Por Carlos Saglul | Gobierna la Argentina Hipólito Yrigoyen, el primer presidente electo luego de instaurada la Ley Sáenz Peña, un hito fundamental de la democracia y resultado de las luchas de los sectores populares que se completaría con la instauración del voto femenino en 1947, durante el gobierno de Juan Domingo Perón. Los norteamericanos han invadido Santo Domingo. Un crucero con bandera argentina, el “Nueve de Julio”, llega a la capital de ese país. En el puerto flamea la bandera del invasor. Cuenta Manuel Gálvez que “el crucero no hace los saludos de práctica. En la ciudad piensan que algo raro ocurre en el barco. Representantes de las autoridades van hacia él. Preguntan al jefe por lo que sucede. Y el jefe, que ha sido minuciosamente instruido por el propio Yrigoyen, les contesta con estas admirables palabras: ‘Tengo orden del señor presidente de la República de saludar a la bandera de Santo Domingo; pero como no es esa la que veo en el fuerte, debo abstenerme de todo saludo’”.

Gregorio Selser completa la reconstrucción de los hechos: “en la ciudad se tiene inmediatamente noticia de estas palabras. Unas mujeres preparan una gran bandera dominicana y la levantan. Y entonces las veintiuna salvas de los cañones argentinos saludan, frente a la histórica Santo Domingo, a la desgraciada nación hermana”.

Desde su creación, los Estados Unidos ha invadido 72 países. Sus fuerzas armadas tienen bases en 63. Desde el 11 de septiembre de 2001, montaron flamantes bases militares en ocho naciones. En total, hay 255.065 efectivos militares estadounidenses desplegados en todo el mundo, según Hugh de Andrade y Bob Wing en Tropas Militares Americanas y Bases alrededor del Mundo. Ese país, que se dice “vigía de la democracia en el mundo”, bombardeó más poblaciones civiles que ninguna organización terrorista en la historia de la Humanidad.

Nombremos sólo algunos países agredidos porque la lista es demasiado larga: Guatemala, Indonesia, Cuba, Congo, Laos, Vietnam, Camboya, Granada, Líbano, El Salvador, Nicaragua, Irán, Panamá, Afganistán, Kuwait, Sudan, ex Yugoslavia, Yemen. Los golpes de Estado llevados adelante con su auspicio y financiamiento en la década del setenta dejaron como resultado millares de muertos y desaparecidos. Los casos emblemáticos han sido Chile, Argentina, Guatemala.

Con la misma impunidad y el respaldo de los organismos internacionales que maneja a su antojo y que son cómplices de las invasiones a Irak, Afganistán, Libia, Siria; Estados Unidos llama públicamente a derrocar al gobierno Venezuela. Brasil, Argentina y la OEA lo secundan.

Defender la no intervención en Venezuela no significa defender la política de Nicolás Maduro, al frente del proceso bolivariano luego de la emergencia que significó la muerte de Hugo Chávez. Estados Unidos lo sabe pero solo descasará hasta tener un gobierno títere en la mayor reserva de petroleo del mundo.

No por anunciada es menos lamentable la postura del gobierno argentino, y de ese sector de radicalismo que lo respalda. Deja arrastrarse en el barro de la historia, una de las principales banderas que heredó de sus fundadores: la política de no intervención y el no seguimiento de los atropellos imperiales a las naciones del Tercer Mundo.

A diferencia del radicalismo que puede sentir nostalgia de aquellas banderas de Hipólito Yrigoyen, Cambiemos y sus principales referentes, muchos de cuyos apellidos encuentran raigambre en la Década Infame, han sido siempre fieles sostenedores de las relaciones carnales que caracterizan a la colonia donde la única industria nacional que parece prosperar es la de la entrega.

Ya hay un base norteamericana en Vaca Muerta. El progreso de Bolivia y su política soberana es un ejemplo que Estados Unidos no tolera. La complicidad de la administración de Mauricio Macri con el golpe de Estado norteamericano que trata de imponer un presidente de facto en Venezuela es un acto de consecuencias regionales que no se agotan en Caracas. La democracia vuelve a peligrar en el Continente. Cuando los Estados Unidos invadieron Irak titulamos Bagdad no esta tan lejos, después siguieron por Afganistán, Libia, Siria. Hoy la águilas ya vuelan aquí, sobre nosotros.

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