del cine local es mucho más amplia y más grave.

Además de la producción, el cine nacional tiene dificultades en la distribución y en la exhibición –cuenta Vetromile-. Desde que la distribución se ha vuelto digital, dejaron de ser necesarias las distribuidoras intermedias, que se encargaban de llevar las latas a los cines. Ahora esas empresas que querían ganar dinero han sido reemplazadas por otras, lobistas de las empresas grandes, que quieren imponer contenidos. Por ejemplo, los grandes estrenos llegan más tarde a las salas pequeñas para beneficiar a las grandes y  esto condiciona a productores y a exhibidores”.

De esta manera, las salas chicas, que llegan tarde a los éxitos de taquilla, necesitan sostener su rentabilidad y evitan proyectar las películas argentinas con poca difusión -es decir prácticamente todas, menos las producidas por Telefé o Patagonik- porque no llevan público.

“En el país tenés unos cincuenta Espacios Incaa, que acuerdan con el Instituto proyectar cuatro películas argentinas semanalmente. Como los exhibidores necesitan hacer rentable la sala, ponen esas proyecciones en horarios poco convocantes, que además son cuatro entre 35 proyecciones semanales promedio”, resalta el delegado.

Para completar el triste panorama, las películas tampoco pueden verse en la pantalla chica. La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que sólo le exigía a cada canal de televisión proyectar seis películas argentinas al año, fue modificada por el Decreto 267, que deja esta cuota de pantalla abierta, a criterio del canal.

Como consecuencia, un novel realizador que sortease las barreras de los requisitos de fomento, accediese al cada vez más escaso financiamiento y lograse filmar su película, tendría serias posibilidades de que su film sea visto por no más de un puñado de espectadores en contadas salas y por pocos días.

La cuestión presupuestaria, sin embargo, se vuelve en este circuito de impedimentos para la producción local la más visible, porque es la que afecta directamente a las grandes productoras.

Luego de un año que dejó un saldo negativo para el cine -2,51% menos de espectadores en las salas que en 2015-, y en el cual el presupuesto del Incaa fue fuertemente subejecutado en todas las áreas, un recorte del 30% sería un golpe fatal a una industria que emplea cerca de 50 mil trabajadores, según los últimos datos del Sistema de Información Cultural de la Argentina.