Algo se espera. Siempre, a cada instante, sin proponérselo y mucho menos saber qué, algo se espera. Que ocurra algo que valga la pena que ocurra. Un algo que, al menos, digamos, tenga algo de ocurrencia. De ingeniosidad. Un algo que cause impresión, y por qué no algún desbaratamiento. El algo vacío, seco, insípido, es algo insoportable. Hace mil años que ese algo que se espera no ocurre, y al parecer nunca ocurrirá. O quizá a veces ocurre, pero de tan algo que es queda en eso: simplemente un algo. Una realidad nebulosa sin identidad ni determinación. Hay algo de ausencia en ese reposo a la espera de que algo ocurra. ¿Te debo algo? Algo le pasa. ¿Hay algo que quieras saber? Algo me dice que … Hay algo que no me cierra. Algo anda mal.

Acá me dice Silenzi que el famoso algo es uno, que uno es un algo, y algo por completo diferente al algo de uno son los otros algos. Que si los algos se reúnen, meta charla y complicidad, se convierten en algunos, y cuanta más charla y reunión y complicidad, más y más algunos. Y entonces no deben nada y no hay algo que no cierre. Salvo, desde luego, esos algos cajetillas que sí, ellos sí, algo habrán hecho.

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