Por Federico Chechele | “Quiero ser evaluado como presidente por si fui capaz, o no, de reducir la pobreza”, dijo Mauricio Macri cuando los pobres empezaban a crecer durante su mandato. Si él mismo propuso ese desafío, lo está perdiendo y la evaluación llegará a la hora de ir a votar. Pero como no todo es la economía, más allá del enunciado que patentara Bill Clinton, el Presidente todavía tiene chances de competir porque la política tiene juego propio.

Pero no la tiene fácil. Desde esta columna venimos enunciando los índices económicos oficiales que estallan por el aire, y los de esta semana son aún más lapidarios. La pregunta que se hacen todos – oficialismo, oposición y ciudadano a pie – ¿puede el Gobierno ganar una nueva elección con una economía incendiada?

Si nos remontamos al pasado inmediato de la democracia post dictadura no será una tarea sencilla para Macri si decide ir por la reelección, más teniendo en cuenta que Durán Barba le entregó esta semana encuestas tan negativas que la posibilidad de ir por otro mandato se está replanteando seriamente.

Desde 1989 hasta 2015 hubo siete elecciones presidenciales. Los oficialismos sólo pudieron retener una vez la presidencia en años con la economía en retroceso. Fue Carlos Menem en la reelección de 1995. Pero hablamos de la caída del PBI y la economía a la baja, algo menor al derrumbe social actual. Sin puntualizar en cada uno de los casos, cuando la economía alcanzaba grados de normalidad se impuso el partido o el candidato que ocupaba la Casa Rosada.

Pero nos repetimos en la miseria. La película El Día de la Marmota se trata de un meteorólogo que se encuentra atrapado en el tiempo, repitiendo el mismo día una y otra vez. Algo similar nos pasa a los argentinos, de a décadas, cuando nos quedamos encerrados en la lógica de los mercados y vemos repetir la angustia de convivir con la inflación, la suba sistemática del dólar, el desempleo o revolviendo la basura.

 

Todos los indicadores económicos negativos

Sólo en esta semana se dieron a conocer los siguientes datos:

  • Según el INDEC, la pobreza alcanzó el 32% en 2018. Implica que hay 14,3 millones de personas pobres a nivel nacional. La indigencia alcanzó el 6,7%, que equivale a casi 3 millones de personas que hoy sufren hambre.
  • Pensamiento y Políticas Públicas (IPyPP) que encabeza Claudio Lozano, presidente de Unidad Popular, anunció que en el cuarto trimestre del año pasado la pobreza trepó hasta el 35,9% y el porcentaje de indigentes fue 7,4%.
  • El informe de la UCA visualizó que casi dos millones de personas cayeron en la pobreza durante 2018. Pasaron a esta situación de 10.773.000 a 12.676.500 en doce meses.
  • Argentina es el país con la mayor caída industrial del mundo. En 2018, el país encabezó el ranking de descenso interanual en producción manufacturera con una caída del 7,2%, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial. La siguen, lejos, Kazajistán, Jordania, Malta y Burundi.
  • En 2019, Argentina pagará más de un millón de pesos por minuto sólo en intereses de deuda.
  • Cada tres días una empresa pide la apertura del procedimiento preventivo de crisis.
  • La deuda externa aumentó USD 43.372 millones a lo largo de 2018, casi el 10% del PBI.
  • Según un relevamiento de Unicef se triplicó la cantidad de gente que busca comida en basurales

¿Está o no está la plata?

Las dudas y los temores hacia el Gobierno también alcanzan a los inversores. Esta semana, XP Securities, una compañía financiera, encuestó a más de 50 fondos internacionales, los que colocan su dinero (o el de sus clientes) en activos de la Argentina y resumieron sus desvelos en dos grandes focos: las “convicciones” -creen que Macri tiene las mayores probabilidades de ganar pero no descartan a un peronista moderado-; y sus “preocupaciones”  -el exceso de suba del tipo de cambio y la inflación persistente-. Por ahora, siguen mirando de reojo y no ayudan en nada al Gobierno.

Como las malas noticias le llueven al Gobierno, esta semana la Corte Suprema de Justicia de la Nación determinó que es inconstitucional que los jubilados paguen Ganancias. Este fallo podría tener alto impacto económico para el presupuesto que diseña Cambiemos porque sienta jurisprudencia sobre 300.000 jubilados más que tributan Ganancias. Deberán sacar la plata de algún lado.

Sin embargo, al momento de describir la crisis el Gobierno miente porque evidentemente dinero para repartir hay. Así lo demostró María Eugenia Vidal al presentar la segunda oferta a los docentes bonaerenses.

La propuesta contempla un 15,6% para la pérdida adquisitiva del salario durante 2018 y, a su vez, para este 2019 aplicarán la cláusula gatillo que establece una revisión trimestral en función de la inflación. En total serán alrededor de un 60% de aumento. Plata hay.

 

El ajedrez de la política

Con diferentes posicionamientos, los interesados en competir por la presidencia mantienen cautela. A Macri lo bajaron del anuncio del INDEC sobre los indicadores de pobreza y esta semana no se enojó públicamente con nadie. La oposición se mueve en silencio y deja que el Gobierno se desangre solo.

El que rompió el formato de la mesura fue Roberto Lavagna quien rechazó un eventual diálogo con Cristina Kirchner: «Hay ciertos límites que es bueno mantener», dijo y fue interceptado por el cristinismo duro.

No respondió y se llamó a silencio. Lavagna espera otra corrida bancaria para restarle votos a Macri y posicionarse como la solución económica porque sabe que la imagen del Presidente está atada al dólar: si hay corrida se desploma y si está estable, crece.

Los que jugaron fuerte fueron los radicales encabezados por Federico Storani. El vicepresidente segundo de la UCR dijo «no creo que Macri sea el mejor candidato, por eso estoy pidiendo que nos abran las PASO» y añadió: «no sería una locura que la UCR rompa con Cambiemos para apoyar a Lavagna». Luego se le sumó Ricardo Alfonsín.

En mayo se realizará la convención del radicalismo y ahí se resolverá si continúan dentro de Cambiemos o buscan otra alternativa. Pero más allá de las diatribas mediáticas hoy el poder de la UCR está concentrado en los gobernadores y, a pesar de haber desdoblado los comicios para no quedar pegados a la Rosada, la buena relación se prolonga subordinados a la caja nacional.

A Macri lo bajaron del anuncio del INDEC sobre los indicadores de pobreza y esta semana no se enojó públicamente con nadie. El vicepresidente segundo de la UCR dijo «no creo que Macri sea el mejor candidato, por eso estoy pidiendo que nos abran las PASO» y añadió: «no sería una locura que la UCR rompa con Cambiemos para apoyar a Lavagna».

Acercamiento entre las centrales sindicales

El gobierno de Macri está logrando sintonías en la política difíciles de creer años atrás. Lo mismo está sucediendo con los reclamos gremiales que se verán reflejados el próximo jueves 4 de abril en una masiva marcha por parte de todas las centrales obreras.

La iniciativa partió de la CGT aunque en el transcurso de las semanas bajaron los decibeles. Desde la calle Azopardo acordaron caminar a la sombra desde Once hasta la Av. 9 de Julio. Llegar y desmovilizar. No quieren acto, le tienen pánico al atril.

Sin embargo, esta semana la CTA Autónoma encabezada por Ricardo Peidro, Hugo “Cachorro” Godoy y Claudia Baigorria, se reunió en la Federación Gráfica junto a la Corriente Federal con la presencia de Sergio Palazzo y el “Gringo” Amichetti y representantes de los movimientos sociales (CTEP, CCC, Barrios de Pie, el Fol y el Frente Popular Darío Santillán) para acordar una estrategia diferente a la propuesta de la CGT. Estos actores también llevaron el mandato del moyanismo, de los sindicatos portuarios que encabeza Juan Carlos Schmid y a la CTA de los Trabajadores de Hugo Yasky. Resolvieron convocar a sus bases en la plaza del Congreso y sumarse a la marcha recién cuando pasen las columnas que encabezarán la dupla Daer-Acuña. Todavía falta resolver un posible acto, pero la construcción de un quinto Paro General está en marcha.

 

La incertidumbre social

Mientras la política y los mercados mueven fichas como en el ajedrez la gente se hace señas del truco y sin liga. Poco se sabe qué pasará en las próximas semanas, pero reina la incertidumbre porque la plata no alcanza, hay temor a perder el trabajo y la tortura psicológica del dólar aplasta.

La gran deuda de la democracia sigue siendo la pobreza y, en situaciones normales, con la tristeza y la bronca de la estadística de que casi la mitad de los niños son pobres, esto debería ser prioridad en el debate político previo a las elecciones. Pero hay que estar atentos, nadie se imagina a Cambiemos perdiendo la elección y yéndose a su casa. Algo puede pasar.

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