Redacción Canal Abierto | Tras varias idas, vueltas y negociaciones secretas, el 25 de junio de 2003 los matutinos confirmaban lo que días atrás parecía tan sólo una remota posibilidad: el acompañamiento de la rama porteña del Partido Justicialista a la candidatura del entonces presidente de Boca en las elecciones a Jefe de Gobierno, prevista para el 24 de agosto de ese año.

Los detalles del acuerdo se habían negociado la noche anterior en la sede porteña del sindicato UPCN, con la bendición del siempre oficialista Andrés Rodríguez. Entre las voces cantantes de aquella rosca se encontraban las de Miguel Ángel Toma, ex jefe de la SIDE y presidente del PJ; Juan Pablo Schiavi, principal operador de Compromiso Para el Cambio (CPC); y los dos alfiles peronistas más cercanos a Mauricio Macri y candidatos ese año, Cristian Ritondo y Diego Santilli.

Peronistas y macristas mantenían desde hace meses un diálogo intermitente, ríspido luego de que una presentación judicial del PJ consiguiera postergar las elecciones porteñas, previstas originalmente para el 8 de junio, y los coqueteos del ingeniero con otras fuerzas.

Con el ecléctico armado -que terminaría yendo con el sello Frente Compromiso para el Cambio-, Macri pretendía arrebatar la Ciudad a Aníbal Ibarra, jefe de Gobierno desde agosto de 2000. En los meses que seguirían, el abogado y ex fiscal federal lograría los respaldos de parte de Fuerza Porteña -alianza que el Frente Grande mantenía con ARI (conducido por Elisa Carrió), el socialismo y la CTA- y el Frente de la Victoria, que en la Capital comandaba el jefe de Gabinete nacional y hoy candidato a presidente, Alberto Fernández.

Entonces dueño de un capital político significativo, el mandatario Néstor Kirchner evitaba hacer manifiesto su apoyo a la fórmula Ibarra-Telerman. Aunque sin hacer un llamado explícito, el fallecido mandatario aprovechaba cada oportunidad para elogiar la gestión porteña y mostrarse junto a al único político indemne de la eclosión de la Alianza cuatro años atrás.

En una “declaración pública” publicada el 29 de junio, el propio Mauricio Macri reclamaba la “prescindencia” de la Casa Rosada respecto de la elección porteña. “El doctor Néstor Kirchner es el Presidente de todos los argentinos y no de una parcialidad. Es mi Presidente. Kirchner goza de toda la legitimidad para dirigir el país en representación de todos”, planteaba el texto.

Al observar el mapa político de entonces y el actual, no sólo se reconocen figuras como las  Macri, Fernández, Ritondo, Santilli, Ibarra o Schiavi. Ese año también jugarían por la jefatura de Gobierno la hoy ministra de Seguridad, Patricia Bullrich (por la alianza de su partido, Unión por Todos, y Recrear, de Ricardo López Murphy), y el líder de Autodeterminación y Libertad, Luis Zamora. Aunque con resultados electorales más magros, también participarían Cristian Caram (UCR), Vilma Ripoll (Izquierda Unida) y Marcelo Ramal (Partido Obrero), entre otros.

El 24 de agosto, en su primer ensayo electoral, el presidente de Boca obtendría el 37,55% de los votos, frente al 33,54% de Aníbal Ibarra, el 12,29% de Luis Zamora y el 9,76% de Patricia Bullrich. Luego, en la segunda vuelta de septiembre, el Jefe de Gobierno revertiría el escenario, se impondría con el 53,48% y lograría su reelección.

Aquella primera vuelta sería el punto de partido de un macrismo en ciernes y el principio del fin para el Jefe de Gobierno, destituido tres años más tarde a raíz de la tragedia el boliche República Cromañón, donde fallecieron 194 personas. Entre los principales impulsores del juicio político por mal desempeño se encontraba Mauricio Macri y su bancada legislativa.

Por entonces nadie imaginaba el futuro que le depararía al empresario, ingeniero e hijo de Franco Macri. Mucho menos los designios de la Argentina bajo su presidencia.

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