Redacción Canal Abierto | Un grupo de trabajadores del  sector mantenimiento  electromecánico, junto a compañeros de limpieza y otras áreas, toman la planta de la empresa metalúrgica Alsina, en la localidad bonaerense de Ensenada, perteneciente a la compañía TERNIUM SIDERAR, para intentar retrotraer los diez despidos que se dieron a conocer ayer.

La firma perteneciente a la multinacional Techint se encuentra totalmente paralizada desde el lunes a primera hora de la mañana.

Hernán Gauna, uno de los despedidos, explica a Canal Abierto que se trata de “un achique”. Dice: “La gente acá esta en planta permanente, a pesar del cambio de nombre de la firma los empleados siempre quedan, hay gente con 30 años de antigüedad, el promedio es de 10 o 15 años”.

En estos momentos se desarrolla una reunión en el ministerio de Trabajo con autoridades de la empresa y dirigentes de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), donde tendrán que explicar los motivos del recorte de personal.

“Cuando cambió la firma acordamos una quita salarial de bolsillo real, superior al 20%, en función de que no toquen a ningún compañero, acuerdos extorsivos de estas multinacionales que igual son explotadoras, pero ayer rompieron este acuerdo ejecutando el cese de 10 personas”, denuncia Gauna desde el interior de la planta.

Techint es el principal grupo económico del país y una de las dos mil empresas más importantes del mundo. La semana pasada el holding presidido por Paolo Rocca, de estrecha relación con Mauricio Macri, compró una metalúrgica en Arabia Saudita por 141 millones de dólares.

Su empresa Siderar es la exportadora de productos industriales más potentes de la región. A pesar de que a fines de 2018 la actividad en la producción de acero cayó, es uno de los pocos sectores de la economía que creció con respecto a 2017.

Gauna ratifica que “hace 3 meses estamos con una persecución laboral terrible, hoy en mantenimiento somos cincuenta personas y no podemos sostener la demanda que manifiesta la línea de producción, somos menos de lo que deberíamos ser, con lo cual no alcanzan las horas y estamos recargados de trabajo”.

Sin embargo asegura que están “sometidos a un apriete innecesario y descarado”.

“Nosotros estamos atrincherados en la planta hasta que esto se retrotraiga -porque si salimos no entramos más-, pidiendo que cumplan con lo que se habían comprometido”, reclama el operario despedido.

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