Por Carlos Saglul | El Movimiento Agrario Misionero se constituye en los setenta como una organización agraria de pequeños y medianos productores, que se moviliza por mejores condiciones de producción, comercialización y acceso a la tierra en un marco de una pronunciada crisis de las economías regionales. La organización, que agrupa a su alrededor otros sectores en lucha, se constituye en referente provincial de lo que fueron las míticas Ligas Agrarias del Nordeste. “Desde Misiones. Memorias Montoneras”, que escriben Pablo, su hermano Miguel Fernández Long y Juan Carlos Berent, editado por la Universidad de Misiones, es también un recorrido por la militancia de los autores en la organización. Desfilan por la recorrida autobiográfica el Partido Auténtico, los Oesterheld, la historia del mayor del Partido Montonero, Tulio “Tucho” Valenzuela, a quien Pablo debió acompañar a Praga, y luego a Cuba, donde fue juzgado por su propia organización y condenado a regresar a la Argentina.

¿Cómo caracterizas la importancia del Movimiento Agrario Misionero? ¿Qué saldo quedó como experiencia de movilización popular?

-Fue la experiencia más grande del movimiento de masas en la región. No es muy conocida porque sufríamos cierto aislamiento. Los límites no solamente eran Corrientes por un lado y las naciones vecinas por el otro, estaba el silencio de la prensa.

De a poco comenzó a aglutinar a distintos sectores, desde trabajadores del azúcar a estudiantes y agrupaciones territoriales. Muchos compañeros estaban ligados a la Juventud Peronista, la Juventud Universitaria Peronista y Montoneros.

Las banderas fundamentales eran cambios en los mecanismos de comercialización de la producción que resguardaran los precios que recibe el productor a la hora de colocar su producción. Participación en los proyectos sobre salud, educación del Estado dirigida a las comunidades rurales

-Siempre se critica a Montoneros por priorizar lo militar a lo político. Sin embargo estuvo la experiencia del Partido Peronista Auténtico.

Desde las Ligas Agrarias nutridas por la experiencia del Movimiento Agrario se dio uno de los principales apoyos a la construcción del Partido Peronista Autentico. Fue la única vez que Montoneros pudo responder políticamente al gobierno de Isabel y López Rega.

Los resultados fueron más que humildes pero enfrentábamos a todo el poder del Estado, las bandas parapoliciales y aun así logramos imponer varios diputados.

-La violencia es consecuencia de lo político y no al revés decía Lenin. No hay demasiada reflexión sobre esto en la acción de Montoneros.

Hay que ubicar las cosas en el contexto que se desarrollan. Veamos por ejemplo el fusilamiento de Aramburu. La gente festeja en las villas y los barrios obreros, habían fusilado al carnicero, al fusilador de José León Suarez. Fue un suceso político más que violento.

Montoneros no hubiera crecido como lo hizo de no tener una política correcta. Llego a fusionar al resto de las organizaciones guerrilleras. Las movilizaciones que organizaba eran impresionantes. Estaba en los barrios, las fábricas, en todos lados. Fue exitoso como política el “Luche y Vuelve”, la campaña para que Campora fuera presidente. Fue la conducción de un amplio sector del campo popular y eso no se logra con errores, se necesitan también aciertos.

Existió en un punto una clara desviación militarista. Eso no indica que muchas otras cosas que se hicieron no fueran rescatables.

-Edgar “Tucho” Valenzuela, una historia trágica que ninguna autocritica alcanza a mitigar. Lo acompañaste desde México a Praga y después a Cuba donde se lo juzgó…

Simulando colaborar, Tucho se comprometió ante el  general Fortunato Galtieri que mataría a la cúpula Montonera que realizaba una reunión en México. Los militares le prometieron que si lo hacía respetaría la vida de su mujer e hija.

Al llegar a México Tucho denunció el atentado del que lo habían obligado a participar a través del secuestro de su familia y puso en evidencia como operaba la dictadura militar, extendiendo sus crímenes aún en el exterior.

Se han  escrito libros, filmado películas, nadie me preguntó qué pasó con Tucho.

Los jefes Montoneros dejaron en manos de la inteligencia cubana resolver si Tucho era como sospechaban un “doble traidor”, es decir que primero había acordado con los militares, pero después decidió traicionarlos.

Al llegar a La Habana tenía que acompañar a Tucho para que fuera interrogado por oficiales de la inteligencia Cubana. Creo que eran psicólogos, psiquiatras. Pasaban horas con Tucho que siempre salía cansado, medio desalentado. En base a esos informes se decidió mandarlo de vuelta a la Argentina, donde lo mataron los milicos. Se dijo que el mismo Tucho reclamaba volver. No lo sé. Me da mucho dolor ese final, del que en esos días me pareció un gran compañero

-Más allá del militarismo, ¿la construcción montonera debería ser analizada y recordada como una experiencia del campo popular?

Si no considerara que es una experiencia que hay que recordar, valorar, no hubiera escrito este libro. Sigo sumergido en esa experiencia como montonero. Hacia el final del libro hay una reflexión de mi hermano explicando que la identidad montonera va más allá de la pertenencia o no a la organización. Pienso en mi libro, entre otras cosas, como una invitación a que otros montoneros cuenten la historia de esos años. Todavía está viva, pesa sobre nosotros, es parte de nuestra historia.

 -Me quedó dando vueltas la historia de Rosita, el cuadro montonero que se salvó de los milicos haciéndose pasar por perejil, pero años después continuó insistiendo en la misma historia. No hay nada peor que el enemigo te robe la historia, ¿no?

Rosita en realidad militó con mi hermano. No existen las victorias totales o permanentes. Muchas veces la represión sintió que había triunfado cuando quebró un  compañero en la tortura, lo hizo delatar, quebró su historia. La historia no se detiene. Muchos de esos compañeros que sobrevivieron pudieron reconstituirse y dar su testimonio en los juicios. Ayudaron a meter tras las rejas a los genocidas.

Rosita ya no es la misma. Rosita, como pasa como los chicos apropiados, pudo recuperar su historia, su verdadera identidad. Rosita le ganó al enemigo.

Pablo Fernández Long fue asesor del Movimiento Agrario Misionero (MAM) en la década del ‘70. En el’75 asume como diputado provincial por el Partido Auténtico en Misiones y producido el golpe de Estado del ‘76 pasó a las filas del Movimiento Montonero Peronista.

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