Canal Abierto Radio | El proyecto se popularizó como “Impuesto a las grandes fortunas”, sin embargo, la economista Ana Rameri remarcó que “No es una reforma tributaria” sino más bien “una contribución por única vez para un grupo muy selecto de personas de alto nivel patrimonial”.

El informe “Impuesto a las grandes fortunas: ¿Quién paga la crisis?” del IPyPP detalla que este aporte abarca el 2 por ciento del patrimonio de unas 12.000 personas que poseen más 200 millones de pesos, es decir, 2 millones de dólares. De esas personas, solo 300 personas pagarían la alícuota más alta que es en torno al 3 por ciento, para los bienes que tienen en el país, y en caso de que tengan bienes en el exterior las alícuotas aumentan.

Con el aporte, se podría ampliar hasta un 1,2 por ciento del PBI. El hecho de que ya se haya fijado el destino de los recursos hacia el refuerzo del sistema sanitario, el relanzamiento del Progresar, la urbanización de barrios y la producción de gas natural, “es un paso importante para empezar a limitar la rebelión de los ricos, porque esto es lo que está de fondo: los ricos en argentina dan poco y nada” indicó Rameri.

“La CEPAL calcula que el 10% de la argentina acapara el 70 por ciento de la riqueza y tributa por su renta disponible en torno al 8 y 9 por ciento, y estos datos son previos a la reforma fiscal de Mauricio Macri que redujo aun más los tributos y las alícuotas, lo cual estamos hablando que básicamente la riqueza en Argentina está desfiscalizada. O sea que cualquier discusión que tenga que ver con pensar en un reordenamiento del sistema tributario va a tener que poner en el centro el tema de las declaraciones de los fiscos” subrayó.

En otros países como Francia, Inglaterra o Japón, las alícuotas llegan al 50 por ciento mientras que aquí están en el 35, “y lo pagan los trabajadores”. Mientras tanto, las grandes corporaciones “terminan evadiendo una buena parte del excedente generado hacia el exterior, a favor del ultra enriquecimiento de sus propietarios”.

La Coordinadora del IPyPP remarcó que en el informe, derriban dos grandes mitos relacionados a que “el gasto público es muy alto en la Argentina” y que “la presión tributaria ahoga la inversión y el crecimiento económico”, porque las estadísticas de organismos internacionales “indican que el gasto en Argentina está en línea con los de muchos otros países y la organización central (sobre el PBI) está muy por debajo”.

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