Por Sergio Alvez | Fuego en la esquina. Madrugada. La barricada se llena de pibes y pibas, a quienes ni el toque de queda ni la represión han podido sacar de las calles santiaguinas. Pese a la tremenda conflictividad del momento que vive Chile, al cual esta juventud movilizada le pone el cuerpo, aquí reina la alegría de resistir. Saltan. Arengan. Se abrazan. Y cantan al unísono una canción: El baile de los que sobran.

Únanse al baile, de los que sobran

Nadie nos va a echar de más

Nadie nos quiso ayudar de verdad

Otra barricada, otra ciudad. Les manifestantes, en su mayoría estudiantes, atraviesan la calle de un lado a otro, cantando a viva voz otra canción: Porque no se van.

Si viajas todos los años a Italia

Si la cultura es tan rica en Alemania

¿Por qué el próximo año no te quedas allá?

¿Por qué no se van del país?

Ambas canciones pertenecen a Los Prisioneros, una banda icónica del rock chileno y latinoamericano, que emergió a principios de la década del ochenta y se constituyó, sin ser un grupo de canciones de protesta, en una de las expresiones culturales más contundentes y contestatarias hacia la dictadura de Augusto Pinochet. Su mentor y líder, Jorge González, es además una de las figuras más importantes de la música trasandina, y un artista respetado por su coherencia y claridad con respecto a tanto a la política como a cuestiones vinculadas al mercado de la música y otras yerbas.

Una voz política

Fredy Stock, periodista que escribió la biografía –no autorizada- de Los Prisioneros, titulada “Corazones rojos”, afirma que esta banda “es la más importante de todos los tiempos en lo que a rock se refiere. Sin ser políticos, marcaron una época y terminaron convirtiéndose en bandera de lucha. Los Prisioneros le pusieron letra, melodía y canto a un proceso social.

Tomás Moulian es sociólogo, con estudios de posrgrado en Bélgica y Francia. Considerado en muchos ámbitos como el intelectual más destacado de la izquierda chilena, Moulian entiende que “Los Prisioneros toman una voz política. Y es una voz político cultural, porque el contenido de las canciones tiene más que ver con la crítica a la cultura que con una crítica política directa. Fueron voceros de una rebeldía, inscrita en una dictadura, donde el grupo conecta con lo que los jóvenes querían gritar en ese momento. Eso hace de Los Prisioneros una banda única, distinta a todas”.

De culto

Los Prisioneros es el grupo más vendedor de la historia de la industria discográfica chilena. La popularidad de sus temas se extiende por todo el continente. Jorge González (voz y bajo), Claudio Narea (guitarra) y Miguel Tapia (batería), tres compañeros de secundaria en la comuna de San Miguel, formaron la banda en 1983. Debutaron en julio de ese año,  en un festival organizado por el Liceo Miguel León Prado.

Su primer cassette se tituló La voz de los 80 y se distribuyó a partir de un convenio con la filial chilena del sello discográfico EMI. “La irrupción del grupo en la escena musical nacional marcó un verdadero hito: nunca antes se había escuchado en Chile un rock tan directo, alejado al mismo tiempo del virtuosismo de los músicos progresivos y de la solemnidad del contemporáneo movimiento del Canto Nuevo. Con la agudeza de la juventud, la lucidez de la falta de expectativas y el liderazgo del carismático Jorge González, Los Prisioneros abordaron con paso firme el tren del naciente rock latino” reseña un documento de la Biblioteca Nacional de Chile.

El segundo álbum de la banda fue Pateando piedras (1986), terminó de instalar a la banda como un proyecto de culto, e incluyó canciones emblemáticas como “El baile de los que sobran” y “Muevan las industrias”. Estas dos canciones se convertirían en himnos del descontento social chileno que aún hoy persiste como herencia de la dictadura pinochetista.

La carrera de Los Prisioneros prosiguió con La cultura de la basura (1987) y Corazones (1990), trabajos en los cuáles la banda incorpora un sonido más pop y un creciente uso de sintetizadores. Entrada la década del 90, el fenómeno de la banda ya alcanzaba esferas internacionales.

Luego de una primera separación, el grupo se volvió a juntar en 2001 para una serie de conciertos y un nuevo disco. En 2006, el trío se desintegró de manera definitiva.

Dos de los más grandes hits del grupo, son «Estrechez de corazón» y «Tren al sur», canciones que alcanzaron y se mantuvieron a su tiempo en lo más alto de los rankings musicales latinos.

Jorge, el rebelde

Jorge Humberto González Ríos nació en San Miguel, una comuna santiagueña, en el año  1964. Vocalista, bajista, compositor y líder de Los Prisioneros, llegó a grabar seis álbumes con la banda, y luego de la primera separación del grupo, se embarcó en un proyecto solista que redundó en 7 discos. En 1997, junto a Dandy Jack, dieron vida al proyecto Gonzalo Martínez, inventando el género llamado «electrocumbia» con su disco Gonzalo Martínez y sus congas pensantes (1997). El disco fue recibido con enorme entusiasmo en ciertos países de Europa, sobre todo en Alemania y el Reino Unido.

Tras un segundo período con Los Prisioneros (2001-2006), González formó el dúo Los Updates (2006-2011), un proyecto de música electrónica que lo llevó a girar por Inglaterra, Alemania, Japón, Italia, España y otros países europeos.

El 7 de febrero de 2015, durante una gira por Chile, sufrió un infarto isquémico cerebeloso subagudo. Aún convaleciente, lanzó los singles Nada es para siempre y Trenes, trenes, trenes, como adelanto de su último disco solista, Trenes. En noviembre de 2015 fue galardonado con el Premio a la Música Nacional Presidente de la República (categoría Música Popular), por su trayectoria artística. El 7 de enero de 2017, concretó su retiro de los escenarios, en la Cumbre del Rock Chileno el 7 de enero de 2017.  Y en agosto de 2018, González fue premiado y homenajeado por la Sociedad Chilena del Derecho de Autor como «Figura Fundamental de la Música Chilena».

El libro Pateando frases, del periodista Axel Pickett, reúne declaraciones del artista durante casi 30 años. Una de ellas: “Chile es un caso extremo de angustia por los efectos de la plata, de la falta y el exceso. En Chile, si no tenís nada, erís un pelotudo. Pero si también tenís, también erís un pelotudo. Todo lo que está relacionado con la cuestión de la plata es malo. Porque si ves saliendo a una señora del Parque Arauco en un coche caro, le miras la cara y la señora tiene una cara de angustia terrible, no está feliz. No se ve relajada y contenta, es como que con este sistema en Chile nadie está contento. Los hijos de los millonarios también están tristes” (The Clinic, Santiago de Chile, 2 de agosto de 2013).

El baile de los que sobran

La canción de Los Prisioneros que más se repite por estos días turbulentos en Chile es El baile de los que sobran. El tema tiene dos versiones. La original, aparecida en el disco Pateando piedras de 1986, y una nueva incluida en el compilado Grandes éxitos. Con una letra irónica y doliente, la canción expresa el sentimiento de frustración de la juventud chilena que tras terminar la educación secundaria, encuentra en el desempleo y la angustia, los únicos caminos posibles.

En una entrevista concedida en 1996, Jorge González decía le daba “pena que recuerden de manera tan presente El baile de los que sobran, porque es un tema muy triste para mí. Y es muy triste que se haya convertido en un tema tan popular, porque significa que no se ha avanzado en nada y que los que manejan Chile no han cambiado en nada”.  

 

Foto principal: Migrar Photo

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