Redacción Canal Abierto | Tras la dimisión, en junio, de Mariano Rajoy a la presidencia de España, las esperanzas de Mauricio Macri en avanzar con el acuerdo Unión Europea (UE) – Mercosur comenzaron a desdibujarse. El español era el principal operador del convenio junto a Angela Merkel, quien luego de las elecciones en Alemania debió recular en sus intenciones gracias a la presión interna de los sectores de la derecha proteccionista.

Negociar en bloque tampoco ayuda, ya que la posición de cada país es distinta en relación al acuerdo. Por eso, fiel a su estilo de “sale o sale”, hacia fines de septiembre el gobierno de Cambiemos impulsó -a través de una nota al Consejo del bloque regional- un pedido para anular la decisión 32/00, que prohíbe a los países miembro firmar nuevos acuerdos comerciales “que no hayan sido negociados por el Mercosur”.

De aprobarse la anulación de esta cláusula, habría un mayor margen de maniobra para que los países miembro firmen acuerdos con aquellos que no son del Mercosur. En otras palabras, Argentina quedaría en libertad para negociar en soledad con el bloque europeo.

“Negociar en forma individual te pone en una situación de debilidad, es una decisión política que tiene repercusiones económicas”, explica Alejandro Frenkel, politólogo y ex delegado argentino en el Consejo de Defensa Sudamericano de la Unasur.

Para la economía local, eso significaría muchos y serios sectores nacionales perjudicados, y sólo un beneficiado: los agroexportadores.

“Este tipo de acuerdos no sólo abarcan cuestiones sobre intercambio de bienes, sino también de servicios, patentes y propiedad intelectual, que es lo que más valor agregado tiene –sostiene Frenkel-. Hasta hace unos años, Europa ofrecía abrir un poco el mercado al agro, pero a cambio pedía ventajas en estos sectores, lo que implicaba regalar muchas de esas áreas en beneficio de empresas europeas, y la Argentina se negaba. Europa hoy está todavía más cerrada que entonces, por eso este acuerdo no beneficia a la Argentina sino que responde más a actores trasnacionalizados”.

Como consecuencia, la entrega del mercado interno a las manufacturas y servicios europeos -con sus correspondientes puestos de trabajo- sólo obtendría la contrapartida de una pequeña cuota para la ganadería y la agricultura en el Viejo Continente, operada por las grandes empresas del agro local.

 

El aliado en Brasil

Que el pedido sea o no aceptado por el Mercosur depende, en gran medida, de lo que ocurra con Brasil en las elecciones del domingo 28. El candidato que encabeza las encuestas, Jair Bolsonaro es, según el periodista especialista en Latinoamérica Mariano Vázquez “una mezcla muy rara de ultraliberalismo y fascismo”.

“Bolsonaro habla de salirse de los Brics (mercados emergentes), dice que le va a entregar la Amazonía a los empresarios y que va a reducir el Estado al mínimo. Su gurú económico es Paulo Guedes, discípulo de la Escuela de Chicago, que fue uno de los asesores de Pinochet”, detalla Vázquez.

De ganar Bolsonaro, la posibilidad de eliminar la cláusula que sostiene al Mercosur como una unión aduanera se vuelve muy tangible.

Esto sería un retroceso bastante importante en los objetivos que tiene el Mercosur que es apuntar a un mercado común. Sería volver a una especie de zona de libre comercio, algo más semejante a la Alianza del Pacífico, es decir una plataforma más para ganar lugar en mercados extraregionales que para profundizar la relación entre los propios miembros”, analiza Frenkel.

en octubre

Nuestros temas