Por Mariano Vázquez, para GLU* | “Es la economía, estúpido”, fue el leitmotiv de la campaña que llevó a Bill Clinton a la presidencia de los Estados Unidos en 1992. George Bush parecía dirigirse sin oposición hacia la reelección. Sin embargo, la campaña demócrata en torno a la recesión que afectaba al país terminó inclinando la balanza. Desde entonces, esa frase es el botón de muestra sobre el valor de la economía para decidir el voto. Y Bolivia, en 2019, parece no ser la excepción.

Paradójicamente, esta fortaleza que hoy ostenta el llamado Modelo Económico Social Comunitario Productivo (MESCP), elogiado incluso por organismos internacionales y economistas ortodoxos, era, para los que siempre detentaron el poder, lo que eyectaría a rápidamente Morales de la presidencia.

Recordemos: Evo Morales ganó por abrumadora mayoría las elecciones presidenciales del 18 de diciembre de 2005 convirtiéndose así en el primer indígena en asumir ese cargo. Ante la elocuencia de las urnas la derecha racista, colonial y capitalista de Bolivia hizo una apuesta. Imposibilitados de ignorar el histórico 53,7 por ciento de los votos auguraron: “Dejemos al Indio gobernar seis meses, la economía se desplomará y volveremos nosotros”.

Trece años y nueve meses después, Bolivia es un ejemplo de economía pujante que transformó un país excluyente, formateado por las elites blancoides en la segregación de sus mayorías, en un país incluyente.

En agosto, y por primera vez, desde que  el fallo del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) del 28 de noviembre de 2017 habilitó a Evo Morales a presentar su cuarta candidatura a Presidente para las elecciones generales del 20 de octubre de 2019, las encuestas indican que el primer mandatario podría ganar en primera vuelta. ¿En tiempos de redes sociales, fake news, campañas sucias, cómo ha logrado este líder sindical de los recolectores de la sagrada hoja de coca en los trópicos cochabambinos conservar competitividad y arraigo tras casi 14 años en el Palacio Quemado?

El último sondeo, realizado por la empresa Tal Cual Comunicaciones y Estrategia que Evo Morales ostenta el 40,8 por ciento de intención de voto. Le saca más de 17 puntos al segundo, el ex presidente Carlos Mesa. El tenor de otros sondeos de opinión es similar. El actual mandatario está a las puertas de gobernar Bolivia hasta 2025.

Según la Ley de Régimen Electoral, en caso de que ningún candidato obtenga el 50 por ciento más uno de los votos, o un piso de 40, con una diferencia del 10 frente a la segunda candidatura más votada, se realizará una segunda ronda electoral.

Sí, se puede

En 2005, la diferencia en los ingresos entre los más ricos y los más pobres era de 129 veces, doce años después la cifra bajó a 39. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) y certificados por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la pobreza extrema se redujo de 38,2 a 15,2 por ciento en 2018 y la pobreza moderada disminuyó de 60,6 a 34,6 por ciento. En tanto que el desempleo pasó del 8,1 al 4,5 por ciento. Estos datos representan el nivel más bajo desde que el indicador es registrado en el país, además se posiciona como la economía con la mayor reducción de pobreza extrema en Sudamérica.

En los últimos años, a pesar de un contexto externo desfavorable, la economía boliviana continuó creciendo de manera sostenida. La suba anual promedio del Producto Bruto Interno (PBI) oscila el 5 por ciento.  El país lideró el crecimiento económico en la región entre 2014 y 2018. CEPAL, Banco Mundial y FMI en sus proyecciones para este año estiman que crecerá un 4 por ciento, con lo cual se perfila a ser nuevamente la economía con mayor expansión en Sudamérica.

El PBI nominal en 2005 llegaba a 9.574 millones de dólares, en 2019 alcanzó los 43.687 millones. Si contabilizamos el PBI per cápita en el mismo período observamos que pasó de 1.037 a 3.841 dólares. Esta expansión se complementó con estabilidad. El 2018 fue el año de inflación más baja de los últimos nueve años: 1,51 por ciento. Este año, la estimación es que será de 1,35, indicó el Banco Central de Bolivia.

La valoración de estas cifras se potencia ante el recuerdo de la hiperinflación que vivió Bolivia en la primera mitad de la década de 1980 cuando en 1985 se alcanzó el récord de 8.200 por ciento anual de inflación.

La inversión pública ejecutada por el Estado, se incrementó en más de siete veces, de 629 millones de dólares en 2005 a 4.772 millones en 2017. Esta decisión política dinamizó la actividad económica del país. El año pasado Bolivia se ubicó en el primer lugar por cuarta vez en este rubro en doce años, por encima de Ecuador, Colombia, Paraguay, Chile, Perú, Brasil y Argentina.

El MESCP ha fijado como basal de su construcción la redistribución de la riqueza. Por eso, desde 2006, el salario mínimo aumenta por encima de la tasa de inflación. Mientras en los gobiernos neoliberales se mantenían congelados e incluso se reducían, durante la gestión del Movimiento al Socialismo (MAS) pasó de 440 pesos bolivianos en 2005 a 2.122 en 2017. Un dólar equivale a siete pesos bolivianos.

Un estudio sobre poder adquisitivo en Sudamérica realizado en 2018 por el Observatorio de Políticas Públicas, Módulo de Políticas Económicas de la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) señala que Bolivia encabeza el ranking de los países que maximizaron la capacidad de compra, obteniendo 8,2 por ciento.

Potencia plebeya

Como afirma el vicepresidente boliviano e intelectual Alvaro García Linera, Bolivia siempre debatió/confrontó entre dos bloques ideológicos-regionales. Occidente y Oriente. Los pueblos indígena-campesino-originarios y la oligarquía-empresarial. Asevera que para evitar ese choque, el modelo a consolidar es el capitalismo andino-amazónico, que no aspira a transformarse en un sistema socialista pero que se convierte en un frontón para el neoliberalismo.

El periodista e historiador argentino Pablo Stefanoni, que residió mucho años en Bolivia, señala que “más que una teoría, el capitalismo andino consiste en algunas propuestas vinculadas a una articulación entre las formas modernas (capitalistas) y tradicionales de la economía (comunitarias-microempresariales), con el Estado como artífice de la potenciación de estas últimas mediante la transferencia de tecnología y recursos”.

En su libro “La potencia plebeya”, García Linera da cuenta del modelo económico naciente en Bolivia a partir de 2006 y del rol de las identidades indígenas, obreras y populares. El MESCP de Bolivia “ha sido manufacturado por el presidente Evo Morales, las organizaciones sociales, acompañado por profesionales: intelectuales, economistas, ingenieros comerciales”. Se trata de una economía plural que reconoce “varias formas o sistemas organizativos de economía: régimen mercantil empresarial privado, su característica es que el dueño no trabaja, administra y contrata trabajadores; la economía estatal que se mueve entre capitalismo de Estado y el socialismo, y la pequeña economía mercantil urbana que no necesariamente es empresarial, en la que el dueño trabaja y recibe la colaboración de la familia”, que suma a la economía campesina mercantil y la campesina comunal.  “Estos cinco tipos de economía existen en Bolivia y merecen respeto, apoyo técnico y reconocimiento”.

No solo Bolivia elegirá Presidente en octubre. También lo harán Argentina y Uruguay. Se trata de elecciones clave por la disputa ideológica en la región entre la restauración conservadora y los procesos de cambio. América Latina es hoy escenario de una guerra de posiciones entre una derecha recalcitrante de posiciones intolerantes y proestadounidense frente a una izquierda que ha perdido su carácter renovador y viene perdiendo espacios de poder.

*The Global Labour University

Publicado originalmente en Global Labour Column / The Global Labour University

 

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