Redacción Canal Abierto | El presidente Macri se reunirá esta semana con dos de sus socios en la región: Jair Bolsonaro, su par de Brasil, e Iván Duque, presidente de Colombia. Los tres reúnen algunas características que los emparentan. Una de ellas, el intento por sacar rédito de la crisis política que vive Venezuela para desviar las miradas de la difícil situación que atraviesan sus gestiones. Sobreactuando la importancia de una supuesta salida democrática para el país caribeño, apoyan al autoproclamado presidente Juan Guaidó y presionan a las fuerzas armadas a dar un golpe de Estado.

La alegría ya ni siquiera es brasilera

El jueves a las 18 horas en plaza de Mayo se realiza una concentración de repudio a la visita.

Mientras en Buenos Aires se preparan movilizaciones en repudio a su visita, Bolsonaro dio este sábado una entrevista al diario La Nación en la que prepara su aterrizaje en estas pampas. “La Argentina y Brasil no pueden volver a la corrupción del pasado, una corrupción desenfrenada por la búsqueda del poder. Contamos con el pueblo argentino para elegir bien su presidente en octubre«, resaltó el mandatario, y agregó: “Nosotros hacemos fuerza para que el pueblo argentino elija un candidato de centroderecha, como hizo Brasil, y también Paraguay, Chile, Perú y Colombia”.

En tanto, en las calles brasileñas el humor se deteriora. Según publicó el periódico español El País, una consulta a 2.000 personas de principios de abril arrojó un triple empate entre los brasileños que califican la gestión del ex militar como «buena» o «excelente» (30,5%), «regular» (32,4%) y «mala» o «pésima» (31,2%). El reciente estudio refleja una caída en su popularidad de un 8% en los dos últimos meses, en paralelo al incremento de la desaprobación a su gestión -entre regulares y malos-, en torno al 63,5%.

Más allá de las encuestas, la economía del gigante sudamericano tampoco trajo buenas noticias para el paulista. El Instituto Brasileño de Geografía Estadística confirmó un contracción del Producto Bruto Interno (PBI) de un 0,2% en el primer trimestre de 2019. El retroceso se produce tras dos años marcados por un crecimiento limitado, aunque sostenido. En este contexto, especialistas del país fronterizo advierten sobre el fantasma de una nueva recesión como la que sobrellevó la economía brasileña entre 2014 y 2016.

Jair Bolsonaro se encuentra hoy entre dos fuegos: por un lado, establishment y mercados aguardan el avance de las políticas ultra neoliberales de ajuste; por otro, la organización popular cobra fuerza de movilización frente a las amenazas de reformas como la laboral y la previsional. Ejemplo de ello son los «tsunamis de la educación» que produjeron primero la huelga nacional docente el 15 de mayo y el 30 los estudiantes con millones de personas movilizadas en todo el país (#30MpelaEducacao).

Es claro que la salud del gigante preocupa a toda la región. La dependencia económica de nuestro país y la premisa “si Brasil estornuda, Argentina se resfría” convierte lo que desde hace décadas es una preocupación latente en un riesgo inminente.

Colombia: el delfín de Uribe llega golpeado

Luego del arribo del mandatario brasileño este jueves 7 de junio, Macri recibirá el domingo a su par colombiano Iván Duque. Como Bolsonaro, aún con pocos meses de gobierno logró acumular varios golpes y derrotas políticas.

  1. Duque hizo campaña oponiéndose a a los acuerdos de paz con las FARC refrendados por su antecesor Juan Manuel Santos en 2016. Cuestionó la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), organismo ad hoc para juzgar los delitos cometidos en el conflicto armado y administrar justicia en el marco del proceso de paz. Según los acuerdos, aquellos que se acogieran al pacto serían juzgados por la JEP con un régimen especial. Duque puso una serie de objeciones a la ley que creó la JEP y las elevó al Congreso para su evaluación. La semana pasada tanto el Senado como la Cámara de Representantes, luego de analizarlas, las rechazaron. El oficialismo hizo un nuevo intento discutiendo la validez de la votación en las cámaras pero la Corte Suprema validó el proceso y exigió al Ejecutivo que promulgue sin más dilaciones la ley para que la JEP pueda comenzar a funcionar.
  2. Otra batalla perdida por Duque fue la campaña por la extradición a Estados Unidos del ex-comandante de las FARC Jesús Santrich por supuesta participación en el tráfico de cocaína. En abril de 2018 fue detenido pero luego de un año de discusión se dio orden de liberarlo ya que la JEP tenía competencia en el caso y las pruebas del delito no aparecieron. La fiscalía rápidamente armó otra causa y volvió a encarcelarlo pero al haber sido electo diputado, la Corte Suprema de Justicia el 29 de mayo determinó que los congresistas no pueden ser capturados por orden de cualquier juez, y que su caso debe juzgado por esa Corte como los de todos aquellos que desempeñan altos cargos en el Estado. Por lo tanto fue nuevamente excarcelado.
  3. Con estas batallas perdidas la imagen presidencial sufrió un fuerte deterioro. Según una encuesta de la consultora Gallup el 60% de los colombianos desaprueba la gestión de Iván Duque. Entre febrero y mayo de 2019, el mandatario tuvo una caída de 10 puntos porcentuales en su tasa de aprobación.

Así, Duque que llegó de la mano de Álvaro Uribe y su partido el Centro Democrático, ahora está atrapado ya que su infructuosa avanzada contra el proceso de paz genera inestabilidad al mismo, que ha reducido sensiblemente la violencia en el país, y erosiona su popularidad pero el uribismo no le permite dar vuelta la página para reencaminar su gestión hacia otros ejes.

Esta será la primera visita del mandatario colombiano al país. El tema Venezuela será un eje de las reuniones. Al respecto Duque señaló a la prensa que “Se ha consolidado un cerco diplomático sin precedentes en América Latina. Más de 50 países reconocen hoy al presidente Juan Guaidó y a la Asamblea Nacional (AN) como los entes soberanos. Hay que seguir perseverando en esa línea. Nunca habíamos visto un cerco de esa naturaleza y de tal impacto. De hecho, ese cerco ha hecho debilitar la dictadura de Maduro”, y sobre la “salida democrática” para su vecino país fustigó “debemos seguir fomentando dentro de Venezuela que se siga pronunciando la ruptura al interior de las FF.AA. hasta que termine la dictadura”.

Buscando aire en la rosada

El anfitrión Mauricio Macri tiene mayores problemas que sus huéspedes. Se encuentra en el final de su mandato y pocos, aún en sus propias filas, apuestan a que un triunfo electoral le permita un segundo periodo. Su sponsor Christine Lagarde sugiere a los presidenciables que “sería una tontería de parte de cualquiera de los candidatos darle la espalda al trabajo que se está haciendo», jugado como está el Fondo en soportar a este gobierno al que le ha hecho el préstamo más grande de su historia contra el consejo de sus propios expertos. Mientras tanto, los rumores de reinstalar las colectoras en provincia de Buenos Aires para juntar votos atrás de la gobernadora Vidal, confirman que en el frente gobernante comienzan a correr por tirante.

Es de suponer, que estas visitas cuentan con el auspicio del tío Donald Trump, preocupado de que en el patio trasero puedan surgir nuevamente voces disidentes que vayan a buscar apoyo en su rival en la guerra comercial y geopolítica: China.

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