Por Carlos Saglul | La agencia de noticias Télam fue creada para quebrar el cerco informativo norteamericano. No hubo gobierno más feroz que el de Cambiemos en su cometido de vaciarla, convertirla en una propaladora de información oficialista. Se acaba de publicar “Télam, el hecho maldito del periodismo”, un ensayo que pasa revista a la historia de la agencia en tiempos de macrismo, y da cuenta de la resistencia gremial como contrapartida de millares de despidos y persecuciones. El libro, escrito por Ariel Bargach y Mariano Suárez, entrevistados en esta nota, recorre los 119 días de paro, las asambleas, movilizaciones y otras medidas en las que los trabajadores y las trabajadoras no tuvieron duda de cuál era su opción cuando –como decía el guerrillero y periodista Jorge Mascetti-, no hay otra que optar entre “los que lloran y los que luchan”.

Télam, al igual que luego la cubana Prensa Latina, nace como una herramienta para romper el bloqueo informativo estadounidense. ¿Continúa teniendo sentido ese rol?

-Télam nació en 1945 con la ambición de construir una mirada periodística nacional que balanceara la influencia –notable entonces- que tenían las agencias de noticias internacionales, especialmente AP (Associated Press) y UPI (United Press International), de origen estadounidense y que, en palabras de Scalabrini Ortiz, eran una expresión “de los órganos del dominio capitalista”. Es claro que Télam jamás logró constituirse, en sus 75 años de vida, en un medio con la capacidad de dar esa disputa en la agenda. El proyecto de la agencia estuvo a punto de ser liquidado por la Revolución Libertadora cuando en Télam, como en tantos lados, se vivió una purga y una persecución a cualquier resabio del peronismo. Y luego sufrió los vaivenes de la política argentina. Aquel proyecto originario, de crear una agencia con una mirada federal y nacional y que de algún modo expresara en términos comunicacionales la transformación política radical que vivía entonces la Argentina, al día de hoy permanece inconcluso.

El nombre del libro recuerda a esa consigna que reivindica al peronismo como el hecho maldito de país soñado por la oligarquía. Pero ¿cuál es la razón del título?

-El título tiene múltiples lecturas. Por supuesto que sobrevuela el sentido de la frase de Cooke y una de las lecturas posibles es el plan original de Perón al crear la agencia, que era el de constituir un medio disruptivo en medio de la homogeneización y el sesgo informativo de las corporaciones internacionales de medios. En ese sentido, Télam se concebía como un hecho maldito. Pero también, desde las trincheras conservadoras, se le atribuyó muchas veces ese carácter maldito, en tanto se la veía como una agencia burocrática, sobredimensionada, oficialista, lejana a los objetivos del “periodismo profesional”. Es ilustrativo repasar los editoriales que por años han publicado La Prensa, La Nación y otros medios “liberales” reclamando el cierre de la agencia. Así que, desde diferentes orillas ideológicas, se le atribuyó esa condición maldita. Luego aparecen otras interpretaciones del título, más sutiles, dentro del libro, pero esas quedan en manos de los lectores.

¿Cómo se hace para romper con el riesgo de que los medios públicos sean botín del gobierno de turno?

-Desde siempre los trabajadores de la agencia hemos bregado por hacer de Télam un medio público no gubernamental. Tenemos una enorme gimnasia, a esta altura, para debatir internamente, cada vez que llega una gestión, con los funcionarios de turno, para explicarles que este no es un canal para publicar las gacetillas de sus amigos. No hay ningún impedimento en el ADN argentino que impida hacer de Télam y de los medios públicos en general medios plurales, federales, ecuánimes y que expresen las voces que no tienen lugar en los medios legítimamente dominados por el pulso mercantil. Creo que, tras los cuatro años de feroz enfrentamiento con el gobierno de Macri, estamos ante una oportunidad histórica para que se debata, acaso por primera vez, cómo deben ser los medios públicos dentro de un esquema democrático.

Indudablemente si los medios públicos han sobrevivido como tales es por la lucha de los trabajadores. ¿No es contradictorio que los gobiernos, aquellos que por lo menos no intentaron destruir a la agencia, dieron poca participación a los trabajadores en las decisiones?

-Télam ha tenido buenas administraciones, con buenas intenciones, con funcionarios idóneos. Por citar un ejemplo, hubo un proyecto interesante, rápidamente cercenado, a principios del kirchnerismo. Pero nunca existió la decisión política de discutir sus marcos regulatorios, su relación con los actores de la comunicación, con las universidades, con los medios sin fines de lucro. Tampoco con las organizaciones de trabajadores. Ni siquiera con los propios. Hay una enorme deuda pendiente en esa materia. Todo eso enfatiza el valor de la oportunidad que se abre en esta coyuntura política.

¿Qué enseñanzas deja la lucha de Télam a los trabajadores de prensa?

-Nosotros comenzamos la lucha en un momento en que el gobierno parecía, según los medios y los encuestadores, encaminado a la re-elección. En un momento donde era difícil encontrar ejemplos victoriosos de resistencia gremial en conflictos puntuales durante el macrismo. Así que, ante todo, rescato esa enorme voluntad inicial, esa vocación por la defensa de la agencia, en el contexto más adverso. Luego, desde ya, el apoyo de las compañeras y compañeros de Radio Nacional, la Tv Pública, el Sipreba y tantas organizaciones de trabajadores, de las más diversas tendencias políticas, que hicieron su aporte y esa acumulación fue esencial. Las victorias, como fue la nuestra, con cerca de 241 reincorporaciones, a veces nublan la perspectiva. Pero si aprendimos algo es que nadie gana solo, que no hay dirigentes ni organizaciones providenciales. Los 119 días de huelga y ocupación de Télam, la defensa de la agencia, las reincorporaciones… todo fue posible desde la humildad de una construcción colectiva.

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