Redacción Canal Abierto | El espaldarazo que el Fondo Monetario Internacional le dio a la renegociación de deuda que el gobierno argentino está llevando adelante dio lugar a múltiples especulaciones. Algunas de ellas, compararon este escenario con el acuerdo que Néstor Kirchner logró allá por 2003, cuando obtuvo una quita de cerca del 70%. Sin embargo, los contextos son bien distintos.

“El escenario es bastante diferente, en el plano interno y el externo”, asegura a Canal Abierto María Emilia Val, especialista en sociología económica de la Universidad Nacional de San Martín e investigadora del Conicet.

Y continúa: “Por un lado, por la estructura de los acreedores. En los 90, Argentina había colocado deuda en todos lados. La habían comprado muchos bancos y, sabiendo que se venía la crisis, en 2001 empezaron a venderles los bonos a sus clientes. Eso generó que en 2003-2005 tuviéramos como acreedores sólo a algunos grandes bancos en Estados Unidos y a muchos minoristas. Hoy, en cambio, hay cuatro o cinco grandes actores que concentran un gran volumen de la deuda y tienen la capacidad de bloquear arreglos y de imponer condiciones”.

La posibilidad de negociar con minoristas, en 2003 le permitió al equipo que encabezó la negociación –compuesto por Roberto Lavagna, Guillermo Nielsen y el propio Alberto Fernández, entonces como jefe de Gabinete- establecer distintas estrategias para cada grupo de acreedores, teniendo en cuenta sus intereses, sus urgencias, y su capacidad de lobby. Y dividirlos para evitar alianzas que perjudicaran a la Argentina.

“Otra cuestión diferente a aquella época es que no estamos en default, lo que complejiza la negociación, pero nadie quiere asumir los costos políticos y económicos que puede tener incurrir en uno. Nadie quiere ser el gobierno que defaultea –asegura la experta-, porque defaultear significa que baje el valor de tus bonos con el riesgo adicional de que, si se vuelven muy baratos, los compren fondos buitre y empiecen un juicio. Y el antecedente de haberles pagado con una súper ganancia como la que les garantizó el gobierno de Mauricio Macri ni bien asumió, suma presión”.

 

El escenario externo

El panorama mundial también es muy diferente. A la Latinoamérica devenida en un sólido bloque geopolítico con gobiernos de corte popular de 2003-2005, se le opone actualmente una región convulsionada por dictaduras y gobiernos de derecha en casi todo el Mercosur. Mientras tanto, en el norte, Estados Unidos parece haber vuelto a poner el ojo en la región que descuidó en la primera década del siglo, cuando enfocó su política exterior en Oriente Medio.

Es en virtud de ese mapa político adverso que el equipo económico encabezado por Martín Guzmán consiguió la única ventaja que este escenario parece tener en relación al canje obtenido por Kirchner: una aparente alianza con el FMI frente a los bonistas privados, a quienes el organismo internacional les pidió que aceptasen una quita del 30% de la deuda que la Argentina mantiene con ellos.

“Es que el Fondo tiene este dilema: la deuda que tenemos con ellos es mucho más alta que en 2003, entonces Argentina va a necesitar muchos más recursos para atenderla. Y Argentina está en crisis. Como quieren cobrar, entienden que alguien tiene que perder”, aclara Val.

Y reflexiona: “Puede no ser lo ideal pero, si no es en el FMI, ¿en quién nos apoyamos? En nuestra fortaleza externa en términos económicos no se puede porque no tenemos reservas, ni acceso al crédito, no están entrando dólares. ¿En el frente interno? Está súper dividido. Y en la región tampoco hay aliados”.

En tanto, sin el boom de las commodities que empujaba las exportaciones y el ingreso de divisas, los superávit gemelos (fiscal y comercial) que se registraron de 2004 a 2009 ya no existen. ¿Cómo prometer un crecimiento sostenido a largo plazo con las cuentas en rojo?

“En 2003, lo que se llamó ‘el cupón del PBI’ fue un endulzante de la oferta argentina, una forma de atraer a los acreedores. Ahora es difícil encontrar uno, porque Argentina no tiene capacidad para demostrar que va a crecer, no tiene reservas, y Vaca Muerta es una inversión a largo plazo”, detalla la especialista.

 

Una deuda impagable

Sólo en 2020, la Argentina tiene vencimientos por 50.000 millones de dólares, entre capital e intereses. Y si bien el FMI ya admitió que la deuda “no es sostenible”, el plan de renegociación -a diferencia del canje de 2003-2005 que fue muy visible- se mantiene hermético. “No es verdad que no tenemos plan, es verdad que no lo contamos. Y no lo contamos porque estamos en plena negociación. Sería descubrir las cartas. Estamos jugando al póker y no con chicos”, sostuvo a comienzos de febrero el propio Presidente.

“Imagino que la oferta será bastante dura y esperan que sea muy corta: para fines de marzo ya tendría que estar cerrada –arriesga Val-. La necesidad de cerrarla rápido tiene que ver con que la Argentina está en stand by hasta que se reestructure la deuda, este gobierno todavía no arrancó. Está esperando eso para establecer cuáles son los recursos que le puede asignar a la economía doméstica. De la reestructuración de la deuda depende el Presupuesto nacional”.

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