Por Carlos Saglul | Alejandro Grimson es doctor en Antropología de la Universidad de Brasilia, realizó estudios de comunicación en la Universidad de Buenos Aires. Publicó entre otros libros “Mitomanías Argentinas”, “Cómo hablamos de nosotros mismos” y “Los límites de la cultura”. Es investigador del Conicet y  profesor del Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad de San Martín.

Durante esta entrevista con Canal Abierto, se mostró convencido de que en la última etapa del gobierno de Mauricio Macri se ha tratado de establecer una polarización ficticia y perversa  entre la propuesta del macrismo y el kirchnerismo, que pretende cerrar espacio a toda reflexión sería sobre cómo poner a salvo al país del neoliberalismo y la desintegración cultural y social que implica.

-Periodistas, intelectuales, usted mismo, cuando van a hacer una crítica al gobierno recuerdan que no son ni han sido kirchneristas. Es un síntoma. ¿De qué?

-La estrategia del Gobierno es demostrar que quien piensa diferente es opositor, si es opositor es kirchnerista, y si es kirchnerista es corrupto. En lugar de poder discutir qué pasa en el país, te meten en el juego de tener que discutir todo el tiempo los doce años del gobierno anterior.

Muchos intentamos tener una voz propia, un pensamiento distinto. Pero esa reflexión  no puede coexistir con este relato binario que se repite desde el oficialismo

-¿Este relato de alguna manera se relaciona con un renacimiento del mito peronismo-antiperonismo exigido por el sector duro que marchó a Plaza de Mayo el 1° de abril para apoyar al Gobierno?

El electorado firme de Macri es el 24 por ciento que lo votó en las PASO de agosto de 2015 o, en el mejor de los casos, el 34 por ciento que lo votó en las generales. Se trata de un tercio, más o menos.

Pero hay otro tercio que no sabe si votará a Macri o a otro partido. Esto indica que no hay dos sectores solamente. Ese tercio del que hablamos es crítico de la corrupción, evalúa lo que pasa con la economía, piensa en los mayores índices de pobreza, en la falta de trabajo. Es el que hace posible, o no, que exista un cambio político. Desde el discurso oficial se hace como si no existiera

-¿Con esta estrategia, el relato de  Macri no corre el riesgo de convencer a gran parte de la oposición de que es kirchnerista?

-La apuesta de Macri a la polarización se basa en que supone que Cristina Kirchner tiene un techo muy bajo. Solamente si la situación económica empeora este techo puede ser roto. Si la crisis se mantiene en los niveles actuales, al kirchnerismo le va a costar ganar. Todavía hay que ver qué estrategia tienen, ya que no está clara.

El macrismo apuesta a asustar con los fantasmas del pasado y así convencer a ese tercio que define la elección de que hay que elegir entre esto o lo anterior. No hay otra propuesta.

-Las marchas y contramarchas del Gobierno se debe a que trata de manejar a la Nación como si fuera una empresa?

-Hay que diferenciar las políticas neoliberales que se aplican de las medidas sociales. No es que se equivoquen. En Le Monde Diplomatique yo hablaba de un neoliberalismo posibilista. Por ejemplo, a ellos les encanta correr el feriado del 24 de marzo y lo hacen. Miden que pasa. Como la reacción es grande,vuelven atrás.

En todo caso, si en algo se equivocan, es en la relación de fuerza. Ellos van probando la reacción de la gente todo el tiempo. Van midiendo la movilización, la capacidad de organización de los sectores populares. Y de acuerdo a eso, actúan.

-Anunciaron un plan de viviendas con cuotas en un principio bajas, pero a los dos días subieron las tasas de interés…

-Lo que pasa es que en el Gobierno también hay una puja de intereses y de sectores. Están los duros, que quieren aflojar el ajuste para ganar las elecciones. Pero también hay un sector que pretende bajar la inflación a cualquier costo, no importa la recesión que ocasione.

-¿Cuánto de lo que heredamos de la dictadura, de Menem, y de lo que subyace en la cultura reaparece con el respaldo electoral al neoliberalismo?

-Se trata de una asignatura pendiente. No hemos discutido e indagado lo suficiente sobre lo que nos pasó durante el terrorismo de Estado, el menemismo. El gobierno de Cambiemos es neoliberal, pero no puede definírselo –como se hace desde algunos sectores opositores- como si fuera una dictadura. No es la Libertadora, no bombardearon Plaza de Mayo, ni tienen un centro de torturas en la ESMA.

En cuanto a los 90 y el neoliberalismo con elecciones, hay que recordar la derrota de Malvinas y la fuerte desnacionalización que implicó. Otra derrota social importante fue la hiperinflación. También quedaron como serias marcas en la conciencia el fracaso de grandes conflictos gremiales, como la huelga ferroviaria y de los Telefónicos durante el gobierno de Menem. ¿Qué quedó de todo eso en nuestra cultura? Tal vez muchas de esas cosas del pasado ayuden a entender el presente.