Por Gladys Stagno |

“Cómo odiaba el sonido de los coyoyos. No porque anunciaran la llegada del verano, sino que eran el preludio del Festival.

Los coyoyos chumados de algarrobas”.

 

Cuando la Secretaría de Cultura de La Rioja convocó a un concurso de microficción que hablara sobre la Fiesta de la Chaya, nadie esperaba que María enviara ese cuento. En su historia de cien palabras, la fiesta popular más importante de la provincia era asociada a una violación que ocurría entre el vino, la harina y la albahaca. Los mismos elementos que inundan las calles cada febrero riojano.

El cuento ganó, allá por 2018, y la sociedad se encendió de polémica. El Festival de la Chaya, “la fiesta más grande y más identitaria de la provincia”, como la describe el Ministerio de Cultura de la Nación, mostraba una cara trágica de la que la tradición indica que no debe hablarse.

“Era un relato de ficción pero que ha provocado mucha reacción en la comunidad. Por un lado resistencia, por otro reflexión, pero creímos que era un disparador que era necesario trabajar”, explica Lourdes Ortiz, titular de la Secretaría de Mujer y Diversidad de la provincia.

Con ese propósito, esa cartera junto con la Secretaría de Cultura impulsan desde este jueves la campaña #TradicionesSinViolencias, que pretende concientizar a la población sobre una realidad innegable: durante esta fiesta, los indicadores de los casos de violencia de género y abusos aumentan.

“Esta etapa del año, donde las riojanas y los riojanos vivimos nuestras tradiciones, está atravesada por la violencia. Como muchas cosas de la vida cotidiana, también nuestras tradiciones están atravesadas por las problemáticas que vivimos a diario y no siempre hay una voluntad de que eso se discuta o se ponga en revisión, que trabajemos sobre nuestras significaciones y sobre cómo vivimos nuestra tradición. Creo que estamos en el momento oportuno de que eso se genere”, agrega Ortiz en diálogo con Canal Abierto.

 

Contextos de impunidad

“El hombre se iba a buscar changas y volvía impregnado del olor a vino, se tumbaba en el catre, la boca entreabierta, roncando. Entonces, hurgaba en sus bolsillos buscando una moneda que nunca hallaba.

Ojos enrojecidos, agrio el aliento, hediendo el cuerpo, me sometía allí donde yo estuviera”.

 

La fiesta de la Chaya es, en rigor, durante todo febrero. En los pueblos, los barrios y las ciudades, los festejos duran días en este carnaval singular donde la música, la harina, la albahaca y el vino son los protagonistas. El Festival, afirman, borra las fronteras sociales, las edades, y los géneros. Pero esto último no es del todo cierto.

“La Chaya genera un contexto cultural y social en el que hay hombres que se emborrachan durante una semana completa y, amparándose en el alcohol o en la fiesta, en el ‘todo vale’, perpetúan los abusos, las violaciones. Es un contexto de impunidad, y la sociedad lo termina avalando”, analiza Antonella  Sanchez Maltese, comunicadora feminista de la Universidad de La Rioja y una de las ideólogas de la campaña.

“En nuestras tradiciones estaba naturalizado que la mujer se quedaba en la casa y el varón salía, bebía, volvía a la casa a cualquier hora, ejercía su poder en función de manejar el dinero del hogar y someter a la mujer, o disponer de ese dinero para el alcohol, para su diversión. Ha quedado naturalizado que la mujer permanezca en estado de sumisión para que el varón pueda vivir con libertad la fiesta”, agrega Ortiz.

#TradicionesSinViolencias busca, a través de piezas comunicacionales gráficas y audiovisuales que se difundirán hasta fin de mes por redes sociales, poner de relieve esta situación para cambiarla, repensando la tradición, sus contextos y sus trasfondos, algo que rara vez ocurre.

Durante los cinco días que durará el evento principal -del 13 al 17 de febrero, en la ciudad capital, organizado por la provincia- que será televisado por la TV Pública; del que participarán artistas como Jorge Rojas, Abel Pintos, Rally Barrionuevo, Luciano Pereyra y la Bruja Salguero entre otros; y al que asistirán muchísimos riojanos y miles de personas de otras provincias, el mensaje estará en el escenario y las calles.

La campaña va a estar muy presente en el Festival. Los locutores y locutoras han tenido una formación para tratar de ser cuidadosos en el lenguaje a la hora de comunicar y qué comunicar. Se pidió a varios artistas que participen con mensajes para transmitir la idea de que es posible divertirnos sin un contexto de violencia, donde hay que prevenir los abusos, los acosos. Paralelamente, se difundirán los espacios donde se pueden hacer denuncias, los espacios de contención -detalla Sánchez Maltese, en conversación con este medio-. Es una política pública que se está implementando en esta época porque es pertinente. Esta realidad que tenemos en La Rioja la tienen muchas provincias del norte. Tenemos tradiciones muy parecidas, fiestas populares, y las estadísticas en esos festejos también son similares”.

 

Tradición que interpela

“Años lavando ropas enharinadas y suciedad de muchas noches.

Una mañana, volvió de la Chaya y del rancho encontró solo cenizas. Mis huesos nunca los hallaron”.

 

El final del cuento de María Mercedes Coni Molina, titulado “Yo mujer”, funciona como un cross a la mandíbula. Tan violento como la realidad que describe.

La Rioja cuenta con dos fueros especiales en la Justicia (Violencia de género y Protección de menores), pero Ortiz asegura: “no podemos seguir creando juzgados de violencia, no podemos seguir asistiendo a que los índices crezcan todo el tiempo. Necesitamos trabajar en la conciencia, y dar la batalla cultural en clave de género, que es lo que venimos a proponer”.

Y finaliza: “Hay toda una historia que está siendo repensada. Quizá esto no llegue a cambiar nuestro patrimonio inmaterial, pero sí nos interpela. Y está bueno porque nos pone a discutir y a pensar cosas que antes nos inmovilizaban y hoy nos movilizan. Estamos yendo mucho más allá de la festividad y pensándonos como pueblo”.

 

La leyenda de la Chaya

Chaya era una fuerte y bella india que se enamoró del Pujllay, un muchacho alegre y divertido, príncipe de la tribu. Ella era una mujer independiente que amaba a su pueblo y decidió ayudarlo a solucionar el problema de la sequía que tanto lo hacía sufrir.

Un día, corrió hacia la montaña y buscó agua de manera incansable, pero no la encontró. Fueron tantas las lágrimas que corrieron por sus mejillas, que Chaya se convirtió en nube. Desde entonces vuelve en febrero del brazo de la Diosa Luna (Quilla) en forma de rocío o fina lluvia.

Ante la ausencia de la joven, Pujllay la buscó por todo el monte infructuosamente. Cuando supo del regreso de Chaya a la tribu con la luna de febrero, volvió a buscarla. Al no encontrarla, derrotado, volvió al pueblo donde festejaban la lluvia a compartir la chicha con su gente. En ese camino, lo encontró la muerte.

Desde ese entonces, Chaya viene en febrero cada año. Pujllay muere al terminar el festejo, y se lo entierra hasta el año siguiente.

Recibí más periodismo de este lado

Nuestros temas