Redacción Canal Abierto | Tras su visita por los países asiáticos, el presidente Macri habrá ratificado los lazos comerciales impulsados con China desde la gestión de Cristina Kirchner. Si entonces Cambiemos los puso bajo la lupa, la asunción de Trump lo urgió a calibrar su política exterior.

El gigante asiático es el segundo socio comercial de la Argentina. Nuestro país le compra más de lo que le vende, con una diferencia que en 2016 totalizó los US$ 5800 millones. El 60% de nuestras exportaciones está constituido de porotos de soja, mientras que la mayoría de las importaciones proviene de manufacturas industriales. La desigual relación también se registra con Japón, aunque en menor intensidad.

En ese contexto, Macri expresó en una reunión de negocios que Argentina se comprometerá a duplicar su producción de alimentos, hasta alcanzar el abastecimiento de 800 millones de personas. Le dio continuidad al perfil agroexportador que rige nuestro país desde 1880, salvo breves interregnos.

Además habrá ratificado con el presidente Xi Jinping un acuerdo de financiamiento “con llave en mano” de dos centrales nucleares, una planta de energía solar y la renovación del ferrocarril San Martín.

Sobre este último ítem de la negociación, el investigador de relaciones Internacionales para América latina Gustavo Lahoud, integrante del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas y la Fundación Más Derechos por Más Dignidad advierte un peligro.

Subraya que China busca una ruta que le permita salida al Atlántico y al Pacífico para la exportación, en el marco de un modelo de producción extractivo. Es decir, una réplica de colonización económica semejante a la de mediados de siglo pasado.

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