Por Sofía Acosta | “Cuando empezó a darse la llegada del Coronavirus a nuestro país comenzamos a preguntarnos qué pasa con nuestras compañeras y hermanas trans. Las chicas trans que están en situación de prostitución no tienen otro ingreso, no tienen protección, no tienen familia para resguardarse. Comenzamos a notar la invisibilización”, señaló en diálogo con Canal Abierto, Lara Bertollini, activista por los derechos travestis y trabajadora del equipo de la Fiscalía de Seguridad Social conducida por Gabriel de Vedia.

Históricamente una gran parte de la comunidad travestis trans ante los hechos de violencia y discriminación escapa de sus provincias y familias y llega a Capital Federal en busca de mayores oportunidades y derechos. Si resulta difícil acceder a una vivienda o un trabajo formal para una persona cis, mucho más complejo es para una persona trans o travesti. En muchos casos, no se trata solo del dinero, sino que tampoco poseen si quiera sus partidas de nacimiento, o el DNI y viven en pensiones y hoteles baratos.

Durante 2019, sólo hasta junio, ya se habían registrado 68 crímenes de odio contra el colectivo LGTBI, es decir un ataque cada 68 horas, según datos parciales del Observatorio Nacional de Crímenes de Odio LGBT creado por la Defensoría LGBT del Instituto contra la Discriminación de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, en articulación con la Federación Argentina LGBT y la Defensoría del Pueblo de la Nación.

Una semana atrás, el Gobierno dictó la cuarentena obligatoria para todo el país y una buena parte del colectivo travesti trans se quedó sin su mayor ingreso. Una de las pocas opciones para ganar dinero es el trabajo sexual, la prostitución.

“La situación es que una buena parte de nuestras compañeras quedan solas y relegadas. En los hoteles les cobran cuatro veces más que a una persona cis. No tienen contención afectiva. Muchas de las compañeras tampoco pueden salir a las zonas rojas y esto pone en jaque al sistema acerca del lugar que tenemos en la sociedad, de no encontrarnos con un trabajo formal, real, digno, para poder hoy mitigar las situaciones que son de extrema precariedad”, explicó Daniela Ruiz, activista travesti, directora de la compañía Siete Colores Diversidad.

“Quiénes son las que van a tener los respiradores, cómo va a ser la atención si la mayoría tenemos siliconas líquidas en nuestro cuerpo, que no se sabe y se desconoce. Vamos a caer como moscas. La situación es compleja. Por eso, las compañeras que estamos más empoderadas hacemos las articulaciones con el Estado para que tome cartas en el asunto. Cuesta mucho que la sociedad tome conciencia”, indicó Ruiz.

Pero por suerte, la pandemia puso en evidencia también los lazos de solidaridad y sororidad del colectivo. Organizaciones sociales, territoriales , activistas y militantes crearon redes de contención alimentaria para colaborar con quienes no pueden salir a trabajar y por consiguiente no pueden pagar ni el techo ni la comida

Las chicas trans están pidiendo comida desesperadas en los hoteles porque no pueden salir. Empezamos a articular con el Bachillerato Popular Mocha Celis, El Gondolín, con Daniela Ruiz. Con mil pesos, hacemos magia, le sacamos el agua a las piedra. Esta situación nos demuestra que el colectivo travesti y trans tiene la capacidad de ser sororas y que se incorpora a las luchas sociales porque somos las que estamos abajo de todo, somos la raíz en el barro, les que no tienen nada“, resaltó Bertolini.

 

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