Redacción canal Abierto | En las últimas jornadas el precio del petróleo se desplomó en sus principales indicadores. Tanto el WTI, que es la referencia en Estados Unidos, como su par europeo, el Brent, vieron caer sus cifras a niveles insólitos. En el primer caso, se dio la situación inédita de que la cotización fuera negativa.

Según Felipe Gómez Ríos, investigador del Observatorio Petrolero Sur (OPSur), las causas son múltiples y combinan la cartelización del sector, el aislamiento propiciado por la mayoría de las naciones del mundo para contrarrestar la pandemia del COVID 19 y la acción de los especuladores de siempre.

De acuerdo al investigador de OPSur, hay una crisis muy importante en torno a la producción de petróleo en todo el mundo. Sus tres principales actores son Estados Unidos, Rusia y el cártel encabezado por Arabia Saudita, que terminan definiendo la cantidad de producción que hay a nivel mundial y venían sosteniendo un nivel de producción elevadísimo.

“Un segundo elemento es el bajo nivel de consumo a nivel mundial producto del aislamiento obligatorio que estamos viviendo en todos los países, ya que el 30% de la población está adentro de sus casas. En el nuestro, por ejemplo, se está consumiendo entre el 15 y el 20% de las naftas de lo que habitualmente se hace. Y hay un tercer elemento, que quizá sea el más relevante, que es un nivel de especulación muy importante que existe en torno al petróleo. Lo que ocurrió es que el 21 vencían los contratos de petróleo que van a entrar en mayo en Estados Unidos y en este momento no hay lugar donde guardar ese petróleo”, sostiene Gómez Ríos.

Una vez que el crudo es extraído del subsuelo, es llevado a una refinería para transformarlo en nafta. “Lo que ocurre hoy es que las refinerías no están realizando este proceso porque después no tienen a quién venderlas. Muchas, como YPF, están metiendo el crudo en barcos de abastecimiento. Y ya se acabaron, no hay más barcos en el mundo para contratar. Entonces lo que ocurrió estos días fue una movida muy especulativa de los que tenían contratos para mayo. Quisieron deshacerse de ellos rápidamente para no tener ese problema de abastecimiento”, explica el especialista.

Dejar de explotar un pozo es fácil, pero no lo es tanto hacer que vuelva a producir, y ese es otro problema del sector. Es por eso que las petroleras siguen extrayendo crudo, a pesar que las refinerías no den a basto para procesar ni almacenar. Al respecto, Gómez Ríos explicó: “Hay un problema técnico con dejar de extraer del pozo que está fluyendo. Es muy costoso cortarlo, porque después hay que volver a hacerlo funcionar. El problema es geopolítico: cuando empezaron a discutir entre Estados Unidos, Rusia y la OPEP, estaban llegando a un principio de acuerdo por el que a México le tocaba reducir un tercio de la producción y López Obrador se negó. Entonces Trump lo tuvo que llamar para que lo hiciera”.

Cada suba del precio internacional del crudo se traduce en un aumento del precio de la nafta en los surtidores. Además del aumento en el costo de vida que implica para aquellos que se movilizan o trabajan con vehículos, esta suba impacta en casi todos los productos que consumimos merced al coste de transporte que incluye. ¿Este derrumbe tendrá entonces el impacto negativo correspondiente en nuestra vida cotidiana?

“La verdad es que Argentina hace bastantes años que por momentos se desacopla de los precios en relación a las cotizaciones internacionales. Esto permite cierta estabilidad, lo que habilita a contratos con petroleras a largo plazo. Por eso es que el valor del petróleo no tiene relación con el precio de las naftas. De hecho, hoy tenemos los precios congelados desde las PASO. No está claro que va a pasar, ni nos vamos a poner a especular con esto, porque aún en este contexto de pandemia ha sido muy difícil poder leer cual va a ser la solución política del sector energético. Se había planteado que hubiera una propuesta de ley de hidrocarburos para marzo que no ocurrió”, destacó Gómez Ríos.

Otra pregunta que invadió a más de uno es el impacto que esto tendría en el yacimiento de Vaca Muerta, tótem en el que más de un gobierno, incluido el de Alberto Fernández, ve la posible salida para muchos problemas del país. Al respecto, Gómez Ríos advierte que hay dos planteos posibles: uno tiene que ver con la producción de gas y petróleo para el país y otra con la visión exportadora, que tiene que ver con la entrada de dólares al país.

“Para muchos, Vaca Muerta no sólo implica una visión energética, sino también económica. Hay una tensión muy fuerte en torno a eso hoy. Todos esos análisis obvian aspectos sociales y ambientales: con los desplazamientos de comunidades mapuches y la contaminación de tierra, aire y agua. Estos aspectos tienen que pesar como factores dentro de la ecuación. Creemos que se tiene que generar en una transición energética que supere a Vaca Muerta, porque hoy no está siendo una solución posible. En los últimos 10 años, ante la crisis por la falta de gas y petróleo, se decidió seguir apostando al gas y al petróleo, en vez de diversificar. Hubo motivos para tomar esa decisión entonces, pero creemos que una década después, son equivocadas”, aclaró.

Dicen que crisis es oportunidad. Y Gómez Ríos, parece adherir al precepto, al menos en la materia que maneja. “Este momento crítico nos tiene que obligar a pensar en una democratización del sector energético. Nos tiene que obligar a que los trabajadores del sector puedan tener una voz muy importante. Lamentablemente es un sector que, no sólo en este gobierno, sino históricamente, se maneja con mucho secretismo. El 90% de la energía que consumimos proviene de los hidrocarburos. Es un porcentaje muchísimo más alto que el de Brasil, ni hablar de Uruguay. Y depender de hidrocarburos nos hace depender de muy pocas empresas. Y ellos toman una decisión que tiene un fuerte impacto en todo el país”, concluyó.

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