Por Carlos Fanjul | O es cierto que todo tiene que ver con todo, o los periodistas así lo creemos para encontrarle razón a las cosas.

Para recordar al Día del Trabajador, y en momentos en que el gobierno amarillo de la Argentina analiza el lanzamiento de una reforma laboral que nos hará retroceder varios años en nuestros derechos, vamos a situamos en la inconmensurable figura de José Martí, el héroe de la independencia cubana quien en realidad, pobre de él, iba a morir mucho antes de ver libres a los trabajadores de su pueblo.

Como curiosidad de la historia, a un joven Martí de apenas 33 años, le tocó estar como periodista del diario La Nación –sí, el mismo- en la ciudad de Chicago, allá por los agitados días de 1886 y 1887, cuando las huelgas generales reclamando las 8 horas de trabajo, primero, y el juicio y ejecución de cuatro líderes huelguistas, un año después, dejó una marca en el mundo para todos los tiempos.

Relató Martí: “Salen de sus celdas. Se dan la mano, sonríen. Les leen la sentencia, les sujetan las manos por la espalda con esposas plateadas, les ciñen los brazos al cuerpo con una faja de cuero y les ponen una mortaja blanca como la túnica de los catecúmenos cristianos… Abajo, la concurrencia sentada en hileras de sillas delante del cadalso como en un teatro… Plegaria es el rostro de Spies, firmeza el de Fischer, orgullo el del Parsons, Engel hace un chiste a propósito de su capucha, Spies grita que la voz que vais a sofocar será más poderosa en el futuro que cuantas palabras pudiera yo decir ahora… los encapuchan, luego una seña, un ruido, la trampa cede, los cuatro cuerpos cuelgan y se balancean en una danza espantable”.

Era el 11 de noviembre de 1887 y el mundo se enteraba que cuatros líderes anarquistas eran ejecutados en la ciudad de Chicago por encabezar las revueltas del 1 de mayo del año anterior, cuando las calles de la ciudad se colmaron de trabajadores y sus familias para protestar por el pacto no cumplido por los patrones, de acortar considerablemente la jornada laboral.

Aquel 1 de Mayo… 

Ese día del 86 empezaron una serie de protestas callejeras en Chicago -donde las condiciones de los trabajadores eran mucho peores que en otras ciudades de los Estados Unidos-, a manera de respaldo a los obreros en huelga que reclamaban una jornada laboral de ocho horas.

Dos años antes se había celebrado el IV Congreso de la American Federation of Labor que había definido que definido a ese 1 de mayo como fecha límite para que la patronal pasara a respetar el tiempo laboral de ocho horas y terminara así con la sobreexplotación existente, que llevaba a cualquier trabajador a prestar servicio durante 14 o 15 horas diarias.

Cumplida la fecha, la mayoría de las grandes empresas, no acataron la medida y el conflicto estalló primero en las fábricas, y se traslado a las calles en pocas horas para permanecer en ellas durante varios días.

El 4 de mayo de 1886 se convirtió en el punto crítico de las protestas. A media mañana y durante una manifestación pacífica, una persona desconocida –hasta el día de hoy pensada como infiltrada- lanzó una bomba a la policía que intentaba disolver el acto de forma violenta. Un día después, la milicia del Estado respondió con una masacre sangrienta en un mitin de trabajadores, acribillando a ocho polacos y un alemán por violar la ley marcial.

En Chicago, miles de personas poblaron las cárceles, entre las que se destacaban como líderes huelguistas a Adolf Fischer, Albert Parsons, August Spies, George Engel, Louis Lingg,  Michael Schwab, Samuel Fielden y Oscar Neebe. Todos eran miembros de la IWPA (Asociación Internacional del Pueblo Trabajador), y todos serían enjuiciados un año más tarde, en un proceso calificado de ilegítimo y deliberadamente manipulado para que se sienta el escarmiento.

En ese juicio, se decidió que Fischer, Parson, Spies, Engel y Lingg fueran ejecutados, aunque este último no soportó finalmente tanta presión y se quitó la vida en la celda, pocas horas antes de que se concretara la ejecución. Schwab, Fielden y Neebe fueron condenados a cadena perpetua.

Con el paso de los años, la prensa mundial coincidió en que “el proceso judicial nunca llegó a determinar la autoría de la bomba que provocó la muerte de varios policías, pero los jueces hicieron oídos sordos a las elementos probatorios porque era necesario desactivar la movilización de la clase obrera”.

Esta última idea suena tan a historias contemporáneas de la Argentina que inquieta con tan sólo leerla.

Para todos los tiempos 

Aquellos hechos de Chicago resultan tan conmocionantes para el desarrollo de la raza humana que cada 1 de Mayo el mundo se paraliza para dejar constancia, al menos, de un límite puesto por el trabajador a la voracidad capitalista.

Para el referente de Unidad Popular, Víctor De Gennaro, es el día en el que la sociedad más se unifica en una postura: “Hace 130 años que ocurrió un hecho trascendental en la historia de la humanidad y hoy seguimos estando acá para recordarlo. Quienes lo protagonizaron peleaban por ocho horas de trabajo, ocho horas de descanso y ocho de recreación para estar con sus familias. Apostaron a eso pero ni imaginaron que tantos años más tarde nosotros íbamos a estar juntos para conmemorar esos trágicos sucesos. Uno hace casi todo sin ser consciente de lo que pasará luego, lo hace pensando en transformar el presente y soñar un futuro mejor, una sociedad de iguales, una sociedad que comparta el pan, ser felices. Hace 130 años más de cien mil trabajadores en Chicago salieron a la calle a pelear por sus derechos y el sistema, como hoy Macri, actuó sin anestesia y dijo ‘hay que meterlos presos y ahorcarlos’. Uno de ellos, Albert Parson, dijo que su grito al ser ejecutado iba a ser más fuerte, con el correr de los años, que el silencio que provocaban los verdugos ahorcando a los trabajadores. No existe ninguna fecha en el calendario mundial, ni política, ni religiosa, que unifique a tantos seres humanos un mismo día, recordando algo como es el Día de los Trabajadores Y aquí seguimos, Parson, 130 años después. Una y otra vez los trabajadores del mundo entero amplificando ese grito cada día con nuestros reclamos”.

Un poco más pesimista, el maestro de maestros de la lengua latinoamericana, Eduardo Galeano, escribió hace tiempo: “Cada 1 de mayo el mundo recuerda a esos mártires. Sin embargo, las empresas más exitosas siguen sin enterarse. Prohíben los sindicatos obreros y miden las jornadas de trabajo con aquellos relojes derretidos de Salvador Dalí”.

Y recordaba: “Estuve en Chicago hace unos siete u ocho años, y les pedí a mis amigos que me llevaran al lugar donde todo había ocurrido, y no lo conocían. Entonces me di cuenta de que en realidad esto, esta ceremonia universal, en Estados Unidos no se celebraba; o sea, era en ese momento el único país del mundo donde el 1 de mayo no era el Día de los Trabajadores. En estos últimos tiempos eso ha cambiado. Recibí hace poco una carta muy jubilosa de estos mismos amigos contándome que ahora había en ese lugar un monolito que recordaba a estos héroes del sindicalismo, y que se había hecho una manifestación de cerca de un millón de personas en su memoria por primera vez en la historia. Y la carta terminaba diciendo: ‘Ellos te saludan’”.

La distracción de Triaca 

Se ve que el actual titular de la cartera de Trabajo de la Argentina, Jorge Triaca (hijo de otro Jorge Triaca que fue peor aún por sus lazos con cada oficialismo y, en particular, con el de los genocidas de la dictadura), no ha leído mucho sobre Chicago y sus mártires. O, si lo hizo, le han parecido una pavada los avances registrados en materia de derechos laborales.

Tal vez como esperando el momento oportuno, viene amagando desde finales del año anterior con la implementación de una serie de reformas que dinamitarán el actual esquema de relaciones laborales.

Según lo que puede concluirse de un texto enviado a patrones y sindicatos, la ley está hecha a la medida de los empresarios, ya que, entre otros tantos puntos, establece como cierta una supuesta paridad entre patrón y empleado al afirmar que hay que alentar “la cooperación entre las partes para promover esa actividad productiva y creadora que constituye un valor social compartido, generador de derechos y deberes recíprocos, y una regla esencial de ejecución del contrato”.

O que incorpora la modalidad de trabajo a tiempo parcial, lo que habilita al patrón a reducir arbitrariamente una jornada laboral para recuperarla otro día. Este “banco de horas” atentaría contra el cobro de horas extras en jornadas extendidas.

O también modifica el cálculo para indemnizaciones por despido, que pasaría a estar hecho sólo en base al salario, sin tener en cuenta aguinaldo, horas extras, comisiones, premios o bonificaciones y todo tipo de pago no regular.

En realidad, como Triaca sí ha leído sobre luchas obreras y conquistas de derechos, sólo resta leer que es un jodido, que pertenece a un gobierno jodido, y que le importan poco estos mandatos de la historia, como el que ofrece al mundo entero el martirio vivido por aquellos trabajadores de Chicago.

Parecen resonar, en este 1 de Mayo en que, una vez más, los laburantes del mundo nos enorgullecemos de nuestra condición de clase, las últimas palabras de algunos de aquellos luchadores, antes de entregar sus vidas por nuestros derechos:

Dice Fischer: “Solamente tengo que protestar contra la pena de muerte que me imponen, porque no he cometido crimen alguno… pero si he de ser ahorcado por profesar mis ideas anarquistas, por mi amor a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad, entonces no tengo inconveniente. Lo digo bien alto: dispongan de mi vida”.

Agrega Lingg: “No, no es por un crimen por lo que nos condenan a muerte, es por lo que aquí se ha dicho en todos los tonos: nos condenan a muerte por la anarquía, y puesto que se nos condena por nuestros principios, yo grito bien fuerte que los desprecio, desprecio su orden, sus leyes, su fuerza, su autoridad”.

Y remata Spies: “Honorable juez, mi defensa es su propia acusación, mis pretendidos crímenes son su historia. […] Puede sentenciarme, pero al menos que se sepa que en el estado de Illinois ocho hombres fueron sentenciados por no perder la fe en el triunfo de la libertad y la justicia”.

en octubre

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