Redacción Canal Abierto | La multitud que marchó de Congreso a Plaza de Mayo durante la tarde-noche de este 3 de junio y se repitió en las principales ciudades del país tuvo dos particularidades: la organización y la juventud. Dos características que se reflejaron en el documento consensuado en múltiples asambleas que se leyó al final del acto.

“Estamos acá, una vez más, para tomar las calles y manifestarnos, para decir basta de violencia económica, sexista, racista y clasista contra las mujeres, lesbianas, travestis, trans, bisexuales, no binaries, gordes e intersex; de la clase trabajadora: ocupades, desocupades, precarizades, piqueteres y de la economía popular”, se dijo en la declaración. Y también se denunció al “modelo económico de Mauricio Macri y la alianza Cambiemos, sostenido por su gobierno y los gobiernos provinciales”, como el responsable de “precarizar nuestras vidas y profundizar todas las desigualdades y las opresiones”.


Un reclamo político y al Estado. Porque, a diferencia de años atrás, la marcha se nutrió de organizadas más que de sueltas. De colectivos antiguos y nuevos. Gremiales, partidarios, sociales, vecinales, diversos, artísticos, de cientos de colores. En el feminismo, la organización venció al individualismo, una señal de que este movimiento discute palmo a palmo con el capitalismo, expresión económica y sustento del patriarcado.

Esta marcha del “Ni una menos” también mostró nuevas caras, adolescentes algunas, infantiles otras, que se sumaron a la lucha contra femicidios y travesticidios, y el fin de todo tipo de violencias y desigualdades motivadas por el género. Y al reclamo “Vivas, Libres y Desendeudadas nos queremos”, primera consigna de este año.

El lema se tradujo en la exigencia del presupuesto para la plena aplicación de la Ley 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, y del tratamiento de la Ley de Emergencia de Violencia hacia las Mujeres, que las militantes de los movimientos sociales presentaron en la Cámara de Senadores.

Por su parte, las trabajadoras nucleadas en todas las centrales obreras reclamaron unidas por el fin de la moratoria que garantizaba la jubilación de quienes estuvieron dentro de la informalidad en su vida activa, una herramienta que permitía salir de la violencia intrafamiliar y que beneficiaba en un 80% a mujeres.

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