Por Cecilia Rodríguez* | Mariana de Jesús Ayala López es paraguaya, tiene 76 años y es la abuela de María Carmen y Lilian Mariana Villalba, las niñas asesinadas en el norte paraguayo en lo que fue presentado a la prensa como un operativo exitoso de la Fuerza de Tarea Conjunta (FTC) contra la organización guerrillera Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP). Vive en Puerto Rico, Misiones, y allí conversamos con ella sobre la difícil situación que viven tras la muerte de sus nietas.

El miércoles 2 de septiembre la FTC comunicó que dos mujeres, a quienes atribuyeron ser jefas del EPP, habían sido abatidas en combate. La prensa publicó las fotos del lugar de los hechos con los objetos encontrados en el supuesto campamento guerrillero. Militares y funcionarios se mostraron en el lugar. Hasta el mismo presidente paraguayo Mario Abdo Benítez se hizo presente para posar exultante junto a la tropa y festejar por los resultados del operativo. También difundieron las fotos de las mujeres abatidas, que fueron publicados en la prensa paraguaya. De esa manera doña Mariana de Jesús reconoció a sus nietas. Se trataba de María Carmen (Aurorita) y Lilian Mariana y tenían 11 años de edad.

“Es un momento muy difícil, muy duro para nosotros porque nuestras niñas querían conocerle a sus padres, nosotros no podíamos negarnos a eso y entonces fueron acompañadas por su tía y se fueron hasta allá. Pero nuestro convenio fue que ellas tenían que volver, aprovechar las vacaciones allá y volver para las clases. Pero esa situación no se dio justamente porque apareció el Covid, que todas las rutas estaban cerradas, no había tránsito. Cuál fue nuestra sorpresa cuando hubo esa comunicación, esa noticia tan mala que nuestras niñas fueron ejecutadas”, relata doña Mariana mientras sostiene las fotos de las niñas.

“Nos duele muchísimo, nos deja un vacío muy grande. Son niñas que crecieron con nosotras desde bebesitas, se iban a la escuela, hacían también los quehaceres de la casa preparándoles también ya  para el futuro para que puedan estar en condiciones de estudiar, que puedan seguir su estudio. Ese fue nuestro ideal, nuestro sueño y se nos truncó”, lamenta.

Mariana de Jesús es la madre de varios de los integrantes más reconocidos del EPP: Carmen Villalba, detenida en la cárcel asunceña de Buen Pastor; Osvaldo Villalba, el máximo jefe de la organización y Liliana Villalba.

Esos vínculos familiares le valieron a ella, a sus otras hijas y nietxs ser víctimas de constante hostigamiento y amenazas en Paraguay, por lo que debieron abandonar su lugar de origen.

Desde hace diez años, relata, vive junto a dos de sus hijas y una decena de sus nietas y nietos en una chacra en la zona rural de la localidad de Puerto Rico, Misiones, donde intentan reconstruir sus vidas. María Carmen y Lilian Mariana, ambas de nacionalidad argentina, eran parte del grupo que vive junto a Mariana de Jesús. Viajaron a fines de 2019 a Paraguay porque estaban interesadas en conocer a sus padres que viven en la clandestinidad. Ya no pudieron regresar a Misiones.

La noticia del asesinato de las niñas golpeó de lleno al grupo familiar, que además de soportar el dolor por las muertes debe enfrentar  las mentiras e infundios que los voceros de las instituciones paraguayas comenzaron a esgrimir para tapar los crímenes de la FTC.

La abogada Daisy Irala representa a la familia Villalba en Asunción y fue la primera que denunció la edad y la identidad de las niñas asesinadas, desmintiendo al General Grau – asesor del Comando en Jefe de la FTC – quien insistió en el carácter de combatientes de las niñas y les atribuyó una edad de entre 15 y 18 años para justificar la versión. Grau contó para ello con el apoyo del forense de la Fiscalía de Horqueta, Cristian Ferreira,  quien dijo haber examinado los cuerpos y haber determinado la edad de 15 años para uno y entre 17 y 18 años para el otro. Los cuerpos de las niñas fueron rápidamente sepultados, a pesar del reclamo de sus familias de que les sean entregados, mientras los voceros de distintas instituciones sembraban dudas acerca de su identidad.

 La “guardería” en Argentina

El reclamo de la Cancillería argentina, que exigió una investigación y sanciones a los responsables de la muerte de las niñas, obligó al gobierno paraguayo a dar una respuesta. La del General Grau fue atribuir a la Argentina haberse convertido en una guardería de niños guerrilleros del EPP, en línea con las afirmaciones de que las niñas asesinadas eran combatientes y de que la guerrilla realiza reclutamiento forzado de niñas y niños.

Las expresiones de Grau provocó una protesta formal del gobierno argentino, por lo que el general aclaró que su acusación no era contra el Estado argentino, sino contra la familia Villalba que reside en Argentina.

“Acá no nosotros no le formamos para eso, le formamos y le preparamos para la vida. Personas ciudadanas que sean útiles a la sociedad y a su familia”, responde  doña Mariana a esas acusaciones.

“Ellos dicen todo lo que se les da la gana, porque están en infracción porque mataron a dos niñas y no saben cómo hacer para salir de esa situación, entonces se valen de la mentira de la difamación. Este sistema es así. Nosotros no tenemos armas, no tenemos nada acá. Tenemos perros que tienen que estar ladrando y  nosotros no nos animamos ni a salir afuera porque también es peligroso”, describe sobre la situación que viven en la soledad de la chacra, a pocos metros de la frontera con Paraguay.

Doña Mariana vive allí con dos de sus hijas y diez nietos de entre 3 y 12 años. Si bien dice no haber tenido problemas desde que se radicaron en el lugar, admite que ahora ya no se sienten seguras y que les preocupa la seguridad de sus nietas y nietos.

“Esa es la preocupación porque estamos casi en la frontera, necesitamos esa seguridad para seguir acá porque allá es imposible nuestra vida. Cada día está más pesado, todo está más criminalizado. Yo no nací para la guerra, nací para la paz. Esa son las ideas, los fundamentos de nuestra lucha, la vida, la naturaleza” expresa.

Exhumación

Recién el sábado 5 de septiembre la jueza Lici Sánchez autorizó la exhumación de los cuerpos de Lilian y María Carmen, a pedido del fiscal Federico Delfino, para confirmar su identidad.

Las menores habían sido identificadas por el Registro Nacional de las Personas de Argentina, en base a las huellas dactilares remitidas por autoridades paraguayas y ya se habían exhibido también sus DNI y partidas de nacimiento. Sin embargo el Estado paraguayo siguió dilatando la entrega de los cuerpos a la familia Villalba, poniendo en duda la identidad y la filiación de las niñas.

Los cuerpos fueron remitidos a lo morgue judicial en Asunción y allí se le tomaron muestras para hacer un cotejo de ADN. El médico forense Pablo Lemir, a cargo del procedimiento, admitió luego a la prensa que las niñas no tenían más de 11 años. La versión oficial se caía a pedazos pero aún así, la jueza Lici y el Fiscal Delfino seguirían violentando a la familia Villalba, al impedirle estar presente en el procedimiento en la morgue, de donde fueron echadas la abogada Irala, uno de los tíos de las niñas y hasta el Cónsul Argentino.

Los cuerpos fueron entregados finalmente y trasladados al cementerio de una comunidad campesina en San Pedro, pero el deseo de la familia Villalba es poder traerlos a Argentina.

“Yo de todo corazón pido por la repatriación de los cuerpos de las niñas, encarecidamente confío en las autoridades y tengo mucha fe y mucha esperanza que se va a poder hacer ese trámite”, ruega doña Mariana a las autoridades argentinas, quien anhela poder empezar a cerrar este capítulo de dolor y terror.

Muestra las fotos de sus nietas y las presenta:

“Acá está, esta es María Carmen. Nosotros le decimos Aurora porque el amanecer se ve esa luz, que brilla, que anuncia el nuevo día. Nosotros soñamos con el nuevo día donde pueda haber paz, donde pueda haber igualdad, donde pueda haber distribución de la riqueza, de la comida para todos por eso nosotros le decimos Aurora. Ella tiene 11 tan guapa, tan inteligente”, la describe.

Y luego muestra la otra foto: “Lilian Mariana, es una niña muy tranquila, muy alegre, sueño y extraño esas risas, esas travesuras que hacen cuando están jugando. Son niñas, juegan con sus primitas, las primitas están dolidas, lloran, no quieren comer. Son niñas argentinas. Son nuestras niñas…”

 

(*) Prensa ATE Misiones

Trabajo colaborativo entre el Equipo de Derechos Humanos, Justicia y Genero, prensa CTA Autónoma Misiones y Somos Parte.

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