Redacción Canal Abierto | Cinco aviones hidrantes, dos helicópteros y más de dos centenares de bomberos voluntarios combaten día y noche los incendios forestales en la zona norte del valle de Punilla, de Córdoba, que –según indicó el director de Defensa Civil provincial, Diego Concha– ya se convirtieron en el siniestro más grande de este tipo de los últimos 12 años. La gravedad del desastre llegó a tal punto que, además de las 14 mil hectáreas afectadas, el fuego arrasó con siete viviendas y obligó a evacuar a más de un centenar de personas.

El Gobierno de Juan Schiaretti actualizó esta mañana la situación de los distintos focos activos y detalló que uno de los incendios avanza entre Capilla del Monte y Cruz del Eje, en el norte del valle de Punilla. La otra región afectada se encuentro en la serranía alta de Pan de Azúcar, en las cercanías de la ciudad de Cosquín y a pocos kilómetros de la capital provincial.

Es en este último frente de batalla contra el fuego que Fabricio Quaglia pone el cuerpo durante horas cuando termina su turno laboral como chofer de ambulancia en Saldan, la pequeña localidad cordobesa donde vive junto a su familia. En diálogo con Canal Abierto, este bombero voluntario de 25 años cuenta cuál es la situación en el cerro, por qué se producen estos desastres y cuáles son las razones que lo llevan a arriesgar la vida.

¿Cuál es la situación en el Pan de Azúcar?

– En este momento el fuego está totalmente descontrolado, el viento y la sequía no dan tregua. La meteorología no nos está favoreciendo y el uso de aviones hidrantes se está complicando por el viento y la visibilidad reducida por la cantidad de humo. Todo indica que vamos a estar varios días luchando contra este fuego.

Encima el acceso al Pan de Acucar es a pie y no se puede entrar con vehículos, lo que complica más el combate porque tardamos entre tres y cuatro horas en llegar al foco del incendio.

¿Es normal que pase esto en esta época del año?

– El problema suele ser el invierno, cuando el frío seca todo lo que es vegetal. Y peor en estos meses en los que hay más viento y falta lluvia.

Gracias a la humedad, en el verano nosotros descansamos de los incendios, pero en ese momento va a ser complicado con las inundaciones (la desforestación hace que la tierra no absorba las precipitaciones de verano) y toda la contaminación de los incendios que termine arrastrando el agua, como por ejemplo las cenizas.

Ya se habla de una intencionalidad detrás de estos incendios, ¿hay indicios de que esto sea así?

La verdad es que no tengo idea cómo se originaron estos focos. Como bomberos nos dedicamos a apagar y controlar el fuego. Después es la Justicia la encargada de investigar las causas.

Pero te diría que en esta zona, el 99% de los incendios forestales son provocados por el hombre, y en muy pocos casos por algún rayo u otra causa natural. Por ejemplo, a veces empieza por la irresponsabilidad de alguien que no apaga bien las brazas de un asado en un camping.

¿Qué te pasa por la cabeza cuando subís a apagar un incendio?

– El bombero que dice que no tiene miedo miente. El miedo siempre está. Pero da mas miedo que el fuego esté a seis kilómetro de donde vivo, en Saldan, y a otros tantos kilómetros de la capital. De hecho, desde la ciudad hoy se puede ver el humo y las cenizas .

Tengo 25 años, soy padre de un bebé y cada vez que tengo que ir al cerro se me cruzan las imágenes de mi hijo, de mis viejos.

Es difícil, pero estamos entrenados y capacitados para esto. Lo hacemos desinteresadamente, de corazón: de hecho, de los 40 bomberos de mi cuartel, sólo cinco tienen becas del gobierno y el resto somos voluntarios.

Por ejemplo, yo soy asistente y chofer de ambulancia: ayer a las tres de la tarde subí a apagar el fuego, bajé hoy a las seis de la mañana y después del mediodía entré a trabajar a mi turno. A las 19 termina mi horario laboral, descanso unas horitas y vuelvo al cerro.

Capaz te parece una pregunta ridícula o quizás la mas sencilla de todas: ¿qué es lo que hace que un bombero voluntario, sin cobrar un peso, se juegue la vida apagando incendios?

– Una vez que sos bombero lo haces de vocación, te sale de adentro.

Por otro lado, soy alguien que piensa mucho en su futuro y me encanta donde vivo y el paisaje, y también voy por eso: para cuidar mis bienes y pulmones, los de mi familia, de mi hijo.

Acá hay un sentido de pertenencia y cuidado del ambiente que es muy fuerte: además de brigadistas, son muchos los civiles que están colaborando. La gente siempre se acerca a los cuarteles o a los accesos al cerro para traernos agua o comida.

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