Por Violeta Moraga / Colectivo al Margen | La mirada sobre esta parte del continente no es nueva: la innumerable cantidad de recursos naturales son codiciados desde hace siglos. Las venas de América Latina siguen abiertas. Sin embargo, el contexto actual de un modelo neoliberal subordinado a los grandes intereses económicos permite un avance peligroso sobre la soberanía nacional.

Territorios Vigilados llamó Telma Luzzani a un minucioso trabajo de investigación que ya en el 2012 daba cuenta -con una contundente documentación- sobre la problemática de las bases militares norteamericanas en el continente: en aquel entonces llegaban a 72 en América Latina y el Caribe, caracterizadas todas por su ubicación estratégica. La base que el Gobierno pretende instalar en Neuquén no sería la excepción. Incluso los medios hegemónicos se atreven a platearlo en estos términos: uno de los motivos centrales de la base en esta provincia sería la protección y vigilancia de las inversiones norteamericanas en Vaca Muerta.

“De algún modo aquel libro fue premonitorio. Sin embargo, las condiciones cambiaron: en aquel momento había en América del Sur gobiernos progresistas que denunciaban este tipo de cosas”, dice ahora Luzzani. Justamente el libro recuerda la cumbre de presidentes del año 2009 en Bariloche, momento en el que Álvaro Uribe llevó adelante una férrea defensa de la presencia norteamericana en el continente. Sin embargo, en la misma mesa, estaban Hugo Chávez, Ignacio Lula da Silva, Evo Morales, Fernando Lugo y Rafael Correa, entre otros, con una clara visión sobre la soberanía nacional. En ese marco, la entonces presidenta Cristina Kirchner daba cuenta de la presencia de la OTAN en Malvinas, organismo donde ahora pretende entrar Colombia, otra noticia preocupante.

Para aquel entonces, Fidel Castro ya había escrito un lúcido texto en el 2008 denominado Siete Puñaladas en el corazón de América, en referencia a las bases que Estados Unidos instalaba en Colombia. “La presencia de tan poderoso imperio, que en todos los continentes y océanos dispone de bases militares, portaaviones y submarinos nucleares, buques de guerra y aviones de combate sofisticados, y cuyo gobierno reclama impunidad absoluta, constituye el más importante dolor de cabeza de cualquier gobierno”, describía el mandatario cubano hace diez años.

La pulseada por el todo

Para analizar el avance actual sobre el territorio, Luzzani contextualiza el momento histórico caracterizado por la reacción del imperio estadounidense y del establishment local y los grandes capitales con respecto a años anteriores: “Hay toda una embestida para que ese tipo de gobiernos más populares no regresen nunca. En ese marco, no sólo los poderes locales, sino el poder continental, tienen un plan de control de la región y de los gobiernos futuros”.

“Estados Unidos ya tiene un aliado extraordinario y leal en Colombia y ahora, en la otra punta de América del Sur, con un gobierno de derecha elegido democráticamente en las urnas, tiene un aliado en Argentina, con las islas Malvinas tomadas por la OTAN y el Reino Unido -describe-. Nuestro país por su ubicación es una puerta a la Antártida, al Atlántico Sur, tiene una ubicación geográfica de ventajas enormes”. Así, señala que dadas estas condiciones, entre otras, lo que se sucede es una avanzada clarísima sobre el territorio: “Hay, por un lado, ejercicios militares, y por el otro, instalación de nuevas bases como es el caso de Neuquén”.

Debe decirse también que el mote de misiones humanitarias ya es un cuento de chicos.  Es sabido que con aparentes operaciones de paz, que pueden ser vacunar, construir una salita, hacer trabajos de rescate cuando hay un terremoto o una inundación, o proveer de infraestructura para posibles catástrofes ambientales como argumentan en la provincia vecina, hay una vinculación con planes militares. De hecho, quienes desarrollan estas tareas no suele ser personal civil sino que son previamente entrenados en el Comando Sur del Pentágono, con adiestramiento militar y misiones de recolección de información, o de reconocimiento de terreno. Es decir, personal de civil que eventualmente podría transformarse en una fuerza militar.

“La idea de tropas extranjeras en tu territorio a cualquier persona, aun desentendida de la política, le produce una reacción negativa. De ahí que se disfracen o se oculten detrás de entrenamiento de cascos azules, grupos para la paz o misiones humanitarias. Éstas normalmente plantean el objetivo de asistir en lugares donde hay una enorme situación de pobreza, realizar vacunaciones masivas, instalación de salitas con médicos y detrás de esa actividad hacer exploraciones, juntar información, sembrar ideas en la gente, tareas de propaganda. Sin embargo, en el caso de Neuquén, cuesta pensar cuál puede ser la misión humanitaria. Pero tiene recursos naturales de enorme riqueza”, señala. Justamente, según dejaron trascender en los medios, se estima que en los próximos diez años la inversión global en equipos y estructura en el yacimiento no convencional de Vaca Muerta superará los US$ 100.000 millones. De este monto, el mayor porcentaje provendrá de compañías estadounidenses.

Así, mientras el Estado retrocede en todos sus ámbitos, el avance de este tipo de planes agrava la situación. El neoliberalismo desmonta el Estado, dando lugar para que estas misiones tengan un justificativo para meterse y avanzar territorialmente. De hecho, el otro destino donde se habla de una base militar es en la Triple Frontera y el acuífero guaraní, nuevamente bajo el mote de “misiones humanitarias” muy vinculadas a los recursos naturales. “De todas maneras hay un punto muy importante y es que cualquier decisión de este tipo debería sí o sí pasar por el Congreso. Esto es un punto que me parece fundamental y que el Gobierno de Mauricio Macri está soslayando”, apunta Luzzani.

Suelta de tropas

En este marco, otra noticia toma relevancia como indicador de los tiempos que corren. “Necesitamos Fuerzas Armadas que dediquen mayores esfuerzos en la cooperación con otras áreas del Estado, brindando apoyo logístico a las fuerzas de seguridad para cuidar a los argentinos frente a las amenazas y desafíos actuales”, lanzó el presidente Mauricio Macri en el marco de su discurso con motivo del Día del Ejército en el Colegio Militar de El Palomar.

El mandatario vuelve a reafirmar una idea que viene manejando el hace rato y es la creación de una Fuerza de Despliegue Rápido (FDR), conformada por las tres Fuerzas Armadas, para colaborar con el accionar del Ministerio de Seguridad que preside la ministra Patricia Bullrich. Según el proyecto que tiene en carpeta el Ministerio de Defensa, la fuerza estaría destinada a la lucha contra el narcotráfico en zonas de frontera, la defensa de los recursos naturales y la represión de “grupos extremistas”, lo que en concreto puede derivar en la participación del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea en tareas de represión interna.

El Gobierno avanza sin pausa y en febrero de este año ya se sabía que el ministro de Defensa, Oscar Aguad, programaba una importante inversión en armamento y la capacitación y el intercambio de experiencias de otros países, con entrenamiento en el exterior de personal de las Fuerzas Armadas asignado a la nueva FDR. De hecho, fueron confirmados los viajes de los ministros Bullrich y Aguad a Estados Unidos para reunirse con los altos mandos del Comando Sur. Lo cierto es que este proyecto de creación de una nueva fuerza infringiría la Ley de Seguridad Interior (24.059) que limita la participación de las Fuerzas Armadas en asuntos de seguridad interna.

“Lo que se está pensando es derogar la ley promovida por Nilda Garré donde se obliga a las Fuerzas Armadas a ejercer tareas vinculadas con la defensa. Son avances muy graves y hay una cantidad de datos muy preocupantes”. Luzzani se refiere a las constantes y mencionadas reuniones de Bullrich con el Pentágono, el FBI, los entrenamientos en Israel, ente otros. Lo vemos también en el avance sobre los territorios de los pueblos originarios y las fuerzas de seguridad al servicio de los grandes intereses económicos.

En marzo, se concretó una reunión del denominado Comando Unificado Patagónico, espacio integrado por los ministros de Seguridad de las provincias de la Patagonia y el gobierno nacional que, bajo la premisa de la supuesta existencia de grupos terroristas entre las comunidades originarias –aunque no hallaran más que palas de trabajo- promueven la militarización de la región, siempre en defensa de los intereses de los grandes terratenientes y empresarios que habitan el territorio. Así, a principios de año se confirmaba un encuentro en el Escuadrón 34° de la Gendarmería Nacional, desde donde justamente se lanzó el operativo de desalojo de la comunidad mapuche de Cushamen que terminó con la vida de Santiago Maldonado. Por esos días se anunció la instalación de dos escuadrones de Gendarmería en la Patagonia mediante el cual 400 uniformados se instalarían en Comodoro Rivadavia y otro tanto de manera permanente en Neuquén

“Estamos en un momento muy complicado en el sentido de que estos nuevos Gobiernos, como el de Mauricio Macri, están aplicando todo el poder posible para encaminar a nuestros países hacia un territorio  que responda al conceso de Washington y que sea subordinado a Estados Unidos -describe Luzzani-. Aun a través de decretos o decisiones ilegales, persiguiendo periodistas, cerrando medios de comunicación, intentando reprimir o llamar de terroristas a marchas pacíficas como fue la del 25 de Mayo. Así también es Brasil con Temer y las Fuerzas Armadas en las calles para reprimir las huelgas. Hay un despliegue de represión para intentar lleva a nuestros países a un modelo neoliberal subordinado”.

Sin embargo, el rechazo de los pueblos también es un dato, aunque aún no se sepa el resultado. “Que tengan que aplicar toda la presión como la están aplicando significa que se está jugando una pulseada que es probable que pierdan”, finalizó la periodista.

 

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