Redacción Canal Abierto | El ingreso del líder cruceño Luis Fernando Camacho a la Casa de Gobierno de Bolivia dejó una imagen icónica del consumado golpe contra Evo Morales: junto a otros dos hombres, se lo ve arrodillado frente a una biblia y la bandera nacional, en señal de reverencia.

Aquella reminiscencia a la conquista española que azoló con la cruz y la espada durante más de tres siglos al continente y sus pueblos originarios, no sería la única. A la profanación de banderas whipala, intento de linchamientos de funcionarios y periodistas afines, se sumó uno nuevo a la cultura.

Desde su fundación en 1478, la Inquisición española mostró gran interés por los libros considerados como herejes. En algunos casos confiscados, la mayoría de las veces los textos eran destruidos, tal como sucedió hacia 1490 con la quema de volúmenes compilados por la Universidad de Salamanca.

Desgraciadamente, la quema de libros como práctica de censura y persecución no se circunscribe a aquella España retrógrada y persecutoria. La noche del 10 de mayo de 1933, miles de estudiantes miembros de la juventud hitleriana, profesores y hombres de las SS y las SA quemaron alrededor de 25 mil libros en una hoguera pública en Berlín, extendiéndose luego la acción a 20 ciudades más. Algo muy similar ocurrió con varias bibliotecas iraquíes durante la invasión estadounidense en 2003. O bien en Argentina, hace 40 años, cuando militares y funcionarios civiles se deshicieron de aquellos títulos o autores culpables de integrar sus “listas negras”.

Tras días de envalentonada retórica anti indigenista y racista por parte de seguidores de Camacho y Meza, ahora asoma la amenaza de una posible quema de libros por parte de los comandos golpistas bolivianos. De hecho, intelectuales de todo el continente expresaron su preocupación por una de las bibliotecas más importantes del país, la colección de más de 30 mil ejemplares que se encuentra en la casa del ex-vicepresidente boliviano Álvaro García Linera.

Consultado por Canal Abierto en torno a la quema de libros como práctica histórica, el sociólogo y ex director de la Biblioteca Nacional Horacio González analizó: “se puede asociar al hecho de que un ejército invasor -o interno- considere atacar, de la forma más profunda, el símbolo de la cultura ocupada. No sólo sucede con la destrucción de libros, sino también con la violación de mujeres”.

“Con atacar la cultura no me refiero únicamente a la quema de libros –por cierto, en este caso no está confirmada- sino a una variedad de aspectos que la conforman. Acabo de leer el editorial de Carlos Pagni en La Nación, donde dice que no caben expresiones como “presidente indígena”, y que al decir presidente ya está dicho todo, y se pregunta ¿Qué tendría que ver que sea indígena? ¿Hay una regla especial? Se basa en la regla, pero evidentemente hay otra cuestión en Bolivia, donde no sólo es importante la reglado en términos constitucionales. Hay una cuestión étnica milenaria”.

Al respecto, el intelectual agrega: “Si leemos a Pagni, es convincente en la medida en que se omite todo el factor étnico basado en reglas constitucionales nada más. Ahí sí se mostraría que no es tanto un golpe, así como no es tanto un fraude. Él va por la cornisa. La historia es imposible de escribir sin una regla. Siempre tenes que tener una y condenar como la Justicia, con los ojos vendados. Pero después hay que tomar partido. Eso diferencia a un tipo como Pagni, que es un argumentador de la lógica política formal”.

Sobre la figura del vicepresidente Álvaro García Linera, Gonzalez analiza: “Es un gran expositor académico, y al mismo tiempo como político tiene fuerte rigor para analizar la historia, la estructura social de una sociedad. Como matemático que es, los libros de García Linera tienen la fuerte impronta de un intelectual con un razonamiento lógico muy estricto, y al mismo tiempo toma todas las materias vinculadas a la historia. No es un historicista pero sí un historiador y un político de una fuerte influencia spinozeana y toma un concepto como el de comunidad, que es lógico que en Bolivia tenga más influencia que en cualquier otro lado, al cual él toma con mucha inteligencia”,

“En la renuncia de los dos, el más emotivo fue Evo, con la palabra muy tomada por el momento de fuerte tensión. Luego, ante las cámaras, García Linera declaró que había tenido el profundo orgullo de ser el vicepresidente de un indio. Esto lo digo para refutar un poco a Pagni porque es cierto que si sos Montesquieu en el diario La Nación y te basas sólo en reglas, que uno se diga indio, socialista o cocalero y otro que tuvo el orgullo de ser el vicepresidente de un indio son clases de geografía para un normativista. Sin embargo, lo que yo vi me emocionó mucho. Ahí había historia viva”, plantea el sociólogo, y agrega: “Es raro que no haya aparecido como posible sucesor porque, a mi entender, hubiera sido el primer presidente verdaderamente intelectual de América Latina”.

El vicepresidente también se fue del país rumbo a México con el expresidente Evo Morales. En tierra azteca publicó una foto de la bandera boliviana con un pedazo de tierra encima y un mensaje: «Me llevo este pedazo de mi tierra boliviana. La tendré al lado de mi corazón y más pronto que tarde la volveré a colocar en su lugar».

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