Por Mariano Vázquez | El secretario de Estado de Donald Trump (su canciller) recorrió entre el 19 y el 21 de julio Argentina, Ecuador, México y El Salvador. Sus obsesiones: involucrar a la región en la disputa de los guerreristas de la Casa Blanca contra la República Islámica de Irán.

En Argentina, la visita coincidió con el 25 aniversario del atentado terrorista a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en Buenos Aires—el peor de la historia con un saldo de 85 muertos y unos 300 heridos—, y Michael Pompeo se llevó como obsequio la declaración por parte del Estado argentino de Hezbolá “como organización terrorista”. El decreto 489 creó el Registro Público de Personas o Entidades Vinculadas a Actos de Terrorismo (REPET) y allí fue a parar el partido político libanés.

Esta decisión llenó de gozo a los Estados Unidos y a Israel. El tuit de John Bolton, consejero de Seguridad Nacional de Trump, así lo ratifica: “Estados Unidos aplaude la designación de la Argentina del apoderado de Irán, Hezbolá, como organización terrorista. Continuaremos nuestros esfuerzos conjuntos para eliminar las finanzas de Hezbolá y la capacidad de Irán para planear ataques terroristas. Es hora de apagar las luces del llamado partido de Dios”.

La medida fue rechazada por la Confederación de Entidades Argentino-Árabes (Fearab). Este gesto absurdo no traerá justicia por el atentado terrorista contra la AMIA y coloca a la Argentina como peón de los delirios de la administración Trump.

El 22 de marzo de este año, Michael Pompeo llegó en visita oficial a Beirut. Allí dijo: “Para Estados Unidos el apoyo de Irán a Hezbolá representa una amenaza para el Estado de Líbano y socava los acuerdos de paz entre palestinos y israelíes”. A su lado, el canciller libanés, Gebran Bassil, respondió: “Hezbolá es un partido libanés y no es terrorista, además goza de gran apoyo popular y tiene diputados en el parlamento”.

¿Busca Macri justicia? Recordemos que la asociación civil Memoria Activa, que lucha por el esclarecimiento del atentado a la AMIA, denunció al ministro de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, Germán Garavano, ya que considera que éste “ha contribuido con el encubrimiento del ataque terrorista con un escandaloso intento de salvar a imputados por irregularidades en la investigación”.

En una carta enviada al presidente Macri en noviembre de 2018, Memoria Activa pidió la remoción de Garavano: “El Estado argentino es querellante en la causa encubrimiento a través del Ministerio de Justicia y desde allí, con presiones a los abogados que trabajaban en el caso y con un desprolijo cambio de alegato a último momento, Garavano ordenó pedir la absolución de sus amigos los ex fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia”, exigió. No hubo respuesta.

Los familiares y amigos de las víctimas aseveraron en la misiva al primer mandatario que “el intento de obstaculizar la búsqueda de justicia implica una clara falta a las obligaciones de Garavano así como una violación a los compromisos asumidos por el Estado Argentino ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en su obligación de buscar la verdad e investigar a los responsables del atentado y a sus encubridores”.

 

Pompeo, nacido para mentir

El 22 de marzo de este año, Michael Pompeo llegó en visita oficial a Beirut. Allí dijo: “Para Estados Unidos el apoyo de Irán a Hezbolá representa una amenaza para el Estado de Líbano y socava los acuerdos de paz entre palestinos y israelíes”. A su lado, el canciller libanés, Gebran Bassil, respondió: “Hezbolá es un partido libanés y no es terrorista, además goza de gran apoyo popular y tiene diputados en el parlamento”.

El representante de Washington no trepidó en insultar a Hezbolá en pleno suelo libanés. Para Estados Unidos ser aliado de Irán y profesar la rama chií del Islam es un pecado capital.

Esto se da en el contexto de aumento de sanciones y presiones sobre Teherán, luego de que Trump rompiera el acuerdo nuclear con Irán firmado por el expresidente Barack Obama más Reino Unido, Alemania, Rusia y China.

Los halcones de la Casa Blanca y el Pentágono desean hace rato la caída de la Revolución Islámica que triunfó en 1979 derrocando a Mohammad Reza Pahlavísu. El sha era un aliado fiel de Estados Unidos, que considera que debilitar a Hezbolá repercutiría en el régimen de los ayatolas.

Un mes después de sus bravuconadas en Beirut, Pompeo dio una charla en la Universidad de Texas A&M. Allí recordó sus años como director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés): “Mentimos, engañamos y robamos. Teníamos hasta cursos de entrenamiento”, admitió ante una audiencia que rió y aplaudió ante la revelación de delitos.

El Movimiento de Resistencia Islámica de El Líbano (Hezbolá) fue fundado en 1982 para resistir a la brutal ocupación israelí en el sur del país. En mayo de 2000 logra la expulsión de las tropas invasoras. Esta extensa campaña les otorgó mucho prestigio entre la población, el cual ratificó con la exitosa defensa ante una nueva irrupción de Jerusalén en 2006.

El Partido de Dios ha construido una red de contención social en salud y educación que le ha granjeado el aprecio popular. Ese apoyo se extiende más allá de las fronteras nacionales ya que es visto en el mundo árabe como una fuerza de contención contra la opresión israelí en la región. Eso quedó demostrado con su participación en la guerra de Siria, en auxilio del gobierno de Bashar al Assad.

La República Libanesa funciona mediante un parlamento que refleja la diversidad religiosa del país. En 1989, tras el fin de la guerra civil, se estableció la paridad entre cristianos y musulmanes por un sistema de distribución confesional. Hezbolá tiene 12 legisladores sobre un total de 128.

Un mes después de sus bravuconadas en Beirut, Pompeo dio una charla en la Universidad de Texas A&M. Allí recordó sus años como director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés): “Mentimos, engañamos y robamos. Teníamos hasta cursos de entrenamiento”, admitió ante una audiencia que rió y aplaudió ante la revelación de delitos.

Desde su fundación en 1947, la Agencia ha participado en golpes de estado, asesinatos selectivos y torturas; ha entrenado a organizaciones paramilitares y terroristas; ha utilizado el tráfico de drogas para financiar operaciones encubiertas; ha violado todas las convenciones internacionales de derechos humanos. ​

En diálogo telefónico con Canal Abierto, Marcos Salgado, autor de El veredicto, que analiza la causa Amia, sostuvo que “la investigación o la no-investigación del atentado siempre fue un espacio de disputas, internas y externas”.

El periodista afirma que “en los primeros meses de la investigación la disputa era ente el duhaldismo y el menemismo, también siempre fue un espacio de disputa para el Mossad israelí que la adaptó a sus necesidades de políticas externas: primero investigaron una supuesta pista siria, después empezaron a cargar las tintas contra Irán y los vínculos con el Hezbolá. Pero de hecho nunca hubo, y no hay en mi opinión, un interés real por esclarecer el atentado que, por cierto, 25 años después, es cada vez más difícil”.

“Siempre el interés fue usar el caso, una muestra reciente fue el uso de la muerte del fiscal  Alberto Nisman para atacar al kirchnerismo”, afirma Salgado. Y agrega: “Se sigue utilizando la misma matriz, el mismo mecanismo, no interesa esclarecer el caso AMIA, lo que interesa es tenerlo ahí, abierto, y desempolvarlo cada vez que lo necesitan en función de los intereses externos e internos de turno”.

“Y a Pompeo tampoco le interesa”, concluye Salgado.    

Como buen halcón y representante del ala ultraconservadora del Partido Republicano, el Tea Party, Michael Pompeo también está obsesionado con Cuba y Venezuela. Pero esto es tema para otra historia, de la que también Mauricio Macri ha resultado un peón.

 

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