Redacción Canal Abierto | “Si se lograra que la ley 3.706 se lleve a la realidad cambiaría muchísimo la situación de la gente que hoy se encuentra tirada en el piso en situación de calle. Ellos sí están muy a la deriva. Ahí hacemos lo que no nos gusta: el asistencialismo puro”, cuenta la presidenta de la Asociación Ni una persona más en la calle, Mariel Arias.

Sólo en la Ciudad de Buenos Aires, más de 7.200 personas se encuentran en situación de calle. De esta cantidad, mucho menos de la mitad duerme en albergues o paradores. Ante la  pandemia del coronavirus, sus alternativas son pocas y están constantemente expuestos todo el tiempo tanto al dengue como al virus.

“Ante cualquier situación viral no hay manera de seguir ninguna de las indicaciones que dan por televisión, ni el gobierno de la Ciudad ni el Gobierno nacional. No hay forma de aislarse, de mantener una higiene en las manos o en el cuerpo porque no hay lugares habilitados para eso”, señala Horacio Ávila, de Proyecto 7.

También te puede interesar: Cuando no hay techo, ¿cómo se hace cuarentena?

Si bien el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta estableció dispositivos de emergencia para atender a esta población, casi el 85% de las personas que estaban ubicadas en el parador de Retiro se contagiaron de COVID-19. Eso es algo que desde las organizaciones se venía denunciando, que no eran los lugares adecuados para aglomerar personas y que lo más conveniente era destinarlas a viviendas sociales o a hoteles.

“La población que no está en piso y que quizás tiene un celular precario, se comunica permanentemente con los referentes y está bien asistida. En el Instituto Arancibia aprenden diversos oficios y la escuela estaba entregando hasta hace 15 días un bolsón de alimentos que le provee el Estado. El miércoles pasado, que había entrega, se suspendió porque hay casos de COVID-19”, informa Arias.

Hay entre 25 y 30 organizaciones que se reparten la tarea de asistir a las personas en situación de calle en el Gran Buenos Aires. Hay recorridas y puntos fijos de atención, aunque ahora la cantidad de voluntarios se vio reducida en un 50% ya que muchos de ellos padecen enfermedades crónicas o integran el grupo de riesgo.

Sobre la situación de los paradores, la presidenta de Ni una persona más en la calle comenta: “Sigue siendo una situación precaria. Nunca se transformaron, como dice la ley 3.706 promulgada en 2013, en centros de día de puertas abiertas. Y los centros de puertas abiertas funcionan. Ejemplo de esto son el Monteagudo, Frida, el Che Guevara, todos bajo la órbita de Proyecto 7 que funcionan perfectamente. Lo mismo debería haber sucedido con el resto de los paradores que existen porque está tipificado en la ley, pero al día de hoy la voluntad política no apunta a concretar esta gran necesidad. Estamos hablando del distrito más rico de nuestro país, el que más recursos tiene y esta es una modificación que se necesita”.

En esta pandemia se agudizaron todas las imperfecciones sociales, y hasta ahora, el GCBA no pudo dar garantías sobre los derechos mínimos y las necesidades básicas a esta gente que está en un estado de vulnerabilidad total.

Una de los trabajos de asistencia y seguimiento que realizan desde la organización presidida por Arias es acercar a esta población a un puesto laboral: “Trabajamos con gente que está siguiendo su primario o secundario y lo quiere terminar. Hacemos el armado de currículums, los derivamos a fundaciones que trabajan solamente con gente en situación de vulnerabilidad como los que salen de prisión, mamás que huyen de situaciones de violencia de género, migrantes que no tienen absolutamente nada”.

A su vez, estos vecinos que trabajan así, a base de solidaridad y donaciones desde 2012, están hoy abocados también al apoyo a los barrios vulnerabes azotados por el coronavirus y la falta de agua. Mientras, el reclamo por un abordaje adecuado a las personas que están en la calle, con un equipo interdisciplinario, sigue estando arriba.

También te puede interesar: Las vidas villeras también importan

“En el caso de CABA, los recursos para hospedarlos, asistirlos o derivarlos están. La gente que está en la calle, en un gran porcentaje, tiene rotos vínculos familiares, a veces en una situación psiquiátrica delicada y tiene apenas una uña insertada en la sociedad. El último fin de todo el trabajo que hacemos es que esa persona recupere un poco de dignidad”, expresa Arias.

Por su parte, el coordinador de Proyecto 7, agrega: “La gente en situación de calle siempre es una población muy olvidada. Siempre se toman medidas sociales en relación a situaciones de vida normal. Deberían ampliar la visión y darse cuenta que hay poblaciones muy vulnerables, que están sumamente hacinadas y en situaciones de desprotección absoluta, con un montón de situaciones que los hacen muy propensos al contagio directo”.

 

 

Recibí más periodismo de este lado

Nuestros temas