Redacción Canal Abierto | “Nuestros derechos reproductivos están siendo borrados. Hasta que las mujeres tengamos control legal sobre nuestros propios cuerpos, no podemos arriesgarnos a un embarazo. Únanse a mí no teniendo sexo hasta que recuperemos la autonomía del cuerpo”. Como una Lisístrata moderna, la actriz Alyssa Milano encabezó la cruzada en Twitter con el hashtag  #SexStrike (#HuelgaSexual), en protesta contra las restricciones al aborto legal en estado estadounidense de Georgia, donde hasta ahora era posible hasta la semana 20 de embarazo.

El gobernador republicano del lugar, Brian Kemp, promulgó el proyecto de ley la semana pasada que impide la interrupción voluntaria del embarazo a partir del momento en que sea detectado el latido del corazón, lo que ocurre a la sexta semana, cuando la mujer aún puede desconocer su estado. La nueva legislación entrará en vigencia en 2020, momento en el que Georgia se convertirá en el cuarto estado en castigar los abortos, lo que despertó un descontento social que encontró en esta vieja estrategia una forma de lucha.

Los vínculos entre sexo y poder, largamente analizados por el psicoanálisis y el feminismo, han tenido, a lo largo de la historia, su versión de resistencia.

Desde la comedia griega de Aristófanes, allá por el 411 a.C., donde Lisístrata encabeza una huelga sexual como forma de presión para que los hombres le pusieran fin a la Guerra del Peloponeso, pasando por las mujeres colombianas que impulsaron una “huelga de piernas cruzadas” en 2006 para frenar los asesinatos con los que las pandillas diezmaban las calles y mostraban su hombría, la lucha al interior de los dormitorios ha logrado grandes conquistas sociales.

Unos años antes, en 2003, la asociación de mujeres Women of Liberia Mass Action for Peace, organizó una protesta que incluía la huelga de sexo con la intención de poner fin a la Segunda Guerra Civil Liberiana que duró catorce años de guerra. Gracias a ellas, la guerra terminó.

Sólo por nombrar algunas, en 2011 las mujeres del municipio colombiano de Barbacoas lograron, tras más de tres meses de huelga sexual, que sus maridos, novios y amantes se sumaran a los reclamos para la construcción de una ruta que uniera al pueblo con la red vial de Colombia. La huelga funcionó y se pavimentaron 57 kilómetros de carretera.

Unos años antes, en 2003, la asociación de mujeres Women of Liberia Mass Action for Peace, organizó una protesta que incluía la huelga de sexo con la intención de poner fin a la Segunda Guerra Civil Liberiana que duró catorce años de guerra. Gracias a ellas, la guerra terminó. Luego, y por primera vez en la historia de ese país africano, asumió la presidencia una mujer, Ellen Johnson-Sirleaf, quien años después recibió el Premio Nobel de la Paz junto a Leymah Gbowee, líder de la organización femenina.

 

En Hollywood

Por su parte y en la red social del pajarito, Milano -integrante del movimiento MeToo- amplió la proclama: “Podemos amar el sexo y luchar por nuestra autonomía corporal. Hay muchas alternativas a los hombres CIS. Protejan sus vaginas, señoritas. Los hombres en posición de poder están intentando legislarlas”.

Milano es una de las protagonistas de Insatiable, la serie de Netflix que trata sobre una adolescente que fue víctima de acoso escolar y se anota en concursos de belleza para intentar vengarse. La tira se filma en Georgia y la actriz anticipó que peleará para que el rodaje se mude a otro estado en tanto las leyes antiaborto persistan.

Otros artistas, como Alec Baldwin, Don Cheadle, Ben Stiller, Mia Farrow, Amy Schumer y Killer Films, ya se sumaron a la iniciativa de dejar de filmar en Georgia, un estado que, gracias a las facilidades impositivas y el bajo costo de vida, se volvió popular entre los grandes estudios de Hollywood.

 

Foto: Escena de «Chi-Raq», película musical de Spike Lee (2015) basada en la comedia griega «Lisístrata»

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