Por Federico Chechele | Cuando parecía que Juan Schiaretti se constituía como salvador de la patria, Cristina Kirchner le estampó una fórmula innegociable en la cara. Y cuando la Corte mandaba a Macri al palco de Boca, lo terminó apretando un gobierno debilitado mientras los radicales le prendían fuego Cambiemos. Acá no se divierte el que no quiere.

Cristina Kirchner anunció hoy que será candidata a vicepresidenta en una fórmula que encabezará el dirigente Alberto Fernández. En un mensaje grabado que difundió por redes sociales resaltó que «fue jefe de Gabinete de Néstor (Kirchner) durante toda su presidencia, lo vi junto a él decidir, acordar y buscar la mayor amplitud posible”, esto último es la clave para su candidatura. Un moderado, dialoguista con todos los sectores políticos y, fundamentalmente con Washington y el FMI.

En ese esquema, de ganar las elecciones, la ex presidenta quedará en lo formal como presidenta del Senado pero con el Instituto Patria como una versión paralela de la Casa Rosada. Un verdadero doble comando. Elevaría el cargo de vicepresidente con una injerencia mayor al que tuvo durante toda la historia del país.

¿Esta fórmula convencerá para acercar a todo el peronismo? Si Alberto Fernández toma las riendas del diálogo con un discurso pacificador, será difícil que alguien quede afuera.

Repasemos cómo empezó la semana: Juan Schiaretti logró una victoria categórica en Córdoba, pero cuando se encaminaba a convertirse en el transformador del peronismo, Cristina Kirchner se acercó a la calle Matheu y difundió una foto que paralizó a todos aquellos que, de alguna u otra manera, están identificados con el peronismo. A barajar de nuevo.

La apuesta del peronismo federal es que tras la victoria de Schiaretti se incentiven los gobernadores Sergio Casas, Hugo Passalacqua, Juan Manzur o Sergio Uñac que todavía vacilan con la centralidad de Cristina Kirchner. Y así juntar a Roberto Lavagna con Massa y Urtubey, para aislar al cristinismo, algo que no pudieron lograr durante estos últimos cuatro años. Ahora, con la fórmula Alberto Fernández-Cristina Kirchner, empieza todo de cero y comienza una nueva carrera hasta el 22 de junio cuando se presentan las candidaturas presidenciales.

La elección en Córdoba impactó fuerte en la Casa Rosada y mucho tuvo que ver con el armado que terminó en la fractura entre Mario Negri y Ramón Mestre. Era de esperar que recibieran el séptimo resultado consecutivo adverso en lo que va del año y muy lejos quedó aquella profecía de Marcos Peña que auguraba, allá por el 2018, un triunfo de Cambiemos en 14 provincias. Para colmo, el domingo habrá elecciones en La Pampa y Sergio Ziliotto, el elegido por el gobernador peronista Carlos Verna, ganará ampliamente.

Sin embargo, lo más llamativo fue la declaración de la ministra Patricia Bullrich que intentó despegar al Gobierno de la derrota de Mario Negri al señalar que “el Gobierno no tenía un candidato en Córdoba” desconociendo a su propio jefe del bloque en la Cámara de Diputados.

Ante el desmoronamiento público de Cambiemos y mientras Schiaretti disfrutaba sus 15 minutos de fama nacional con una hilera de dirigentes que se peinaban para la foto, Cristina Kirchner armó una cumbre en la sede del Partido Justicialista desarticulando cualquier posicionamiento del gobernador cordobés. La imagen que se difundió no tuvo vuelo ya que parecía una foto de 2015 con la excepción de Alberto Fernández, Hugo Moyano, Felipe Solá y el Chino Navarro que por ese entonces jugaban en otros espacios. Hoy esa foto tiene más sentido.

De todos modos, la mayoría de los presentes coincidieron en que la figurita difícil para que la cumbre del PJ tenga mayor peso es Sergio Massa. El tigrense estaba expectante a que la ex presidenta no se presente. Se presentará, pero desde otro lugar, habrá que ver que le ofrecen a Massa. Hoy darle una PASO sería algo menor, el que no se alinea queda afuera, pareciera el slogan de campaña.

El radicalismo prendió el ventilador

La Unión Cívica Radical realizará la Convención Nacional aunque a esta altura no se sabe qué se discutirá. Semanas atrás se planteaba retirarse de Cambiemos ante las voces de los dirigentes disidentes, hoy el tema es seguir perteneciendo y ampliarlo a otros sectores, incluso al peronismo. El próximo 27 de mayo en Parque Norte se sabrá hacia dónde se apuntó.

Mientras tanto, su titular, el gobernador de Mendoza Alfredo Cornejo, volvió a sacudir las entrañas del oficialismo al señalar que “no hay que descartar la chance de que Macri no sea candidato, creo que tenemos que estar abiertos a todas las posibilidades”. Se supo que Cornejo se enojó porque se enteró por los diarios que se lanzaba un diseño de 10 puntos de acuerdos con la oposición para lograr la confianza de los mercados. Una vez más quedó en claro que la alianza entre el PRO y la UCR está más vinculada al Congreso que a la Casa Rosada.

Después del bombazo de Cornejo, los referentes de la UCR avanzaron en un plan para que Mauricio Macri vaya a las PASO. La mayoría consideró que allanar el camino para meter Roberto Lavagna o Sergio Massa es casi imposible de cumplir, por eso apuestan al segundo objetivo: presentar fórmula propia para competir en las primarias contra Macri. Un detalle, no tienen candidato. Ni postulado, ni de peso, más allá del intento que hicieron por Martín Lousteau.

Es tal el desconcierto en el Gobierno que Rogelio Frigerio, cuya función de moderado es requerida día por medio, dio a entender que existe la posibilidad de que Macri vaya a una PASO para ampliar la base de Cambiemos. Sin embargo, Marcos Peña salió desactivar esa posibilidad fogoneada por los radicales y sentenció: “A un Presidente no se lo puede someter a una interna”.

Con la nueva fórmula Alberto Fernández- Cristina Kirchner Cambiemos deberá reacomodar sus fichas. Esa fórmula no es “Venezuela”.

Una Corte Hot Sale

La Corte Suprema de Justicia sorprendió esta semana al pedir el expediente de la causa “Vialidad”, en donde se investiga a Cristina Kirchner por el redireccionamiento de la obra pública. Eso facilitaba el retraso del juicio que iba a comenzar el próximo martes. Se especuló que estaban influenciados por las encuestas que lo daban perdedor a Macri y que se terminaba la ola de favores. Duró un día.

De inmediato, se desató la furia por parte de la primera línea de Cambiemos empezando por el propio Presidente quien exclamó: “Queremos que no haya impunidad”. Fue tal la presión ejercida por el gobierno y sus medios afines que la Corte tuvo que sacar un comunicado explicando que no suspendió el juicio  y que devolverá la causa “en tiempo oportuno”.

La Corte, que envió dos comunicados porque no quedaba claro qué era lo que estaba planteando, le terminó diciendo al Tribunal que empiece con el juicio, pero que sepa que en cualquier momento puede ser objetado el proceso. Una salida elegante que generó todo tipo de suspicacias hacia el máximo tribunal del país. Creer que la presión de la Casa Rosada no existió es olvidarse que removieron jueces que resolvieron en contra de sus intereses como fueron los casos de Carlos Rozansky y Luis Arias; que impulsaron destituir a otros como Ramos Padilla y Carzoglio; y que corrieron a fiscales que investigaron al Poder.

Cristina Kirchner estará sentada en el banquillo de los acusados  -ya como candidata-  y el gobierno obtendrá la foto que tanto anhela. El tiempo dirá si le sirvió para algo.

La economía 2020

Los argentinos privilegian comer. Así quedó demostrado esta semana cuando los supermercados sumaron por primera vez los alimentos a la lista de descuentos del promocionado Hot Sale. Como era de esperar, fue lo más vendido. La burla del modelo actual sólo se asemeja a la “revolución productiva” y al “salariazo”.

Mientras tanto, sobrevuelan los recaudos y las alertas con el FMI por parte de Cristina Kirchner y Axel Kiciloff. Su moderación y elogios a la economía de Estados Unidos llamaron la atención. La ex presidenta remarcó el crecimiento y la estabilidad que lleva adelante Donald Trump y envió a su ex ministro de economía a Washington para dejar en claro que “nadie quiere un default”.

En ese marco, trascendió que Cristina Kirchner mandó a sondear una posible continuidad de Guido Sandleris al frente del Banco Central en caso de que gane las elecciones presidenciales, en un fuerte gesto hacia los mercados y el FMI.

Los 57.500 millones de dólares que efectivizó el FMI a la Argentina no tienen correlación con otros préstamos. El adelantamiento de estos pagos evidencia el fuerte apoyo de Trump a la reelección de Macri. Sin embargo, sea quien sea el que gane las elecciones tendrá que sentarse a negociar para poder gobernar.

Para dimensionar el flujo de dinero que recibió el país en el último año se puede suponer que con mucho menos no habría caído el gobierno de Fernando De la Rúa, en una analogía con la situación actual.

Recibí más periodismo de este lado

promoción

Nuestros temas