Redacción Canal Abierto | A cinco días del final de la tercera fase del aislamiento social, preventivo y obligatorio, las ansiedades y las urgencias económicas empujan por volver a la normalidad. Sin embargo, el pico de contagios no ha llegado y desde el Gobierno nacional analizan una flexibilización paulatina.

“Tenemos que tener conciencia como pueblo de lo que fuimos capaces de hacer. Es un logro social como país. No debemos dejarnos llevar por la ansiedad de algunos, es lo peor que nos puede pasar y tirar todo por la borda”, señaló el Presidente en una entrevista con TN.

“Hay que moverse con mucho cuidado”, destacó, apuntando a los opositores que alientan a romper la cuarentena por redes sociales. Y agregó: “A veces se dicen cosas muy irresponsables y mucha gente de buena fe lee y cree y no se da cuenta de una noticia falsa o una opinión irresponsable”.

Canal Abierto dialogó con Silvia González Ayala, Gabriela Piovano, Daniel Stamboulian y Diego Maurizi, cuatro especialistas en infectología para disipar las dudas comunes que surgen en este escenario.

Al comenzar esta tercera fase, el discurso presidencial resaltó que la flexibilización de la cuarentena podía darse en determinados lugares y con ciertas condiciones.

Al respecto, Diego Maurizi, infectólogo del Hospital Municipal de Bahía Blanca, dijo: “Uno ve más libertad para poder soltar la cuarentena cuando no es el transporte público el principal medio de comunicación que tiene la gente. En el AMBA, este no es el caso, entonces ahí la flexibilización va a ser mucho más lenta. Todos conocemos cómo funciona sin pandemia el subte. La aglomeración es un hecho que vemos a diario. Se debería pensar que las empresas que se vayan flexibilizando tengan horarios de ingreso escalonados, por ejemplo”.

En la misma línea, la infectóloga de la Universidad Nacional de La Plata, Silvia González Ayala, sostuvo: “La aglomeración en el sistema de transporte público es algo que no debe pasar. Por eso para mí, salud y economía van juntas. El trabajo debe ser en conjunto porque en un conglomerado como Buenos Aires es imposible que las personas vayan a trabajar en bicicletas como en otras provincias. Por eso para cada actividad hay que establecer la modalidad de manejo, un protocolo que implique el menor riesgo”.

Según trascendió en los últimos días, hay funcionarios del gobierno porteño que hablan de encarar una cuarentena no tan rígida e incluso inmunizar a la población mediante el contagio. Para Gabriela Piovano, infectóloga del Hospital Muñiz, este no sería el mejor consejo.

“Buenos Aires es la más populosa y la que más casos tiene. Producir el contagio a la mayoría y que de esa forma la población adquiera defensas no es viable. Ejemplo de esto es lo que pasa en la Villa 31, donde hace una semana tenías tres casos y ahora tenés 21. En esas condiciones sí se puede reproducir el pico que tienen los demás países, al punto de que no se pueda manejar. En el caso de la Ciudad de Buenos Aires estamos hablando de millones de personas. Por más que la Ciudad haya sumado camas y respiradores, no está preparada para que haya un aumento inusitado de casos”, señaló.

En este sentido, Maurizi agregó: “Hay que cuidar los geriátricos, que son los que abundan en la Ciudad. Un gran problema también son los asentamientos, donde la gente vive muy hacinada en sus casas y ahí sí es muy difícil pensar que la gente va a poder ejercer el distanciamiento social, más con la época invernal que se nos avecina”.

Mientras, para el médico infectólogo, Daniel Stamboulian, “es importante el cuidado de los adultos mayores de 65 años y los que tienen enfermedades de base, por ejemplo diabetes o hipertensión”.

El invierno

Si bien el desarrollo del COVID-19 no ha demostrado tener mayor o menor incidencia según las temperaturas, no hay que perder de vista que se trata de una enfermedad respiratoria. Es por eso que tanto especialistas como funcionarios del Gobierno han recomendado la vacunación antigripal previa a la llegada del invierno.

“Todo este tipo de virus respiratorio tiene mayor riesgo de contagio en la época invernal, por eso se recomienda que la gente se vacune contra la gripe antes que llegue el invierno. En esos momentos uno tiene tendencia a estar más encerrado, a no ventilar los ambientes y eso facilita que quede el virus en el aire por mayor tiempo”, aseveró Maurizi.

El efecto cuarentena

A 47 días de haber comenzado el aislamiento social, el total de casos confirmados en Argentina es de 4.887, de los cuales 262 fallecieron. Respecto a los confirmados, 925 (18,9%) son importados, 2.137 (43,7%) son contactos estrechos de casos confirmados, 1.377 (28,2%) son casos de circulación comunitaria y el resto se encuentra en investigación epidemiológica.

“La cuarentena empezó el 19 de marzo, y en ese momento teníamos 300 casos. Los contagios se duplicaban cada tres días. Si uno saca la cuenta de qué pasaría si hubiéramos dejado seguir la curva al libre albedrío, al día de hoy tendríamos cerca de 29 millones de infectados. Sin duda que la cuarentena fue muy importante, no sólo porque salvó muchas vidas, sino porque además ha permitido que el sistema de salud tenga tiempo para prepararse para poder dar respuesta a esta pandemia”, resaltó Maurizi.

González Ayala coincide: “Se evitó un gran número de casos por día que ocasionaría el colapso de la atención médica como vimos que pasó en Europa y Estados Unidos. Como estamos en un confinamiento estricto ha sido muy escasa la oportunidad de circulación de las personas y tener contacto con el virus”.

Para Stamboulian, “Nos dejó en una situación bastante privilegiada porque no tenemos demasiados casos ni demasiados muertos, a diferencia de países como Brasil o Nueva York”.

La flexibilización

Próximos al comienzo de la nueva fase de aislamiento que el Gobierno ha denominado “Reapertura progresiva”, va a ser necesaria la evaluación de dónde estamos parados. “Nos dimos un plan para ver cómo evoluciona esto, lograr que el contagio se duplique cada más de 25 días. La última medición estaba en 17 días”, explicó Alberto Fernández.

Y siguió: “La pregunta es cómo es el modo, cuándo es el momento. No quisiera que la urgencia de trabajar termine contaminando un barrio. Lo que sí tenemos que hacer es paulatinamente ir levantando la cuarentena para que todo recupere la normalidad. La pregunta es: si el problema se desata ¿quién va a ser el responsable de eso? En este momento yo soy el responsable”.

Bajo esta línea, Maurizi coincidió: “Tenemos que ser conscientes de que la cuarentena va a seguir, con mayor o menor flexibilización y que la aparición de la vacuna va a tardar un tiempo muy largo. Tenemos que dejar de pensar que va a venir una vacuna salvadora porque eso va a llevar al menos un año. Por ahora tenemos que tratar de preservar la salud de las personas que se encuentran más damnificadas”.

Por su parte, Piovano aportó: “Lo lógico es seguir en cuarentena, pero sabemos que eso tiene consecuencias más que nada económicas para la población. En aquellos lugares donde la circulación del virus ha sido nula o mínima se podrían ir abriendo, sin dejar de controlar y retrotraer en el caso de que se produzca un nuevo disparo”.

Para Stamboulian, la cuarentena, como está ocurriendo en otros países, “tiene que empezar a modificarse”. Si bien los especialistas tienen distintas opiniones en cuanto a las urgencias económicas por sobre la salud, los cuatro coinciden en seguir insistiendo en tres medidas importantes como lo son el lavado de manos, el distanciamiento social y el uso de tapabocas.

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