Redacción Canal Abierto | “Durante cuatro años tuvimos una gobernadora que decía que no iba a abrir un hospital más en la provincia de Buenos Aires”. Esta y otras declaraciones de Alberto Fernández contra la ex gobernadora María Eugenia Vidal agitaron el avispero en la filas de Cambiemos.

Entre otras cosas, el Presidente recordó que, si bien en diciembre de 2015 los hospitales de Esteban Echeverría y La Matanza estaban listos para ser inaugurados, la apertura nunca tuvo lugar. Las críticas resonaron fuerte, sobre en el marco de una pandemia que avanza en nuestro país –sobre todo en Ciudad y provincia de Buenos Aires– y amenaza con colapsar el sistema sanitario.

En un encuentro virtual encabezado por Patricia Bullrich y Miguel Ángel Pichetto, referentes de la oposición salieron a contrarrestar los golpes con una defensa de lo actuado por la gestión anterior. “En vez de inaugurar cáscaras vacías recuperamos 55 guardias de hospitales provinciales”, justificó el radical Daniel Salvador, vice de Vidal.

Si bien es cierto que su gestión heredó una crisis hospitalaria producto de una deficiente administración de Daniel Scioli, los números en materia de inversión y sus resultados no acompañan la estrategia defensiva cambiemita. De hecho, según denuncia la trabajadora del Hospital Evita Pueblo de Berazategui y adjunta de ATE bonaerense Vanina Rodríguez, “lo único que se hizo fue una lavada de cara en las guardias de hospitales, sin cambios edilicios estructurales, algo que queda en evidencia cada vez que llueve y vemos cómo se desprende la mampostería de mala calidad con que quisieron maquillar muchos años de deterioro”.

En primer lugar, como dato insoslayable, hay que decir que el presupuesto provincial en salud pasó de un 6,3% en 2015 al 5,5% del total en 2019. Mientras que la inversión en obras no superó el 3% del presupuesto durante el último año.

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En este sentido, incluso hubo varias denuncias sobre sub ejecución de las partidas, como en el rubro bienes de consumo (insumos y provisiones para hospitales) en 2016: se presupuestaron para todo el año 3.438 millones de pesos y, según la contaduría de la provincia, en el primer semestre solo se gastaron 839 millones. “Su política de achicar el Estado sin importar el costo también incluyó la salud”, apunta la dirigente de ATE y técnica de laboratorio.

La sub ejecución también fue evidente en programas como VIH-SIDA y Hepatitis Virales, que en el primer semestre de 2016 tuvo utilización nula de los 20 millones asignados. En 2018, mientras el Congreso debatía la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo y la gobernadora se oponía reclamando educación sexual y anticonceptivos como alternativa al aborto, el Observatorio de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la Defensoría del Pueblo de la provincia denunció el vaciamiento de los programas de salud sexual y reproductiva, que se traducen en menos preservativos y anticonceptivos y una merma en los recursos humanos para capacitar estas áreas. ¿El resultado? Durante los dos primeros años de la administración Vidal, la cantidad de madres adolescentes aumentó más del 50% en la provincia.

Algo similar ocurrió en el primer semestre de 2016 con el programa Salud Bucal, el cual solo utilizó 92.000 pesos de los 6,1 millones previstos; o con Prevención de las Adicciones y Violencia de Género, que gastaron 49.000 pesos de los 2,3 millones presupuestados.

Otro dato indiscutido es que durante la gestión de Vidal se registró un aumento de la mortalidad infantil en la provincia en comparación con el año 2015, cuando se había registrado la tasa más baja de la historia al alcanzar por primera vez un dígito.

En línea con la polémica en torno a las prisiones domiciliarias otorgadas en el marco del coronavirus, hay que destacar que en 2017 el Servicio Penitenciario Bonaerense denunció que la gobernadora Vidal recortó más de 1.000 empleos de distintas unidades penitenciarias. Al respecto, en su informe anual de 2019, la Comisión Provincial por la Memoria (CPM) alertaba sobre los casos de torturas, muertes y hacinamiento en el sistema. Entre otras cosas, el estudio denunciaba una superpoblación del 110% y que en los cuatro años de Vidal se encarceló a 13.000 personas (en gran medida, sin condena), la mayoría de ellas por narcomenudeo, “sin que construyera ninguna infraestructura para alojar a esos nuevos presos y presas”.

En toda la provincia de Buenos Aires hay 80 hospitales provinciales, entre ellos los de Esteban Echeverría y La Matanza, protagonistas del reciente cruce político. En ambos casos, las obras se habían paralizado con la llegada de Macri y Vidal al poder, cuando rondaban entre el 70% o el 80% de avance en la construcción. Según fuentes oficiales, “se neutralizaron” -es decir, paralizaron- en febrero de 2016 “por temas administrativos y de certificación”, según informó la Jefatura de Gabinete de Ministros en 2018. Las gacetillas oficiales del Ministerio de Obra Públicas liderado por Gabriel Katopodis confirman la versión macrista.

Un capítulo aparte merecen las condiciones precarias de contratación de buena parte del personal sanitario, sobre todo de los cerca de 5.000 becarios del sistema bonaerense. La falta de personal, producto del congelamiento de vacantes expresado en los distintos decretos del gobierno, deterioró aún más la calidad del servicio que se brinda a los bonaerenses. Aunque esta realidad no sea responsabilidad exclusiva de la administración Cambiemos, desde ATE reconocen que “el 7 de diciembre la gobernadora tenía que firmar más de 900 pases a planta de compañeros y compañeras becarios, que son los que sostienen la salud pública bonaerense desde 2013. Sin embargo, frenó todo el procedimiento y se negó darles estabilidad laboral”.

Es más, fueron muchos los servicios que debieron cerrar por falta de recursos humanos: por poner un ejemplo, el área de pediatría del Hospital Bocalandro (Tres de Febrero) debió estar fuera de funcionamiento durante meses, y luego con guardias dos veces por semana, por la ausencia de pediatras. “En estos cuatro años sólo hubo dos mil ingresos en hospitales, un número muy bajo si tomamos en cuenta el incremento de la demanda que tuvimos por aquellas familias que se acercaron al hospital público porque no pudieron seguir pagando obras sociales o pre pagas”, explica la dirigente de ATE.

“Las cerca de 20 unidades de pronta atención, que son como mini hospitales en sectores vulnerables, fueron desfinanciadas de manera silenciosa por parte de Vidal, y de tener cada una entre 60 a 80 trabajadores pasaron a contar con la mitad del plantel profesional”, cuenta Vanina Rodríguez sobre las Unidades de Pronta Atención (UPA), por las cuales el exgobernador Scioli fue imputado en la justicia.

La llegada del SAME al conurbano bonaerense es el logro más reconocido por propios y ajenos respecto de la gestión sanitaria de Vidal en provincia. Sin embargo, y al igual que sucediera con las millones de vacunas varadas en la Aduana o las miles de netbooks arrumbadas, en 2020 salió a la luz el hallazgo de 24 ambulancias que, según informaron fuentes del Ministerio de Salud bonaerense, habían sido compradas y luego abandonadas en depósitos durante la gestión de la ex gobernadora María Eugenia Vidal.

De acuerdo a voceros de la cartera sanitaria, hay una investigación interna y una auditoría en curso para determinar por qué no fueron puestas a disposición del sistema de salud. Hace algunas semanas, y tras una inversión de 1.700.000 pesos para su puesta a punto, las unidades fueron distribuidas para enfrentar la pandemia de coronavirus en las doce regiones sanitarias en que se dividen los 134 municipios de la provincia, priorizando aquellas donde haya más circulación del virus.

Lo cierto es que ahora la Argentina, y sobre todo el conglomerado del Área Metropolitana de Buenos Aires, afronta el gran desafío de lidiar con una pandemia en condiciones –cuando menos– precarias. En la primera línea estarán los profesionales de la salud y a la cabeza, su gobernador, Axel Kiciloff quien –a diferencia de su antecesora– no podrá dedicarse a echar culpas a “los 28 años de gobierno del peronismo”. Tampoco le será útil entrar en el loop discurso del achaque a la pesada herencia macrista. Pero que la hay, la hay.

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