Por Carlos Saglul | Apenas entró al Palacio Quemado, “Macho” Camacho se arrodilló ante una biblia. La autoproclamada presidente de Bolivia, Jeanine Añez, juró ante un tomo forrado en cuero animal de “Los cuatro evangelios” e invocó el poder de Dios para gobernar. Las redes sociales mostraron, días antes, decenas de policías bolivianos en una ceremonia evangelista jurando destituir al gobierno de Evo Morales. En Brasil, el poder de esas Iglesias fue crucial para que Jair Bolsonaro llegara al poder. Aún se puede encontrar en internet un video que muestra a Rodríguez Larreta como centro de una ceremonia evangelista que parece una escena de “El Exorcista”. El mismo presidente Mauricio Macri recibió el apoyo de estas Iglesias que le armaron un gran acto. No todas pueden meterse en el mismo costal.

Ante noticias de la prensa que señalaban el apoyo al PRO de su congregación, el pastor Arturo Blatezky no sólo desmintió ese respaldo sino que denunció que el gobierno de los Estados Unidos estaba detrás de muchos de esos cultos: “Ante el profundizado avance de (María Eugenia) Vidal y (Carolina) Stanley para fortalecer la alianza del PRO con las agrupaciones evangelistas -financiadas y organizadas fundamentalmente desde los Estados Unidos-, me permito reenviarles nuevamente la Declaración relacionada con esta verdadera ´Campaña de complicidad mutua´, como en Brasil con Bolsonaro, para aclarar la postura de nuestra Federación Argentina de Iglesias Evangélicas y las iglesias que la componen, cuyas posturas en general son cercanas, con matices obvios, a la Teología de la Liberación. Espero que sirva para aclarar las cosas y ante todo para tratar de neutralizar el evidente intento de alienación y dominación ideológica de nuestro pueblo”, dice Blatezky en una carta dirigida al diario Perfil. A continuación reproduce una desmentida del presidente de la Federación de Iglesias Evangélicas, Néstor Miguez, afirmando que jamás han sido invitados a una reunión con funcionarios de gobierno, donde se les propuso ser parte del reparto de los fondos para la asistencia social como forma de “calmar las aguas”. Como resultado del golpe en Bolivia varios medios se han referido a la “nueva alianza” entre Estados Unidos, la derecha neoliberal y las iglesias evangélicas del continente. Lo cierto es que la relación no tiene nada de nuevo. La CIA hace rato que trabaja y financia a muchas de estas Iglesias.

Los deudores de Rockefeller

En 1969 Nelson Rockefeller, por entonces vicepresidente de Richard Nixon, realizó una gira por varios países de Latinoamérica. A su regreso elevó un informe en el que se mostró preocupado por la influencia que estaba obteniendo entre los más pobres del continente la denominada Teología de la Liberación, a la que no dudó en emparentar con el marxismo. Eran tiempos en que parte de la bases católicas habían retomado el mensaje fundador del Cristianismo de elección por los pobres. No dudaban en condenar la concentración de la riqueza como pecado y la relación colonial de los países del continente con Estados Unidos. En todas partes las comunidades de base crecían, el cristianismo anterior a su absorción por Constantino y el Imperio Romano parecía revivir en todo su esplendor de la mano de curas y misioneros que en muchos casos terminaron asesinados por las dictaduras militares respaldadas por el Departamento de Estado.

Ante esta realidad, Rockefeller recomendó el financiamiento estatal y reservado de pastores de corte pentecostal, fundamentalmente de origen norteamericano, para socavar la autoridad moral de la Iglesia Católica en América Latina.

Los pastores se convirtieron en un fenómeno. Cualquier buen orador podía tener su iglesia, no era necesaria ninguna preparación. Además, como ocupación era un buen negocio y no pocos se enriquecieron. Un ex ladrón de autos arrepentido llenaba salas porteñas junto a su esposa. Grandes cines se transformaron en templos, compraron espacios en radios y televisión. Algunos directamente montaron sus emisoras.

La angustia por los bajos sueldos, la falta de empleo o la enfermedad sin contención pública eran eficazmente atendidas por los pastores, diezmo mediante. Miles fueron convencidos de que “Dios es el camino”. Nada de política, nada de relacionarse con el otro para, a partir de los problemas comunes, cambiar la realidad por un mundo más justo. Bastaba arrodillarse, rogar y esperar el milagro. Dios como única fuente de bonanza.

El documento Santa Fe

Nuevamente, en 1975 se conoce un documento escrito para la campaña del presidente Ronald Reagan conocido como Santa Fe, donde se vuelve a resaltar el peligro que las nuevas tendencias de la Iglesia Latinoamericana representan para la política exterior de los Estados Unidos.

La ofensiva contra la denominada Iglesia del Tercer Mundo continúa. Los pastores evangelistas aparecen por todos lados, en unos pocos años superan a la Iglesia Católica en Guatemala, Uruguay, Brasil. Manejan millones. Estados Unidos los financia a través de programas como Plan Amanecer, AD 2.000, Latinoamérica 2.000 y otros.

Los escándalos alrededor de estos cultos y el gobierno de los Estados Unidos llegan a tal punto que en 1976 la CIA declara que no continuará reclutando misioneros y trabajará en un anteproyecto de modificación de sus estatutos para prohibir la utilización remunerada de pastores norteamericanos en tareas de inteligencia, aunque abriendo el paraguas al aclarar que se permitirían “contactos voluntarios de información”.

Mucho antes de Jair Bolsonaro y el Macho Camacho, la CIA, las iglesias truchas y la ametralladora han sido vistos juntos.

Cristo no fue atado a la cruz como los ladrones, fue clavado, procedimiento que solo se llevaba a cabo con los subversivos. Al predicar sobre un único Dios había desafiado el Emperador, único rey de Roma, al Imperio del momento. Un cómico norteamericano decía que si Cristo hubiera nacido en estos días no llevaríamos un crucifijo atado al cuello sino una picana eléctrica. Lo que pasa, es que como dijo el psicólogo Alfredo Moffat, “los norteamericanos tienen el lema en el dólar ´in God we trust´, que significa en Dios confiamos, esto está escrito en el billete y en realidad ese es su Dios: El dólar”.

 

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