Por Carlos Saglul | La Federación Marítima Portuaria y de la Industria Naval de la República  Argentina anuncio el viernes un paro de 48 horas para este domingo y lunes, que rápidamente quedo sin efecto por la conciliación obligatoria dictada por el ministerio de Trabajo. La medida iba a afectar a todo puerto de Buenos Aires. En la semana los trabajadores se movilizaron hacía la sede de la Comisión Nacional de la Competencia. La FEMPINRA, que conduce Juan Carlos Schmid, entregó en ese organismo un petitorio contra las prácticas monopólicas de la empresa multinacional Maersk.

Roberto Coria, secretario General del Sindicato de Guincheros explicó que esa multinacional “es dueña de líneas marítimas, operan la logística y la producción. Manejan toda la línea de transporte, lo que a la larga les permite fijar precios, conformar prácticas monopólicas. Esto derivará en desocupación, bajos salarios, etc. Entendemos que si hay una ley de Góndolas, si enfrentan otro tipo de conductas monopólicas, esta no es menos importante”. Existe preocupación entre los gremios marítimos. ¿Qué pasará con las exportaciones  de las pequeñas y medianas empresas, las economías regionales, si queda un solo operador?

Coria no exagera, Maersk, la empresa más poderosa del mundo en su género, transporta miles de toneladas de carga diariamente por todo el globo. Tiene más de cien mil empleados. Opera en 300 puertos de 120 países. Desde 1918 construye sus propios barcos. Y la diversificación no se detuvo: compraron petroleros, barcos de transporte de gas, transatlánticos…

La compañía se dividió en cuatro ramas. Maersk Line, encargada del transporte de contenedores; Maersk Oil, especializada en la extracción de petróleo y gas natural; APM Terminals, dedicada a la construcción de puertos; y Maertsk Drilling, una empresa de alta tecnología y operadora de sistemas de perforación.

En 2018 se fusionó con Hamburg Sur, la gigantesca empresa naviera alemana, lo que deja a otros armadores en franca debilidad para competir. “Tienen el 70 por ciento de las líneas marítimas en Brasil, Chile, Ecuador, Perú. Imponen su operador portuario, manejan la carga y la descarga. Quieren ser el único operador de carga”, insiste el gremialista.

Un fenómeno interesante es la privatización de los puertos. ¿Quién sabe lo que sale y entra?, le preguntamos a Coria. “En Argentina eso pasa fundamentalmente en el corredor cerealero  Buenos Aires Santa Fe. Son ellos los que te dicen qué exportan, y el Estado les cree. Desde los noventa venimos exigiendo que el Estado controle los puertos. Ahora en la provincia de Buenos Aires se está poniendo mayor control. Es necesario que el Estado se imponga a los grupos económicos y los regule”, dice Coria.

El paro fue decidido por el “agravamiento de la situación imperante con este grupo que concentra mediante un sistema de integración vertical el control de la Terminal 4, conjuntamente con el 75 por ciento del movimiento marítimo y de carga”, indica Luis Rebollo, secretario de Prensa de la Federación.

Explica que «la drástica caída de la carga en la Terminal más importante del Puerto de Buenos Aires,  justo en el marco de la finalización de la del proceso licitatorio que manejó el gobierno de Cambiemos”, pone en peligro 800 puestos laborales.

“A menos de 80 días de asumir el gobierno nacional, este grupo está por producir un daño importante a todo el comercio exterior a través del monopolio que se le da”, añade el vocero de FEMPINRA.

El puerto de Buenos Aires concentra el 90 por ciento del movimiento de contenedores. El gobierno anterior –según todas las fuentes- pensaba unificar las terminales en manos de Maersk. No es la primera operación que los liga.

Ante los supuestos sobreprecios por varios millones de dólares que el gobierno de Cristina Fernández habría pagado a la empresa Marítima Meridiam por los servicios de practicaje y remolque de los barcos gaseros, la gestión de Cambiemos optó por entregar gran parte de esa gestión a Maersk. Para ello, Maersk se  asoció increíblemente con la empresa que se debía desplazar, solo que se le cambio de nombre: Logística y Servicios. El escándalo no termino allí ya que se detectó que Maersk trabajaba en la extracción de petróleo para los británicos en Malvinas, lo que prohíbe la Ley  26659/11. La norma no permite al  gobierno argentino contratar compañías que trabajen en Malvinas para los británicos. Los funcionarios de Cambiemos justificaron la sociedad diciendo que la ley había quedado “vetusta”. Un mes antes de la finalización de su gobierno, Mauricio Macri y parte de su equipo comenzaron a ser investigados por las justicia por otorgar permisos para la explotación de petróleo y pesca en las Malvinas, sin que la autorización hubiera pasado por el Congreso.

Desde la desaparición de Líneas  Marítimas Argentinas el mar nos es ancho y ajeno. Somos apenas parte de la competencia de dos o tres empresas que, con increíbles ramificaciones, disputan por ser las dueñas del comercio marítimo.

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