Redacción Canal Abierto | Tras la polémica Secundaria del Futuro, que generó el rechazo masivo de los estudiantes y la toma de treinta escuelas porteñas, el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta, anunció que enviará a la Legislatura un proyecto para crear una universidad de formación docente, y disparó el revuelo entre los educadores.

El argumento oficial es que la nueva institución –que la ministra de Educación, Soledad Acuña, quiere llamar Universidad de Maestros- permitirá jerarquizar y modernizar los actuales 29 institutos públicos de formación docente que tiene la Ciudad. “La formación docente dejará de ser terciaria, se flexibilizarán los formatos de aprendizaje con la posibilidad de ser presenciales y virtuales, el alumno hará prácticas desde el inicio de la carrera, se formará por competencias y se trabajará en el reconocimiento del trabajo colaborativo y la comunicación”, sostuvo la ministra.

Lo primero que saltó a la vista es que los institutos privados no se verían afectados por la reforma, que sólo sería para aquellos de gestión estatal. El vaciamiento de los públicos alimentaría la demanda en los privados, que vienen sufriendo una baja en la matrícula insistente. La Ciudad de Buenos Aires es el único distrito donde faltan docentes y cae la tasa de egresados, que era de 3451 al año al comienzo de la gestión PRO (2007), y fue de 2307 en 2015, tras los dos mandatos de Mauricio Macri. La explicación, para los gremios, está en las políticas públicas impulsadas desde el gobierno local.

Desde Ademys, explicaron que el argumento de la “crisis vocacional” es falaz. “La realidad es que hay salarios de pobreza, maltrato permanente a lxs docentes y condiciones paupérrimas para enseñar y aprender. Faltan equipos de apoyo, faltan recursos. Lo que realmente va a pasar es que se perderán puestos de trabajo, se vaciará la currícula actual de formación tanto en contenidos como en calidad y se limitará el presupuesto aún más”, explicaron.

Por su parte, UTE se declaró en estado de alerta y sostuvo en un comunicado que “esto no genera más matrícula, cambia nuestra situación laboral y de condiciones de trabajo. Además se perdería la democratización institucional lograda en estos años”.

 

Los últimos en enterarse

Como con la Secundaria del Futuro, los directos interesados se enteraron por los diarios. A solicitud de los rectorados de los institutos de formación y de los gremios, fueron notificados por el gobierno porteño del proyecto en cuya discusión no participaron. “Nuestros institutos cuentan con autonomía y órganos representativos como los consejos directivos. Sin embargo, el proyecto de Ley (…) nunca fue informado para ser debatido en ninguna de estas instancias. Por el contrario, se trató de información ocultada hasta el día de hoy, comunicadas a los medios antes que a las comunidades educativas”, informó el Instituto Lenguas Vivas.

Los consejos directivos de los institutos no responden políticamente al PRO. Para los educadores, este plan –lejos de “jerarquizar la docencia” como argumenta Acuña-, apunta a descabezar los consejos para disciplinar al sector impulsando en las conducciones fuerzas amigables con la gestión de Rodríguez Larreta. Esta jugada permitiría operar sobre el cierre de cursos sin la resistencia sindical que viene evitando que esto suceda. En la práctica, significaría docentes desempleados y otros sobrecargados de alumnos.

Como respuesta, desde el Alicia Moreau de Justo se disparó la convocatoria a una reunión este lunes a todos los consejos directivos de los institutos de formación docente de la Ciudad para debatir la reforma.

El punto fuerte en la reforma fue comunicarla como una forma de profesionalizar la formación docente, volviéndola universitaria. Pero este argumento también está en tela de juicio. El plan que dio a conocer el Ministerio, según las autoridades del emblemático Joaquín V. González “carece de rigurosidad académica, pedagógica y normativa pertinente” y plantea la desintegración de hecho de los institutos terciarios de la Ciudad. También le critica la homogeneidad académica que “elimina el pensamiento crítico y la pluralidad de las voces” y un recorte presupuestario encubierto.

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