Por Pablo Bassi | En estos días se registra una serie de movimientos sísmicos en la superestructura política que ya dejó heridos. El peronismo, “un tiburón que huele sangre y ataca”, se encolumnó de izquierda a derecha, alcanzó 131 diputados y le arrebató al radicalismo su hombre en el Consejo de la Magistratura, sillón que ostentaba desde su creación en 1998.

De esta manera, la representación de la Cámara baja en el estratégico órgano que promueve y disciplina jueces quedó en manos de una mayoría integrada por el camporista Wado de Pedro y la massista Graciela Ocaña, secundados por Martín Llaryora -que responde a Juan Schiaretti-, y la kirchnerista Vanesa Siley.

Que la expresión minoritaria de Cambiemos haya quedado en voz del macrista Pablo Tonelli enfureció a la cúpula radical, que le enrostra por lo bajo al ministro Rogelio Frigerio y al jefe de Gabinete, Marcos Peña, haber tramado un acuerdo con el Justicialismo a cambio de los votos necesarios para aprobar el Presupuesto e, incluso, para promover a Miguel Pichetto a la Corte Suprema.

La grieta oficialista provocó la suspensión de sesiones previstas hoy en ambas cámaras del Congreso. Quedaron colgados Bienes Personales y la Ley Nacional de Alquileres que, si no son tratados el próximo 27, sólo podrían ser aprobados antes de fin de año mediante una sesión extraordinaria.

“Lo que nos causa sorpresa y también profundo malestar es que la impericia en las filas del propio oficialismo. La impericia, mala praxis y desidia política está a la vista y no estamos dispuestos a minimizarlo ni ocultarlo”, firmaron el presidente de la UCR, Alfredo Cornejo, el presidente de Cambiemos en Senadores, Luis Naidenoff, y el presidente del bloque radical en diputados y consejero eyectado, Mario Negri.

“Ya nadie discute en este país que cualquier decisión vinculada a la economía mina primero las variables institucionales, como condición previa a esa decisión. Y tener Justicia es quizás uno de los principales factores”, agregaron.

No es la primera vez que la alianza de gobierno cruje. En otras oportunidades, el socio minoritario pero extendido de Cambiemos alzó su voz contra cierta medida económica adoptada por el Ejecutivo que atentaba contra su base electoral. O reclamó más lugares de jerarquía en la Rosada, o de expectativa en listas electorales. Nada le sacó los pies del plato.

En aquellas ocasiones, el radicalismo intentó ir por más con resultado dispar. Ahora, en cambio, relincha por lo que perdió y levanta la guardia.

El centenario partido agita el fantasma de una nueva mayoría que, además de arrebatarle su lugar en el Consejo de la Magistratura, volvió a imponerse ayer en Senadores para impedir la sesión que iba a tratar el desafuero de Cristina Fernández. Podría ser ésta una buena estrategia de polarización duranbarbista aunque, por ahora, lejos está de concretarse la unidad que abrace a la oposición peronista.

De hecho, hoy por la tarde el G4 que integran Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey, Miguel Pichetto y Juan Schiaretti se reunirá en la Casa de la Provincia de Entre Ríos, en búsqueda de constituir un interbloque en Diputados. Serán de la partida Juan Manzur, de Tucumán; el anfitrión Gustavo Bordet; Domingo Peppo, de Chaco; Mariano Arcioni, de Chubut; más hombres y mujeres que responden a Sergio Uñac, de San Juan; y Hugo Passalacqua, de Misiones.

A medida que se aproxima el inicio del calendario electoral se aceleran las definiciones atravesadas por encuestas y un enigma determinante. El año parece perdido.

 

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