Por Pablo Bassi* | El presidente de la Asociación de Abogados y Abogadas Laboralistas (AAL), Matías Cremonte, no salía de su asombro cuando se enteró que la jueza Alejandra Paolino había limitado la huelga de trabajadores gastronómicos de Bariloche, tras una cautelar presentada por las poderosas cámaras patronales. “No conozco antecedentes de este tipo. Atrasa cien años”, señalaba en una entrevista concedida a revista Al Margen.

En enero pasado Paolino falló a favor de la Cámara de Turismo de Bariloche, la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica y la Asociación de Hoteles de Turismo de Argentina, al sentenciar que los trabajadores pueden manifestarse “sin impedir u obstaculizar el normal desarrollo de la actividad hotelero-gastronómica, su servicio y estadía de los visitantes”. El fallo, apelado por la UTHGRA local, fue luego ratificado por la Cámara I del Trabajo al sostener la competencia de la magistrada.

Durante el semestre anterior, los trabajadores habían intensificado sus reclamos con dos demandas. La primera, poner fin a la discriminación que sufre su sueldo básico respecto a otros puntos turísticos de la Argentina. Ya son 32 las demandas presentadas por el sindicato en la Justicia. Segunda, acortar los plazos del incremento salarial del 25% con una primera cuota en junio pasado y la última ahora.

Se concentraron sobre la ruta camino al aeropuerto que traía al presidente Macri de visita; montaron una carpa en medio del Centro Cívico frente al Bariloche a la Carta, una especie de feria que mezcló emprendedores con retails de cadenas gastronómicas; se movilizaron a la histórica e internacional carrera de las 1000 millas, entre otras medidas. La paciencia empresaria terminó cuando el sindicato amenazó con marchar todos los viernes de enero y febrero por el centro comercial.

“El derecho de un trabajador incluye medidas de acción directa como la manifestación, que, enmarcada en la acción gremial, naturalmente obstaculiza una actividad económica. El derecho de huelga es el derecho de provocar un daño económico en el patrón. Es la principal herramienta de los trabajadores y sus organizaciones para enfrentar el poder del empresario”, sostuvo Matías Cremonte en una reunión convocada a principio de esta semana por la UTHGRA y la regional Andina de la CGT Río Negro. Allí se decidió apelar la decisión de la magistrada y la Cámara Laboral ante el Supremo Tribunal de Justicia de la provincia.

“No existe en la Argentina una norma que defina qué es una huelga. Las únicas limitaciones que existen son temporales y las establece el Estado, a través de la autoridad administrativa del Trabajo, para intentar que las partes lleguen a un acuerdo mediante la conciliación obligatoria o la declaración de servicio esencial, algo que el turismo no es”, agregó.

Para deslegitimar ante los medios públicos el reclamo de los trabajadores, las cámaras patronales señalaron que las protestas surgieron luego de haberse alcanzado un acuerdo salarial a nivel nacional que incluyó la paz social, lo que fue rebatido por la Asociación de Abogados y Abogadas Laboralistas al recordar que el derecho de huelga no está atado a la negociación colectiva. “Un acuerdo firmado por el sindicato a nivel nacional no limita la posibilidad de continuar medidas de fuerza locales, por ese u otros temas”, afirmó Cremonte, director, además, del Departamento Jurídico de ATE.

La base de la crítica a la resolución de Paolino es haber abordado un conflicto gremial con fundamentos del derecho civil. “El derecho laboral tiene como objetivo compensar la desigualdad entre las partes. En el derecho laboral no hay iguales, como en el derecho civil. El trabajo no es igual al capital”, precisó.

“El derecho de un trabajador incluye medidas de acción directa como la manifestación, que, enmarcada en la acción gremial, naturalmente obstaculiza una actividad económica. El derecho de huelga es el derecho de provocar un daño económico en el patrón. Es la principal herramienta de los trabajadores y sus organizaciones para enfrentar el poder del empresario”

A pesar de las ganancias obtenidas con un dólar favorable y el auge turístico de los últimos tres años, una mucama de un hotel tres estrellas cobra sólo 23 mil pesos de bolsillo, muy por debajo de la línea de pobreza en la que se encuentra sumido el 70% de los 7 mil trabajadores.

*Desde Bariloche

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