Por Federico Chechele | Mauricio Macri ya no sabe qué inventar para poner arriba su agenda y posicionarse como candidato presidencial en la búsqueda de un nuevo mandato. Semanas atrás presentó el plan de Precios Esenciales, luego hizo lo propio con la difusión de los 10 puntos para calmar a los mercados; y esta semana convocó a los partidos políticos, las cámaras empresariales, los gobernadores, la Iglesia y a un sector de la CGT para, justamente, discutir esos puntos.

El vacío a la convocatoria presidencial fue categórico. Los únicos que asintieron al llamado fueron los empresarios. Desde Roma, la iglesia pidió abrir el debate. Y Rogelio Frigerio sólo pudo reunirse con los gobernadores Domingo Peppo y Gustavo Bordet, además del siempre enigmático Daniel Scioli que para colmo no estuvo presente en el acto de Cristina Kirchner en la Rural. Mientras tanto, los demás gobernadores, con cautela y bajo perfil, se hicieron los desentendidos y se focalizaron en las disputas electorales de sus distritos.

Mientras sigue enviando a algún funcionario o ministro para convalidar su candidatura, el Presidente sigue apremiado por los números de las encuestas que lo dan perdedor en octubre o en un supuesto balotaje. Necesita llegar al 22 de junio que es el día que se inscriben las candidaturas y no quedar en el intento, lo que sería su mayor fracaso personal.

Sin embargo, la encuesta de Isonomía que en abril armó el mayor alboroto en el círculo presidencial y en los mercados, sugestivamente, mostró esta semana un sondeo que grafica que aquellos nueve puntos que Cristina Kirchner le sacaba (45% a 36%) en la probable segunda vuelta, ahora serían solo cuatro.

Al rechazo que provoca el intento de reelección de Macri dentro de un sector del Gobierno y por parte del “G6”, conformado por la Unión Industrial, la Sociedad Rural, las Cámaras de Comercio y de la Construcción, la Bolsa de Comercio y la Asociación de Bancos Privados de Capital Argentino, ahora hay que sumarle la bomba que tiró desde tierras mendocinas el gobernador Alfredo Cornejo: con Cambiemos no alcanza, hay que sumar a otros sectores.

Ahí apareció Elisa Carrió que una vez más amenazó con romper con Cambiemos si llegaran a abrir el espacio al peronismo y a Martín Lousteau. Es la misma dirigente que le sigue restando votos cuando en las últimas semanas agradeció a Dios por la muerte de José Manuel de la Sota, amenazó a un periodista en Córdoba, dijo que está «harta del país» y que predijo hace exactamente un año que nos quedemos tranquilos, que “el dólar va a quedar en 23”. Hoy está a 45.

No saben qué hacer. Atrás quedó aquella estrategia de mostrarse débiles para agigantar el riesgo de la vuelta del peronismo. Es tal la esquizofrenia dentro de Cambiemos que la propia gobernadora María Eugenia Vidal –la elegida en la interna de la alianza gobernante– dijo esta semana que «es mi deseo, si los bonaerenses vuelven a elegirme, ser gobernadora 4 años más. La Provincia de Buenos Aires es mi lugar y ahí quiero estar»: mientras repetía el libreto de la Casa Rosada, se difundía, según datos oficiales, que se cometen más de 100 delitos por hora en territorio bonaerense. Al mismo tiempo, Patricia Bullrich recomendaba el uso de pistolas Taser en el Hospital Posadas.

Para colmo, este domingo deberá sobrellevar una nueva paliza electoral. El gobernador peronista y candidato a la reelección, Juan Schiaretti, obtendrá un triunfo aplastante. Las encuestas apuestan a una victoria que supere el 50% de los votos. De lejos, contarán sus votos Mario Negri y Ramón Mestre que fracturaron Cambiemos tras la estrategia electoral que encabezó Carrió con la venia de la mesa chica del partido de gobierno.

Con el triunfo bajo el brazo, Schiaretti nacionalizará su victoria pero difícilmente podrá mostrarse como un líder nacional. Son varios los candidatos que esperan abrazarse a la conquista del cordobés para ordenar el espacio. Entre ellos, Roberto Lavagna que esta semana se mostró junto a Alberto Weretilneck.

En Argentina Federal esperan que Schiaretti se erija como el coordinador y jefe de la estrategia electoral del peronismo para poner en imagen la encuesta de Synopsis que se difundió esta semana: Lavagna aparece con 17 puntos de intención de voto en un escenario de primera vuelta y el espacio asoma con 21 puntos en una PASO con Massa y Urtubey.

No saben qué hacer. Atrás quedó aquella estrategia de mostrarse débiles para agigantar el riesgo de la vuelta del peronismo. Es tal la esquizofrenia dentro de Cambiemos que la propia gobernadora Vidal dijo esta semana que «es mi deseo, si los bonaerenses vuelven a elegirme, ser gobernadora 4 años más. Al mismo tiempo, Patricia Bullrich recomendaba el uso de pistolas Taser en el Hospital Posadas.

Cristina Kirchner reapareció con todo

Si bien evitó hablar de su candidatura en la presentación del libro “Sinceramente” en La Rural, la ex presidenta dejó en claro que está en carrera. Relajada y con su habitual tono irónico superó la expectativa de propios y ajenos. Su discurso midió 36 puntos rating entre la televisión de cable y aire, algo inédito en los tiempos que corren. Más allá de las ganas de su militancia, quedó evidenciado que había mucho interés en todo lo que iba a decir. Y no defraudó.

Del otro lado esperaban agazapados que reivindicara a Nicolás Maduro, pero llenó de elogios a Donald Trump. «Miren lo que está pasando en Estados Unidos. La economía vuela, tienen el índice de desempleo más bajo desde hace 50 años», lanzó con un tiro por elevación a la gestión de Cambiemos. Acusó a Macri de duplicar los planes sociales y pidió un «contrato social» entre todos los argentinos.

La única señal que reveló sobre la posibilidad de que compita por un tercer mandato fue cuando salió a saludar a la militancia y ante la entonación de «Cristina Presidenta», no se hizo la distraída, bailó y murmuró la letra.

A pesar de la traba que tiene Macri para salir de su propio laberinto, si Schiaretti ordena Alternativa Federal y Cristina Kirchner (casi) lanzada, en esta carrera en la que gana el que tiene la mejor política para la bronca, con los tres frentes en posición de largada el que sale más beneficiado es el Presidente. Falta un mes de trabajo para cerrar los frentes y las candidaturas. O si no, esperar al balotaje.

Del otro lado esperaban agazapados que CFK reivindicara a Nicolás Maduro, pero llenó de elogios a Donald Trump: «Miren lo que está pasando en EEUU. La economía vuela, tienen el índice de desempleo más bajo desde hace 50 años», y acusó a Macri de duplicar los planes sociales.

Prioridades

Mientras Macri pedalea en una bicicleta fija, esta semana se supo que la Industria y la construcción se desplomaron hasta un 13%. Y según la Universidad Nacional de Avellaneda los ingresos de las grandes empresas cayeron un 46%. Nada funciona, ni las proyecciones optimistas del Gobierno que se derrumbaron más que índices negativos.

Pero cuando creemos que ya nada más nos puede sorprender, esta semana nos quedamos inmóviles con Marina Simian, la científica del Conicet que se presentó en el programa “¿Quién quiere ser millonario?” porque, según explicó, necesitaba recaudar fondos para poder avanzar en la investigación de una cura para el cáncer que lleva adelante con su equipo de trabajo.

«No nos depositan los subsidios que tenemos ganados y tenemos que trabajar. Me anoté porque soy osada y me pareció una oportunidad. Pueden venir cuando quieran a ver el trabajo que hacemos», dijo en el programa que a esta altura puede ser rebautizado como Los Juegos del Hambre.

Fue tal el revuelo que se armó, que el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, tuvo que salir a dar explicaciones. Sin embargo, cuando se esperaba una respuesta políticamente correcta, el funcionario lanzó: “Cuando uno discute prioridades también tiene que discutir qué cosas no son prioritarias para el país, porque nosotros tenemos que hacer un esfuerzo para dejar de vivir de prestado”. Inmediatamente después renunció Dora Barrancos al directorio del Conicet.

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