Redacción Canal Abierto | «Me parece increíble que tengamos un Ministerio de Ganadería que se ocupa de cuidar a las vacas y no haya un organismo de igual jerarquía para cuidar la salud de la gente”, escribió Perón en 1945 a Ramón Carrillo. Al poco tiempo, ya con el coronel al frente del gobierno, el neurocirujano, neurobiólogo y médico sanitarista se convertiría en el primer Ministro de Salud.

Excepto durante la autodenominada Revolución Libertadora y la dictadura de Juan Carlos Onganía, todos los gobiernos coincidieron en respetar la centralidad y el status ministerial del área. Al menos fue así hasta el 5 de septiembre del 2018, cuando Mauricio Macri tomó la decisión de quebrar aquella tradición. Ese día, el Presidente degradó por decreto a los Ministerios de Ciencia y Tecnología, Cultura, Energía, Agroindustria, Salud, Turismo, Ambiente, Trabajo y Modernización en secretarías.

La decisión cayó como un baldazo de agua fría sobre los miles de trabajadores que vieron en peligro su continuidad en las carteras, pero también para los entonces ex ministros. De hecho, la medida devino en una serie de renuncias que el macrismo supo dosificar en el tiempo para aminorar su impacto político. Entre los eyectados, fue paradigmático el casi inmediato ingreso de Lucas Fernández Aparicio en reemplazo de Jorge Triaca al frente de la Secretaría de Trabajo. Otra fue la actitud de Lino Barañao (Ciencia) y Adolfo Rubinstein (Salud), quienes al día de hoy continúan aferrados a sus degradados cargos. O bien la situación de uno de los funcionarios más cercanos al Presidente, Andrés Ibarra (Modernización), en última instancia premiado con la vice jefatura de gabinete de ministros.

Ahora, en una marcha atrás que sorprendió a unos -y no tanto a otros- Macri decidió restituir el rango a una de las carteras heridas un año antes. Aunque en plena campaña electoral y con los esfuerzos puestos en evitar la caracterización de gobierno “insensible”, el oficialismo no eligió a Salud ni a Trabajo. Tampoco Ciencia, Cultura, o mucho menos Modernización. A 24 horas de la visita de Macri a la Expo de la Sociedad Rural en Palermo, el decreto presidencial premió como flamante ministro a Luis Miguel Etchevehere, ex titular de la centenaria asociación patronal que representa a la aristocracia agrícola-ganadera.

Es una realidad que la política -en particular, la argentina- está plagada de idas y vueltas que invitan a comparaciones y paralelismos históricos. En esta oportunidad, la línea que une aquella apreciación de Juan Domingo Perón en 1945 y la situación actual vuelve redundante cualquier intento de interpretación o relectura. No obstante, sí resulta aquí interesante traer a colación la frase de un célebre filósofo, economista e intelectual: “La historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia, y la segunda como una miserable farsa” (se trata del inicio de la obra “El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte” de Carlos Marx, quien -cabe aclarar- no conoce ni tuvo relación con el ex ministro de Economía y hoy candidato a gobernador, Axel Kicillof).

Ahora bien, aunque resulte agobiante, estos tiempos de polarización y moderación política obligan al constante ejercicio dialéctico de contraste a un lado y otro de la “grieta”.

Días atrás, el precandidato presidencial del Frente de Todos, Alberto Fernández, encabezó un acto con científicos y académicos en el Pabellón 2 de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, donde recibió un documento de respaldo con más de 8 mil firmas de investigadores, docentes y artistas. En aquella oportunidad, el ex jefe de gabinete de Néstor Kirchner lanzó una promesa bien diferente: volver a jerarquizar las áreas de Ciencia, Salud y Trabajo.

“Entre los bancos y los jubilados, yo voto a por los jubilados; entre los bancos y los docentes, voto por los docentes; entre los bancos y la salud pública, voto por la salud pública; entre los bancos y las universidades, voto por las universidades; y entre los bancos y los investigadores, voto por los investigadores”, sostuvo Fernández, quien desde hace días viene insistiendo en que financiará políticas públicas y sociales con lo que hoy se paga de intereses de Leliq.

Es un hecho que el rango ministerial no hace a las políticas públicas per sé, sino más bien aspectos como el grado de financiamiento de una u otra área. Sin embargo, son estos gestos institucionales, cuando no simbólicos, los que expresan los lineamientos de un gobierno. Hasta ahora, Mauricio Macri dio cuenta de cuáles son sus y serán prioridades en un posible segundo mandato. En caso contrario, será el turno de les Fernández para demostrar si el trabajo, la salud y la ciencia vuelven a jugar fuerte en Argentina.

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