Por Pablo Bassi (@pablobassi_) | La extensa Patagonia incide sólo en el 5,59% del electorado nacional, algo más que Mendoza o Entre Ríos y poco menos que Santa Fe o Córdoba. Pero si en estas provincias grandes el Gobierno obtuvo ajustadas y cómodas victorias, en las del sur consolidó su peor derrota. 

Ni las del NOA ni el NEA fueron tan adversas a Cambiemos como de Neuquén a Tierra del Fuego, una tendencia anticipada en las primarias de agosto. Ayer, en promedio, el oficialismo arañó sólo el 30% contra casi un 55% obtenido por el Frente de Todos.

Además, la región puso a disposición de Alberto Fernández seis de los 24 senadores en juego en todo el país, aportando al quórum que alcanzará el kirchnerismo a partir de diciembre en la cámara alta.

Miguel Pichetto, con domicilio en Sierra Grande, volvió a ser derrotado en su mesa, la 266 de la Escuela 60. Sergio Whisky, diputado Pro, perdió la banca que buscaba relegitimar por Rio Negro. Casa Rosada sólo pudo mostrar como triunfo la intendencia de Neuquén Capital, en manos de Pechi Quiroga hasta su muerte reciente.

Los porqués de tan magro resultado valen como opuestos para la victoria en esa franja media de la Argentina, corazón del campo favorecido con la devaluación, la reducción y eliminación de retenciones: Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos, más Mendoza, San Luis y CABA, columnas de la asunción de Macri en 2015.

Días atrás, el Observatorio de Derecho Social de la CTA Autónoma publicó junto a Liberpueblo un informe sobre la política represiva de Cambiemos. Dice que entre 2016 y 2018, la Patagonia lideró junto al AMBA la mayor cantidad de detenciones y aperturas de causas judiciales como herramienta de criminalización de la protesta.

A lo largo de los últimos años hubo en la región grandes huelgas de gremios estatales contra las políticas de ajuste que los oficialismos provinciales lograron, en mayor o menor medida, asociar al rumbo económico que impartía Balcarce 50. Algunas muy intensas: Tierra del Fuego en 2016, Santa Cruz en 2017, Chubut en 2018 y 2019, una fuerte resistencia callejera al primer gobierno de Alberto Weretilneck en Río Negro.

En el sur, el empleo estatal es alto y la organización gremial incide en la esfera política.

Perlas

Otro dato de la elección fue la suerte dispar que tuvieron las fuerzas provinciales. En Neuquén, por ejemplo, el partido gobernante MPN perdió por primera vez en sus 60 años de historia una banca del Senado. El candidato caído en desgracia fue Guillermo Pereyra, líder sindical que negoció con Macri un convenio colectivo petrolero a la baja.

Juntos Somos Río Negro, conducido por el gobernador Alberto Weretilneck, procuró traccionar los cien mil votos nulos y blancos de las PASO para arrancarle con boleta corta al Frente de Todos el segundo senador. Los esfuerzos sobre el uso de tijera fueron insuficientes. El oficialismo, no obstante, logró el ingreso a la cámara baja del ministro Luis Di Giácomo. ¿Será un voto necesario para que el Frente de Todos logre quórum en Diputados?

El massista Chubut al Frente, liderado por el gobernador Mariano Arcioni, ni siquiera presentó listas luego de la derrota electoral en las PASO que redujo de 38 a 11 los puntos obtenidos en junio, cuando fue reelecto al frente de la provincia. La crisis que generó el pago en cuotas de los salarios de trabajadores públicos le costó carísimo y fue capitalizada por el Frente de Todos.

En Santa Cruz no hubo sorpresa: arrolladora victoria del kirchnerismo casi 60 a 28.

Muy bien le fue al Frente de Todos en la categoría presidencial en Tierra del Fuego, aunque en diputados perdió casi 20 puntos en manos del partido del gobernador electo, Gustavo Mellela, con los que obtuvo una banca.

La Big data

El fernandizmo tenía antes de arrancar la campaña un esquema en papel. Una especie de alter ego del Big Data macrista. Decía necesitar del 55% de los votos del NOA, NEA y la Patagonia para volver. El resto de los cañones tenían que apuntar a la provincia de Buenos Aires.

Vuelve el neokirchnerismo gracias a la política desplegada para esa estrategia. Con una genealogía de la deuda distinta al 2003 y un precio de los comodities 50% más barato que en 2008. Unido, como destacó ayer en su discurso Axel Kicillof, y con un pueblo más organizado y consciente de su protagonismo.

 

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