Redacción Canal Abierto | A tan sólo tres semanas de las primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias, el escenario electoral presenta una polarización extrema que impone un posicionamiento a un lado u otro lado de la famosa “grieta”.

En tanto forzada simplificación o espectacularización de la contienda política, el fenómeno no es para nada falso ni mucho menos nuevo. Ya sea en términos políticos, culturales, económicos o sociales, la historia Argentina estuvo atravesada por conflictos que impusieron dicotomías similares: realistas-criollos, saavedristas-morenistas, federales-unitarios, personalistas-antipersonalistas, peronistas-antiperonistas. Incluso al interior de cada una de estas encontramos dos o más facciones en disputa.

Sin embargo, hoy la “grieta” -o las “grietas”- es demonizada, utilizada en forma despectiva, como sinónimo de violencia política, obstáculo para el desarrollo y razón misma de un supuesto desencuentro de la argentinidad.

“Una sociedad es un conjunto de eso que llaman ‘grietas’. Es decir, conflictos que son la savia vital de las sociedades, y es bueno que se expresen evitando la violencia y el salvajismo. Para eso está la política. Lo interesante es que hay un grupo político, mediático e ideológico que señala a ‘unos desgraciados que construyen una grieta’, y al mismo tiempo plantea una demarcación lineal de quienes están de cada lado”, analiza Eduardo Rinesi.

En esta entrevista con Canal Abierto, el filósofo, politólogo y docente aborda cuestiones como la disputa por el sentido en plena campaña, la educación y la comunicación como derecho o bien de consumo, la antinomia autoritarismo-república y la estigmatización de las tensiones.

“La eliminación de la grieta siempre ha dado soluciones políticas monstruosas a lo largo de la historia”.

La política hecha meme y la disputa por el sentido

“La publicidad electoral apunta a la inmediatez y la conquista de una subjetividad a la que presupone constituida y portadora de ciertos valores o ideas”.

“Las formas dominantes a las que tienden las democracias liberales contemporáneas implican la construcción de ciudadanos alejados de las decisiones políticas, y a quienes se interpela como cuasi espectadores televisivos”.

“Es difícil una profundización en los contenidos en medio de una campaña electoral. Sí sería interesante que, luego de las elecciones, se ensaye un avance sobre otras formas de construcción de lazos a través de la política, y no que condenemos a los sujetos a ser eso que encasillan las encuestas. Para eso tenemos que imaginar una mayor participación ciudadana en los asuntos públicos, en los debates colectivos y asuntos que atañen al bien común”.

La estigmatización de la organización

“La identificación que hace el gobierno de las organizaciones sociales o de trabajadores como mafias es inaceptable. Forma parte de una mirada ideológica que interpreta a la sociedad tan sólo como una suma aritmética de las individualidades. Las sociedades son grupos, de intereses, clases sociales, gremiales, etc.”.

“Entre otras cuestiones, afirmaciones como estas vuelven a este Gobierno extraordinariamente antidemocrático, autoritario e intolerante”.

El derecho a la comunicación

“Lo más importante que dice la ley de servicios de comunicación audiovisual, y creo fundamental que sigamos pensando, es que la comunicación es un bien público y un derecho humano universal. El derecho a comunicar y el de informarse hoy no se cumplen en la Argentina, y es necesario que eso cambie”.

La problematización del consumo

“Varias iniciativas del kirchnerismo permitieron pensar cuestiones como la educación y la comunicación en términos de derechos y no bienes de mercado. Eso no quiere decir que no se haya alentado, y mucho, el consumo de bienes materiales, al punto de hacer de ese consumo mismo uno más de los derechos que proclamó. En principio podríamos defender la razón central de esta política, como la postergación de sectores sociales en el acceso de consumir bienes y servicios. A su vez, no hay dudas de que ese consumo ayudó a mover la economía”.

“De todas maneras, no podemos dejar de reconocer que -aún cuando haya estado bien- esa política tenía sus límites porque produjo un tipo de subjetividad que evidentemente un día iba a reclamar consumir aquello que el Gobierno no iba a estar en capacidad de ofrecer, por ejemplo dólares. La vocación consumista no tiene techo”.

La universidad y su autonomía

“Es una parte del Estado excepcional porque tiene la particularidad del auto gobierno que nos legó la reforma universitaria de 1918. En varios momentos de la historia, esa autonomía se vio amenazada por otros poderes públicos. Ese anti estatalismo histórico de la universidades no carecía de sustento en un país donde militares y policía entraron a los garrotazos y desaparecieron docentes y estudiantes”.

“En tiempos democráticos, la intervención estatal -lejos de ser un riesgo para la autonomía universitaria- es una necesidad. Sin embargo, otros factores que condicionan o limitan el desarrollo científico y universitario sí merecen de nuestra atención, como es la intervención de grandes corporaciones agropecuarias o farmacológicas. Eso no significa negar toda articulación con estos actores, pero sí con el cuidado que merece”.

 

Entrevista: Diego Leonoff (@leonoffdiego)

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