Por Pablo Bassi | La conmoción entre los trabajadores del Posadas aún persiste. Días atrás, las autoridades del hospital encargaron a un grupo de trabajadores decidir quiénes entre ellos pasará a integrar la lista de más 700 despedidos desde diciembre de 2015.

Algo parecido les había sucedido a los doce periodistas de ANSA, la agencia italiana de noticias en Buenos Aires. Sentados alrededor de una mesa, soportaron escuchar a mediados de febrero cómo un gerente les delegaba, en vivo y desde Roma, ser verdugos de la continuidad laboral de la mitad del plantel.

“Como en Tute Cabrero, ¿no te acordás?”, pregunta en diálogo con Canal Abierto Ezequiel Fernández Moores, delegado en ANSA.

El cinismo y el desprecio, hechos realidad en estos ejercicios abusivos del poder patronal, asoman actuados en la película que en 1968 dirigió Juan José Jusid, escrita con Roberto “Tito” Cossa. Como una premonición, Tute Cabrero presenta a un directivo de la empresa Alfa empleando la misma terminología de CEOs macristas, para persuadir a tres dibujantes que resuelvan quién de ellos, en 48 horas, debe abandonar el puesto.

“Nadie mejor que ustedes para decidir esto. Es lo más justo, ¿no les parece?”, les dice luego de ufanarse que ha peleado mucho para evitar el “plan de racionalización” empresaria y los “criterios de racionalidad”.

Se desata entonces un guerra fría intestina entre Sergio, un joven de 25 años caracterizado por Luis Brandoni, que no duda en menoscabar ante el jefe las incapacidades de un viejo Sosa, encarnado por Pepe Soriano. Juan Carlos Gené, en el papel de Carlos, busca por el contrario una salida colectiva.

No es justo, es abuso

A Ezequiel Fernández Moores todavía le sorprende lo que pasó. Junto a sus compañeros, intentó convencer al gerente romano de su desacertada decisión en el seno de una sociedad castigada con los últimos cientos de miles de despidos.

Advertida de semejante desprolijidad, la empresa envió a un abogado para invitar a cada uno de los trabajadores a acogerse al retiro voluntario. Pero no tiene éxito: ningún periodista aceptó.

“Nosotros rechazamos los despidos y el ultimátum, que vence el próximo lunes 11 de marzo”, anticipa Fernández Moores. “Han habido audiencias en la secretaría de Trabajo, sin soluciones. Así que seguimos manteniendo el estado de asamblea permanente”.

En el caso del Posadas, el panorama es más complejo. Los efectos de la saña con la que el Gobierno arremete sobre el hospital nacional desde su asunción consiguen penetrar en el cuerpo de trabajadores, en gran parte precarizado. Las perspectivas del conflicto resultan inciertas.

Son 17 los profesionales monotributistas de quienes busca deshacerse el macrismo en distintas áreas, aplicando la dinámica Tute Cabrero en al menos dos: Emergencias y Kinesiología. Esta última con una impericia tal, que pretende reducirla de 18 a 9 personas.

Dentro de la Asociación de Abogados y Abogadas Laboralistas, no se reconoce a esta modalidad de despido como una tendencia, aunque tampoco se descarta que sea el comienzo de un invento made in Argentina. También advierten que si bien en los lugares donde se establecen relaciones formales de trabajo es el empleador quien tiene el poder de dirección, no se puede despedir de cualquier manera.

En este aspecto coincide Luis Campos, del Observatorio del Derecho Social de la CTA Autónoma: “La ley dice, por ejemplo, que un empleador no puede ejercer su facultad de dirección despidiendo de manera discriminativa ni abusiva o contrario al Derecho. Y el Derecho no avalaría la crueldad”, señala a Canal Abierto.

En el Tute Cabrero, juego viejo de cartas españolas, el objetivo es excluir participantes a partir de una estrategia conspirativa, trazada por al menos dos jugadores. Una analogía perfecta de los modales que reinventa el capitalismo para corroer la solidaridad colectiva y plantar la capacidad de autodestrucción.

Será tarea de los trabajadores, tal vez, crear nuevas tácticas resistentes mientras modelan un juego mejor.

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