Canal Abierto Radio | Desde los primeros meses del año, las víctimas de una red de robo de bebés en la Clínica la partera Juana Elena Arias de Franicevich en Wilde, que funcionó entre 1962 y 1984, se encontraron en las redes sociales e iniciaron una campaña para encontrar a sus familias o a los hijos apropiados.

“Cuando empezó la cuarentena vi una publicación en un grupo de Facebook que nombraba a la misma partera que tuve yo, me puse en contacto con él y ahí empezó todo” comentó María Julia Belloccio, víctima de la apropiación y activista por la búsqueda de la identidad de esos niños y niñas sustraídos. El grupo, con más de 40 personas nacidas en la clínica y que dudan de su identidad, inició una campaña para dar con sus familias biológicas, que no saben que nacieron con vida, y acompaña a algunas madres que buscan a sus bebés.

En 1969, a Leonor Lazzarano su mamá la llevó a la “clínica de doña Elena” a tener a su bebé. Allí, la indujeron al parto y la durmieron, aunque ella llegó a ver y escuchar a su hijo o hija. “Cuando se despertó su bebé supuestamente había fallecido” señaló Belloccio.

La organización realizará una presentación en la Sala 3 de la Cámara Federal de Apelaciones de La Plata para evitar que se archive la causa por el posible robo del hijo o hija de Leonor Lazzarano y Alberto Landaburo.

“Casi todos tenemos la misma historia: a nuestros papás de crianza les dijeron que nuestras mamás biológicas eran jóvenes, vulnerables, que no nos podían tener, y entonces decidieron darnos en adopción. Pero la realidad era otra, para la mayoría sus bebés habían fallecido en el momento del parto. Muchos de nosotros somos prematuros, y ese es un dato que un poco te pone en alerta”, agrega.

La querella sostiene que se trata de una red que traficó niños y niñas donde participaron la partera Juana Elena Arias de Franicevich y el médico de la policía bonaerense, Jorge Antonio Bergés, condenado por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura militar. Bergés además está implicado en varias causas de apropiación del Circuito Camps y conexiones con estas redes dentro del accionar policial. Entre el ’62 y el ’84 nacieron cientos de niños y niñas en esa clínica, y obviamente existen familias que atravesaron sus partos allí y no registraron problemas.

La red funcionaba así: a los padres de crianza, además de pedirles una suma de dinero y mentirles sobre el origen de los bebés, “los hacían ir de noche para entregarles sus bebés y no tenían ningún tipo de cuidado”. Belloccio agregó que en algunos casos hasta les preguntaban la contextura física que preferían del niño o niña que fueran a adoptar. También se investigó la práctica de abortos clandestinos, y una de las posibilidades, sin confirmar, “era que las hacían esperar para parir y los entregaban a la venta a los bebés”.

Otra de las batallas que el grupo lleva adelante es por la ampliación del Banco Nacional de Datos Genéticos, que no recibe muestras de ADN a personas que no sean víctimas de la dictadura cívico militar. “Hay un montón de mamás buscando a sus hijos robados, y tenemos que recurrir a los privados para hacer los estudios, que tienen un costo muy elevado. Queremos que eso se abra” indicó Belloccio.

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