Por Carlos Saglul | Alimentos es el rubro que más aumentos de precios reportó en lo que va del año. Los comedores barriales duplican y triplican su población. Hay ollas populares en las escuelas. En algunas, muchos padres desocupados van a pedir ayuda. El financiamiento oficial es insuficiente. El hambre estaría haciendo estragos si no fuera por la organización popular que suple en parte a la desidia oficial. Algunas zonas del Gran Buenos Aires pueden ser un polvorín si la ayuda alimentaria no llega. No hay provocadores que tratan de armar saqueos, como dice el Ministerio de Seguridad. Al contrario: lo que hace la militancia barrial de los distintos colores políticos es mitigar una situación dramática a través de la contención.

¿Cuál es la razón de las amenazas contra las ollas y comedores populares? Ahora, inclusive, hay secuestros. El sistema prefiere controlar a los sectores más humildes mediante el miedo. Teme que la organización que se desarrolla alrededor de la necesidad de no morirse de hambre termine en una demanda de verdadera justicia social.

En un país que produce alimentos para más de 400 millones de personas, un 20 por ciento de los niños sufren desnutrición crónica. Cada 73 segundos, esa fábrica de pobres que es el gobierno de Cambiemos arroja a alguien más a la indigencia.

“Pese a que la pobreza se agrava como nunca en estos días, el modelo se viene profundizando desde hace más de treinta años. Para la lógica imperante, millones de argentinos están destinados a no tener jamás un trabajo digno y a vivir por lo tanto del auxilio estatal”, señala Isaac Rudnick, director del Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (Isepci).

Para el economista, que con su equipo realiza trabajos estadísticos y de acción social en el conurbano bonaerense “reparten ayuda para que no se verifique una explosión social, pero toda esa gente sobra para los que construyen el actual modelo de país”.

¿Cuál es la situación en el conurbano?

-La situación de miseria e indigencia es muy grave. Esto se va a reflejar cuando el Indec publique datos del último semestre. Los dos paliativos (bonos) que dio el Gobierno no tienen en cuenta el verdadero cuadro. Una familia con dos hijos no puedo subsistir en materia alimentaria con menos de 8 mil pesos mensuales. Lo otro es hambre. El deterioro se va profundizando cada vez más entre lo que viven de asignaciones estatales o changas.

¿En qué grado el descontento se aproxima al del 2001?

-El enojo más marcado se ve entre los que votaron por este gobierno pensando que resolvería determinadas situaciones. Esas situaciones no se han solucionado y, por el contrario, se agravaron. Además, se generaron nuevos problemas. Lo que pasa en materia de salud y educación es claro. Hospitales sin medios ni médicos, escuelas en conflicto o cerradas.

Sin embargo, no hay clima de explosión social. Se debe a que se reparten alimentos. En general, son productos con altos valores de hidratos de carbono, no proteicos. Forman generaciones de pobres malnutridos, pero que no llegan a la desesperación del hambre. Eso es lo que les interesa, ese reparto de alimentos es la última barrera contra un estallido. No les importa la salud pública o terminar con el hambre, se trata de asegurarse que no haya un estallido.

¿Qué pasa con los planes sociales? ¿Hasta dónde sirven?

-Son claramente insuficientes. Al no generarse trabajo genuino, no se avanza sobre la pobreza. No vas a encontrar por ninguna parte la honestidad que significan políticas realmente inclusivas. Hace más de una década que mucha gente vive de estos planes. Ahora eso creció. No sólo no se cubren las necesidades de la pobreza estructural, las partidas no tienen relación con una miseria que crece día a día.

Vivimos los efectos de un plan que impulsa un reparto regresivo de la riqueza. El nivel de mayor aceleración de la concentración en pocas manos se da en estos días con la escalada inflacionaria, los aumentos. Era esperable de un gobierno que está integrado por los sectores empresarios más poderosos del país. Los funcionarios trabajan descaradamente para enriquecer a las compañías a los que pertenecen.

¿Cómo repercute la reducción de la obra pública en los municipios? ¿Ves alguna posibilidad que este proceso se estabilice?

-Se cortó esa posibilidad de trabajo. Miles quedaron desempleados sin posibilidad de recuperar su situación anterior. Todos ellos van a sumarse a las legiones que parecen no tener lugar en este país.

La posibilidad de que este plan se estabilice va de la mano de que el gobierno logre un consenso basado en el miedo a través de cuotas represivas en crecimiento que paralicen cualquier acción de los trabajadores ante el deterioro de sus ingresos. Si esto sucede, podrán lograr lo que se proponen. A la mayoría del pueblo sólo le quedará sobrevivir con jubilaciones y asignaciones miserables.

Hay una esperanza. Los acontecimientos que vivimos en estos días hablan de una creciente resistencia de los sectores populares, un proceso de lucha que se amplía. Veremos el resultado de esta contradicción de acá a fin de año. Hay que ver qué cuadro tenemos a final de 2018. Las cosas van a estar más claras.

 

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