Redacción Canal Abierto | Según el analista que elijamos, el comienzo de la hecatombe se puede establecer el día que el flamante ministro de Economía, Hernán Lacunza, anunció el decreto 596 que reinstala el control de cambios en la Argentina; o cuando los resultados de las PASO le dijeron a Cambiemos que sus chances de un segundo mandato eran escasas; o el día que volvimos al FMI; o bien el propio 10 de diciembre en que Mauricio Macri asumió la Presidencia.

Lo cierto es que la semana comenzó con más dudas que certezas sobre qué se puede y qué no hacer con los ahorros, qué nos deparará la visita al banco, y en qué medida se parece este escenario a un cepo (a lo 2011) o a un corralito bancario (a lo 2001).

Para esclarecerla, recopilamos explicaciones de especialistas en economía que despejan algunas dudas y analizan el futuro:

  • Si sos un pequeño ahorrista, podrás comprar hasta US$ 10.000 por mes y no tenés restringidos los retiros de divisa de tus cuentas bancarias. Si quisieras comprar más, necesitás autorización del Banco Central. Tampoco están restringidos los viajes al exterior, aunque –de tener cuentas en el extranjero- podrás girar hasta US$ 10.000, salvo que ambas cuentas estén a tu nombre.
  • Si sos una “empresa”, no podrás realizar transferencias al exterior de más de US$ 10.000, para lo cual se requerirá que te autorice el Banco Central. Tampoco podrás comprar dólares para atesorar, aunque no hay restricciones a la compra para importar o pagar deudas que estén por vencer. Si se trata de compras de dólares para formar activos externos, precancelar deudas, o girar ganancias al exterior también se requerirá autorización del Central. Si exportás, debés vender las divisas en el mercado local dentro de los cinco días hábiles posteriores a la venta.

Las restricciones del cepo versión macrista afectarán a una porción minoritaria de ahorristas. Según datos del Banco Central, en julio –mes del cobro de aguinaldo- más de 1,5 millón de personas compraron dólares. Pero sólo el 2% del total (poco más de 26.000 personas) superaron los US$ 10.000 (el promedio de las compras, rondó los US$ 1.500 por persona), como detalló el presidente del Banco Central, Guido Sandleris, en su conferencia de prensa de esta tarde. Lo que no dijo es que lo que esa porción minoritaria compró equivale al 30% de divisas que se adquirieron ese mes.

En lo que refiere a las empresas, las exportadoras son las que ven modificado el régimen de trabajo de forma más abrupta. Hasta ahora y desde noviembre de 2017, el plazo para la liquidación de divisas por las exportaciones había desaparecido. Ahora deberán transformar esos dólares en pesos “como máximo 5 días hábiles después del cobro o 180 días después del permiso de embarque”, y las commodities tendrán 15 días después del permiso de embarque.

Los bancos, por su parte, podrán extender su horario de atención hasta las 17 durante todo septiembre, aunque es su decisión hacerlo o no.

Consecuencias

Para algunos analistas, el problema desatado por estas medidas no es tanto para las ahorristas –que, como indican los números, en su mayoría no disponen de dinero para comprar más de US$ 1.500 por mes-, sino para las empresas. Pero, sobre todo, para la confianza en el sistema bancario que, cuando se deteriora, genera nuevas corridas.

En este sentido, el economista Christian Buteler consigna en Twitter: “Importante será seguir de cerca evolución de depósitos privados tanto en pesos como en dólares, para ver cómo influyen estas medidas en la confianza del sistema bancario”.

Por su parte, Roberto Feletti, secretario de Hacienda de La Matanza, consideró que las medidas representan un “triunfo de los tenedores de bonos sobre el bloque de exportadores y financistas”. En otras palabras, a la hora de elegir, el Gobierno privilegió pagar a los grandes fondos de inversión con las divisas de la exportación que hasta ahora no se liquidaban. Ese desequilibrio en el privilegio entre unos amigos y los otros tiene, por ahora, un final incierto.

Delfina Rossi, ex directora del Banco Central, estableció en su cuenta de Twitter que las medidas son escasas y llegan tarde. “Consecuencias: fuga, inflación, inestabilidad, próxima reestructuración de deuda. Nada va a alcanzar sin un programa serio de recuperación y crecimiento económico”, arriesgó.

En tanto, para Hernán Letcher, director del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), las medidas representan un cambio rotundo en el discurso macrista. “Por primera vez, el Gobierno interpreta cuál es el problema principal de la economía argentina, que es el la escasez de dólares y no el déficit fiscal”, analiza.

Sobre las causas, el economista del Observatorio de Coyuntura Económica y Políticas Públicas (OCEPP) Pablo Wahren explicó el estado de situación como el resultado de una serie de medidas tomadas por el gobierno de Mauricio Macri desde el 31 de diciembre de 2015 hasta el 2 de noviembre de 2017, apenas un mes y medio antes de tener que abandonar el manual liberal y comenzar a intervenir en el tipo de cambio. “Recordemos las regulaciones al mercado cambiario que el Central eliminó en estos años. No nos olvidemos nunca de las consecuencias de esta política económica. Va mucho más allá del cepo”, resumió.

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