Redacción Canal Abierto | Hace dos semanas la opinión pública argentina se vio sacudida por la lamentable -aunque anunciada- muerte por Covid-19 de Ramona Medina, la comunicadora de La Poderosa que tan sólo unos días atrás había sido la cara visible del reclamo por la falta de agua en la Villa 31.

Aunque no se tratara de la primera víctima fatal de la pandemia en un barrio vulnerable de la Argentina, el caso de Ramona llegó a los portales de los principales medios de comunicación hegemónicos, estuvo en boca de funcionarios porteños y nacionales, e instaló a las villas como principal foco de atención en la pandemia. Por esos días, el desgarrador relato sobre la desidia estatal llegó incluso hasta Casa Rosada. A la inicial conmoción e indignación, le siguió luego un encuentro entre Alberto Fernández y Nacho Levy, referente de La Poderosa.

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Aunque en un principio buscó despegarse de la falta de protocolos y de agua (primero atinó a echarle la culpa a AySA), la cúpula del gobierno porteño se terminó por sumarse al sinfín de condolencias por el fallecimiento. ¿Autocrítica? Ninguna. ¿El abandono? Continúa.

Desde entonces la gestión de Horacio Rodríguez Larreta solo mencionó medidas genéricas y en forma pública. Lo que es más sorprendente, llegó a apelar una medida cautelar que lo intimaba a proveer elementos sanitarios y agua potable en todas las villas. Mientras tanto, la curva continúa con una tendencia exponencial en estos barrios, donde ya suman 3331 los casos de coronavirus (casi la mitad del total de toda la ciudad) y 25 los fallecidos.

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El sábado pasado la tragedia y la bronca volvió a los barrios populares, esta vez en la Villa 21-24, con el fallecimiento de Ramona Collante. La familia de esta inquilina de 53 años se había comunicado con el SAME el viernes. Luego de casi 3 horas de espera, la ambulancia llegó al domicilio, recetó un medicamento y se negó a trasladarla a un hospital. Ramona no sólo tenía síntomas compatibles con coronavirus, sino un cuadro previo de hipertensión (una de las dolencias preexistentes más riesgosas en estos casos). A las pocas horas falleció en su casa: un hisopado post mortem confirmó el positivo por Covid-19.

“No nos están escuchando: no tenemos agua, faltan insumos y los doctores ya no dan más”, explicó a Canal Abierto Dagna Aiva, referente del Frente Salvador Herrera de la CTA Autónoma Capital en la Villa 21-24 (Zavaleta). “Están llegando tarde, todo el tiempo. La desidia es total, se podría haber salvado y la responsabilidad es del Gobierno de la Ciudad”.

Desde hace días, los vecinos de este populoso barrio vienen denunciando la falta de agua o baja presión que, al igual que en la Villa 31, vuelve casi imposible el cumplimiento de las recomendaciones de higiene. A su vez, denuncian la falta de protocolos en el operativo “Detectar”. “La espera de entre 10 y 12 horas tiene que tener otro protocolo porque los vecinos no pueden esperar todos juntos dentro de una sala. Estamos teniendo casos que primero dieron negativo, pero a los pocos días se convierte en positivo por los contagios que se dan mientras se espera el resultado del primer test”, señaló a Canal Abierto Silvia Cano, militante del Frente Popular Darío Santillán (FPDS) en el barrio.

El Hospital Penna confirmó esta mañana que ya son 303 casos confirmados entre la Villa 21-24 y la Zavaleta.

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