Por Laura Litvinoff / Revista Cítrica | La situación actual de la mayoría de las cooperativas de Argentina es más que alarmante. Como si los ya conocidos problemas generados por la crisis económica no fuesen suficientes, desde 2015 hasta la actualidad se suma otro factor que tal vez sea el más grave de todos: los tarifazos. Con boletas que superan los millones de pesos mensuales, las empresas recuperadas, que hoy ya son más de 370 en todo el país, corren el riesgo de desaparecer; lo que representaría la pérdida de empleo para más de 25 mil personas, y un nuevo obstáculo en la lucha por generar espacios autogestivos que mantengan la dignidad y la igualdad en las condiciones laborales de trabajadores y trabajadoras.

Zanón es la primera fábrica recuperada después de la crisis del 2001 y, además de su nombre original, sus socios también la llaman “Fasinpat” (fábrica sin patrones). La cooperativa tiene actualmente 220 socios. Alejandro López, uno de sus trabajadores, se alarma: “Nosotros veníamos pagando trescientos mil pesos mensuales de luz y ahora se nos fue a un millón doscientos aproximadamente. Y en relación al gas, veníamos pagando un millón doscientos por mes y ahora se nos fue a entre ocho y diez millones. Esa última factura la denunciamos a nivel nacional y regional. La situación es insostenible, sobre todo lo que sucede con el gas, porque cuando te atrasás te lo cobran a precio de dólar y entonces directamente no lo podés pagar más”.

Estos números exorbitantes se deben al gran uso que la empresa hace de esa energía: “Para poder hacer cerámica hay que atomizar la arcilla, y eso consume muchísimo gas y electricidad. Y la cocción del cerámico también es otro gran gasto”. A su vez, López afirma que actualmente la empresa no recibe ninguna ayuda por parte del Estado: “Si bien la familia Zanón siempre estuvo subsidiada en lo que respecta a las tarifas, desde que nosotros tomamos la fábrica, ese subsidio nos lo sacaron y nos empezaron a aplicar todos los aumentos posibles. Las decisiones que toma el Gobierno -tanto nacional como provincial- son de ahogo de la experiencia del control obrero, es decir, no nos atacan directamente, pero el hecho de no darnos ningún tipo de ayuda o de respuesta frente a nuestros problemas significa que lo que están tratando de hacer es ahogar esta experiencia”.

Zanón fue reconocida en 2005 y en 2009 sus obreros y obreras lograron expropiar la fábrica, lo que significa que hoy la empresa les pertenece. Toda la industria de cerámica de esa provincia también está bajo control obrero: a Zanón se le suman otras dos cooperativas, Cerámica Neuquén y Cerámica Stefani, que también fueron fábricas recuperadas por sus trabajadores.  Hoy su continuidad está en peligro.

Algo similar sucede con la Cooperativa El progreso. Fundada en 1947, esta fábrica recuperada es una de las más antiguas del país. En Espeleta, partido de Quilmes, se ocupan de la fabricación artesanal de artículos de vidrios, por lo que la energía que más se utiliza es el gas. Marcelo Oscar Ever, que ya lleva más de 40 años como socio, cuenta que la fundición de vidrio se hace a una temperatura de 1.450 grados, y que la última factura de gas que venció en mayo supera los quinientos mil dólares. Cuando se le pregunta porqué el valor de la tarifa llega en dólares, explica que eso se debe a que la cooperativa forma parte de la lista de grandes consumidores. En los últimos años, la escalada del precio de la factura ha ido subiendo de manera abrupta. “En 2015 pagábamos doscientos mil pesos y, ahora, un millón seiscientos mil, algo que nos resulta totalmente impagable pero que, a la vez, si no lo pagamos, corremos el peligro de que nos corten la energía, y si eso llegara a suceder, se va a romper el horno y no vamos a poder trabajar más, así que tendríamos que cerrar la fábrica”. Para Marcelo este problema se podría solucionar “si se cerrara la importación, si se retrotrajeran las tarifas a años anteriores, y si se pudiera recibir algún tipo de subsidio por parte del Estado”.

Si a la baja de consumo, el aumento paralelo de los costos de los insumos por la constante devaluación y a la apertura de importaciones, que están afectando muchísimo sobre todo a las empresas textiles, metalúrgicas, plásticas, químicas y de alimentosle sumamos las tarifas, el combo de medidas resulta explosivo, y la situación es sumamente complicada porque pone en riesgo muchísimas fuentes de trabajo que en su momento fueron salvadas por sus propios trabajadores”, afirma Andrés Ruggeri, el analista a cargo de“Facultad abierta”, el programa que a través de relevamientos, informes y otras acciones viene siguiendo el proceso de las empresas recuperadas desde 2002.

En la actualidad, según los últimos estudios realizados, al mismo tiempo que se recuperan algunas empresas y se generan nuevas cooperativas, hay otras que están cerrando. Ruggeri relaciona la causa de esto específicamente al tarifazo. “Hay muchas empresas recuperadas que están acumulando deudas enormesel Hotel Bauen tiene una gran deuda de agua, Cueroflex debe seis millones y medio de pesos de luz, Cristal San Justo está pasando por una situación que ya no puede sostener más porque debe un millón y medio de pesos de gas debido a los hornos que utilizan para trabajar, y otro caso similar sucede con Textiles Pigüé, que el mes pasado recibió medio millón de pesos de luz”.

El impacto, en la mayoría de los casos, es directamente sobre los salarios de los trabajadores. También, como sucede mucho en el interior, existen algunas empresas que tuvieron que apagar los hornos o no prender más las máquinas: Ininbox, una de las fábricas recuperadas más antiguas del país, ubicada en Chaco, y la cristalería Vitrofin, de Santa Fe, está cerradas hace ya varios meses porque no pueden ni siquiera prender los hornos debido al costo altísimo de la energía. “Las consecuencias -concluye Ruggeri– generan directamente una disminución en los puestos de trabajo, una gran baja en la producción -llegando casi a un 40%- y una disminución también en los ingresos en términos absolutos de los sueldos de los trabajadores porque, más allá de que sus salarios a diferencia de los salarios de los trabajadores en relación de dependencia, han ido aumentando a la par de la inflación, son ellos mismos los que deben hacerse cargo de todos los gastos de la empresa”.

“Las cooperativas de trabajo están sufriendo el tema del tarifazo, la baja de poder adquisitivo que redunda en la baja de facturación y de trabajo, y, aquellas que producen bienes que ahora también se pueden importar, nos conduce una tormenta perfecta que nos deja indefensos y al borde del cierre a todas las cooperativas. Nuestros excedentes mensuales son mes a mes un poco menos y, comparado con los niveles de inflación de los últimos años, más lo que se prevé para 2018 y la baja de nuestros retiros, la situación se hace realmente insostenible. Las cooperativas estamos en emergencia porque la ley que hoy se vetó nos hubiese aliviado en un 40 o 50 % del aumento que está previsto para ahora. La situación para las cooperativas, proyectada de acá a ocho meses, se vuelve inviable”, opina Federico Tonarelli, vicepresidente del la Cooperativa Hotel Bauen.

Sin embargo, a pesar de lo complicado de la situación, tanto Alejandro como Marcelo son dos personas expertas en luchar y resistir, y coinciden en dar un mensaje alentador. Para Marcelo las cooperativas son la unión de personas para la dignidad y el progreso social y es por eso que cree que hay que seguir insistiendo: “La idea de la cooperativa es darle trabajo a la gente para poder autogestionarnos a nosotros mismos y ser cada vez más libres e independientes”.

Mientras que para Alejandro también es muy importante que sigan existiendo las cooperativas: “Surgimos nada menos que después de la crisis del 2001 y la experiencia de autogestión obrera es una alternativa más que válida para cuando hay crisis y desocupación porque permite que los trabajadores podamos administrar la fábrica más allá de todas las dificultades. Hoy nuestra cooperativa ya no es una utopía, es algo concreto, y esta fábrica no está transformada en un galpón vacío justamente por nuestra lucha y nuestra capacidad de autogestionarnos”. Y agrega: “Nuestra lucha es ideológica porque tiene que ver con el trabajo y con la producción, pero sobre todo lo que estamos demostrando con todo esto es que los trabajadores podemos administrar una fábrica sin depender de nadie más que de nosotros mismos”.

 

Foto: Juan Ignacio Calcagno

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