Redacción Canal Abierto | Desde hace diecisiete días, la Amazonia brasilera no para de arder. Los incendios forestales han alcanzado este año un récord de 72.843 hectáreas quemadas, según informes del Instituto Nacional de Investigación Espaciales (INPE) de Brasil, un 84% más que el año 2018 y más de la mitad de ellos en la región amazónica. 

El volumen de la quema es tal que ha provocado que un corredor de humo se haya expandido por Sudamérica desde la semana pasada, llegando al Medio Oeste, Sudeste y Sur de Brasil y países vecinos como Argentina, Uruguay, Perú y Bolivia. Si bien la situación no es novedosa, ha cobrado repercusión internacional debido a que el cielo de São Paulo, a 3.000 kilómetros del Amazonas, quedó oscurecido el pasado lunes, aparentemente por el humo de los incendios que provenían del norte y el centro del país.

Mientras tanto, el incendiario presidente Jair Bolsonaro se encarga de poner en duda los datos brindados por el INPE, ente que se encarga de monitorear la deforestación de la zona selvática a través de imágenes satelitales. Sumado a ello, el mandatario ha sugerido que las responsables de los incendios son las organizaciones ambientales que estarían actuando así en respuesta al recorte presupuestario que dispuso el Ejecutivo por decreto, reduciendo en un 95% el presupuesto para acciones para combatir el cambio climático.

Desde que asumió Bolsonaro, en enero de este año, atacó las políticas de protección ambiental. “Los débiles aparatos de protección al ambiente que había en Brasil empezaron a ser desmantelados fuertemente. Públicamente dice que la Amazonía debe ser como Japón, un proceso que es apoyado por los ruralistas -un sector que cuenta con muchos diputados y gran representación política- que pretenden expandir la frontera agropecuaria con soja transgénica y ganadería intensiva”, señala Enrique Viale, abogado y ambientalista argentino, en el programa Pasaron Cosas. El presidente brasileño también ha manifestado que los pueblos indígenas del Amazonas no deben tener tierras y protección del Estado, los trató incluso de extranjeros. Arroja combustible a un fuego que ya está encendido. Sobre ese genocidio y esa tierra arrasada pastarán las vacas y crecerá la soja.

El fuego ha avanzado sobre áreas de protección ambiental, esta semana se han registrado 68 incendios en territorios indígenas y zonas de conservación, la mayoría en la Amazonia. En el estado de Mato Grosso, los incendios aumentaron en un 205%, incluso en el periodo en el que que están prohibidas las quemas que provocan los agricultores para limpiar los campos.

Las consecuencias

Las consecuencias de esta situación son gravísimas: La Amazonia es uno de los pulmones del planeta, la reducción de su superficie reducirá la evapotranspiración y provocará reducción de lluvias en todo el continente. El cambio climático será mucho más grave sin la amortiguación que brinda la floresta.
Algunas consecuencias inevitables serán:

  • Sequías;
  • Falta de lluvias;
  • Aumento de temperatura (principalmente en las ciudades);
  • Problemas en el suelo que obstaculizan su productividad;
  • Problemas respiratorios debido a la baja humedad;
  • Posible caída en el índice fluviométrico del río debido a la falta de lluvias

Entre 2000 y 2017, la Amazonia brasilera perdió una superficie comparable a una Alemania en el área forestal. Hay alrededor de 400.000 kilómetros cuadrados menos de área verde, según un estudio realizado por un equipo de investigación de la Universidad de Oklahoma publicado en la revista Nature Sustainability.

Imagen satelital del INPE: la ruta BR 163 en el sudoeste del estado de Pará

Según los expertos es evidente que los incendios son provocados ya que esta no es una época de mayor sequía. Siguiendo el recorrido de la ruta 163 en el estado de Pará, en las fotos satelitales se observa que los incendios se multiplican a los costados de la traza vial.

Esta deforestación lleva décadas pero desde la asunción de Bolsonaro se ha dado carta blanca para deforestar para producir ganado a gran escala.“Brasil está gobernada por una tríada compuesta por la oligarquía agroganadera, el negocio de las armas y la iglesia evangélica”, señala Fernando Barri, investigador del CONICET especialista en ambiente, conservación y sustentabilidad..

La situación es crítica continental e internacionalmente, pero el Mercosur no ha dicho nada. Por su parte, nuestro país está entre los diez países que más deforesta en el mundo, no es esperable que este gobierno objete las políticas de su vecino.

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