Redacción Canal Abierto | En la madrugada de este viernes 15 de noviembre, en Chile se anunció lo que algunos intentan mostrar como un acuerdo histórico, pero que lejos de los partidos del poder no deja de despertar suspicacias.

Así, el proceso de protestas que se inició con la revuelta de los jóvenes de Santiago frente al aumento de 30 pesos en el costo del Metro y se radicalizó tras la represión del gobierno de Piñera que salió a asustar, termina abriendo la puerta para que el texto constitucional heredado de Pinochet sea cambiado de raíz… o que, con una manito de barniz, nada cambie pero que esta estratagema permita desinflar el conflicto.

A las 2:30 el presidente de la Cámara de Senadores, Jaime Quintana, anunció la firma del “Acuerdo por la paz y por una nueva Constitución rubricado por once partidos del oficialismo y la oposición. Fuera del acuerdo quedaron varios partidos (Comunista, Humanista, Progresista, Convergencia Social, Verde Social) y, obviamente, los movimientos sociales y toda representación no partidaria.

Esta nueva propuesta, podría representar un avance frente a la anunciada en la noche del domingo pasado de un Congreso Constituyente. Este acuerdo propone que en abril de 2020 se realice un referendum para plebiscitar dos propuestas:

  1. Si se está de acuerdo o no con cambiar la carta magna vigente e iniciar un procedimiento para elaborar una nueva Constitución.
  2. Si se aprueba la idea de una nueva Constitución se consulta el procedimiento a seguir, con dos alternativas: una Convención Constituyente integrada por un 100% de delegados electos para este propósito, o una Convención Mixta Constituyente, conformada por 50% de parlamentarios en ejercicio y 50% de delegados electos.

El acuerdo de 12 puntos prevé entonces: un plebiscito “de entrada” para aprobar el proceso de nueva constitución y el procedimiento para conformar la Convención; y un plebiscito ratificatorio de la nueva carta magna mediante sufragio universal.

Las objeciones principales radican en si el nuevo texto constitucional tendrá como base la Constitución de 1980 o se partirá de una “hoja en blanco”. El oficialismo plantea que en aquellos puntos en que no se obtenga la votación necesaria para su aprobación, se mantenga lo establecido en el texto constitucional actual.

El punto 6 del acuerdo establece que: “El órgano constituyente deberá aprobar las normas y el reglamento de votación de las mismas por un quórum de dos tercios de sus miembros en ejercicio”. 

Según la oposición este requisito de votación tan alto se tornará en un impedimento para aprobar la modificación de muchos aspectos de la legislación vigente.

De esta forma el oficialismo cede la posibilidad de que se conforme una Constituyente, con convencionales elegidos en su totalidad para la ocasión, pero manteniendo el quórum de 2/3 ata los cambios a acuerdos muy amplios. Piñera retrocede, pero el oficialismo se guarda cartas.

 

El procedimiento propuesto

La agenda propuesta para el acuerdo establece:

  • Abril de 2020 | Plebiscito de apertura.
  • Octubre de 2020 | Conjuntamente con las elecciones regionales y municipales bajo sufragio universal con el mismo sistema electoral que rige en las elecciones de Diputados en la proporción correspondiente, se elegirán los Convencionales Constituyentes.
  • El órgano constituyente sesionará por nueve meses prorrogables por única vez por tres meses más.
  • Sesenta días después de entregado el nuevo texto constitucional se realizará el referéndum ratificatorio con sufragio universal obligatorio.

Pero el punto 12 del acuerdo rubricado esta madrugada plantea una nueva trampa ya que supedita a la aprobación del Congreso el nuevo texto constitucional emanado de la convención. Establece:

12. El o los proyectos de reforma constitucional y o legal que emanan de este Acuerdo serán sometidos a la aprobación del Congreso Nacional como un todo. Para dicha votación los partidos abajo firmantes comprometen su aprobación.

Los argumentos de los movimientos sociales: “No queremos cocinas”

Si bien el proceso de movilizaciones no tiene líderes, los movimientos sociales, organizaciones y sindicatos reunidos en Unidad Social, son los que mayor identificación tienen en las protestas. Desde el MODATIMA (Movimiento de Defensa del Agua, la Tierra y la Protección del Medioambiente) una de sus organizaciones señalan varias objeciones a un acuerdo que tildan de “acuerdo de algunos partidos” y “no del pueblo de Chile”:

  1. “Todo lo cedido por la derecha y el apuro por sacar acuerdos, responde a querer frenar la protesta social.”
  2. El plebiscito de entrada se aplaza a 5 meses más, para enfriar el estallido social y tener tiempos para campañas del terror.
  3. Se quita el nombre de Asamblea Constituyente, intentando borrar la demanda que se clama en las calles, intentando confundir a los chilenos y chilenas al momento de enfrentarse a la papeleta.
  4. Remarcan las super-mayorías necesarias para establecer cualquier cambio: “todo lo que sea disenso, desaparece de la nueva constitución y se le delega al nuevo parlamento (institución sin legitimidad), es decir, nuevamente se excluye al pueblo de Chile de decidir (las mayorías políticas que se expresan en las calles) y permite el veto de las minorías.”
  5. Critican la elección del sistema D`hont y toda la mecánica electoral que se utiliza para elegir diputados para la elección de los convencionales. Sostienen que así se replicará en la convención el reparto de fuerzas del Congreso.
  6. La elección de los constituyentes se realizará en paralelo con las elecciones municipales y de gobernación, lo que facilitará el cruce de apoyos y el montaje de la maquinaria electoral partidaria.
  7. No se menciona nada acerca de los cabildos, ni de procesos de síntesis que provengan de la deliberación ciudadana, nuevamente se vacía de contenido a la democracia, se erradica la deliberación popular y se transfiere a la elección proporcional la elaboración del texto constitucional, en manos de unos pocos, a través de los métodos de la democracia representativa de la que el pueblo de Chile se cansó.
  8. El documento del MODATIMA es más extenso, pero resume una serie de advertencias muy claras a la maniobra oficialista, y por último señala “no nos parece legítimo ni válido, no expresa la voz del movimiento social y tampoco expresa la voz de las calles”.

Frente al estallido social es claro que quienes detentan el poder y los resortes de la democracia representativa de baja intensidad se han asustado. Han retrocedido hasta el punto de romper el vidrio de seguridad que protegía la carta magna de 1980, amañada por Pinochet, y se preparan a ofrecer al pueblo una “nueva constitución” ya escrita, que nazca muerta y que deje afuera todo lo que se expresa en las calles y en el movimiento social.

El pecado original del sistema representativo dice que la soberanía reside en el pueblo, pero que este delibera a través de sus representantes. Es claro que lo que sucede en las calles no llega a los pasillos del palacio, allí los representantes sólo quieren que vuelva la calma, el silencio que resguardaba sus privilegios en una de las sociedades más desiguales de la región.

En las calles, este viernes el pueblo dijo que desconfía de esta maniobra, que quiere una Asamblea Constituyente sin trampas, y Carabineros reprimió de forma inusitada. En medio de los enfrentamientos murió otro joven y aún se desconocen los motivos.

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